¡ OJALA LOS LEAS ¡

Así le dijo Arrate a Piñera en el último foro. Y esa imagen quedó dando vuelta y más vueltas…nadie hizo mucho caso a ese lance verbal. Con esa frase Arrate le decía que había escrito varios libros sobre una materia…hasta ahí es lo que puede decir cualquier profe a un alumno reticente a leer libros completos. Pero quizás existe una constelación de imágenes, que a modo de hologramas, pudieron ser leídos en ese corto instante y que mostraron una lucha soterrada que viene de hace muchos años en nuestro país. Es la disputa no resuelta entre el campo de los intelectuales y el campo de los mercaderes…o de los empresarios como les gusta autodenominarse.

Quizás tuvo su origen a mediados del siglo XIX, cuando Andrés Bello en el discurso de instalación de la Universidad de Chile, señaló ante una audiencia de muchos agricultores, que todas las realidades siempre se tocaban. Es posible que la mayoría absoluta de esa asamblea no entendiera nada. Y allí quedó planteado un conflicto no resuelto hasta hoy y que quizás sea insoluble: el campo del poder mercantil sospechará para siempre del campo intelectual. Porque de alguna manera intuye que no teniendo ni las ganas ni la fuerza para leer libros completos, es posible que más de alguna idea subversiva se cuele por entre medio del boato de una presentación televisiva o de una clase en alguna universidad perdida en los confines de este largo y angosto país. Porque Andrés Bello, en la Universidad de Chile, instaló la facultad de teología, pero también la de Humanidades y desde ese momento la ciudad letrada no fue siempre y permanentemente dócil al poder de los hacendados del valle central.

Entonces ese… ¡ojala los leas ¡… resonó como una cachetada en pleno rostro. El mundo de los libros y de las ideas, es el mundo al cual nunca accederá el poder. A lo mejor lo hará instrumentalmente, cuando pergeña una par de ideas e instala la ideología de seguridad nacional o cuando rinde pleitesía servil a Friedman o Hayeck. Pero de manera sistemática, el poder de la hacienda en Chile no se ha llevado bien con el campo cultural de los intelectuales. Estos siempre les han sido refractarios y con ello, se vengan sistemáticamente de aquellos que no leen libros completos. Por un instante advertí otra imagen: la posibilidad de que Piñera nunca quiso ser el creador de las Tarjetas de Crédito made in Chile y que a lo mejor quiso escribir libros …¿Podría ser?

Alejandro Diaz

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