Ysidro romero, vesino y povlador en el siglo XVIII de Coelemu.



“(O la disputa entre la política de pueblos coloniales y las pueblas campesinasdel bajo pueblo mestizo, ¿gobernanza o gobernabilidad?)”[1]
Los nuevos tiempos  de la colonialidad, aquella que ha sido tan manifiestamente  alabada por los panegiristas de los Borbones, estaba llegando a los campos en donde, por lo menos, desde  hace 150 años, se habían asentado los mestizos labradores del bajo pueblo del Biobío Maulino. Es decir, de la inmensa mayoría que habitaba y había construido los lugares de sus territorios. Al borde del  Rio Itata, al norte de Concepción, se asentaban miles de labradores por ambos márgenes del rio. Allí, desde hacía por lo menos veinte años, se había asentado Joseph Romero y había construido su rancho pajizo y es probable, que a poco andar, las mejoras hubieran dado para colocarle tejas y adobe a las paredes.
Los nuevos pueblos del orden colonial estaban siendo trazados a punta de cordel, ley y amenaza de expropiación de chácaras. Es decir, junto al alarife, actuaba el jefe de tercios disponible para distribuir solares y medir las varas de suelo asignadas. Pero aquellos pueblos se instalaban ofreciendo tierras a condición de instalar casa poblada en la cuadricula de las villas. Es lo que había estado aconteciendo en Coelemu, desde hacía algunos años, y desde mediados del siglo XVIII. Allí se había asentado Joseph Romero. Joseph Romero, padre de Ysidro Romero, había sido uno de los primeros y antiguos labradores que decidió a sentar vida propia y abandonó, seguramente, sus oficios de tercio o peón de encomienda, en los vados de Cauquenes y se las hecho para el Sur. Ese sur, eran las tierras regadas del Itata y en donde todavía había espacios y tierras que se podían trabajar y hacia allá encaminó los pasos, con los monos al hombro. No fue el único. Muchos marcharon a la tierra de la Frontera, desde todos los lugares y pocos poblados del  país del norte y del país del sur. Por el camino encontró mujer, parece que mestiza o india de la cercana Cobquecura. No pregunto más. Se habían juntado y así no más fue la cosa. Después, llegó el cura y los bendijo. Así no más. Al final del tiempo, los contaron a todos como españoles y como español y allí mismo  construyó su rancho. Vinieron los hijos y entre las parras y el trigo, subsistió en buena vida, en orden y obediencia del Rey, que le dijeron que existía por allá por España, de donde venia su bisabuelo. A todas luces en esta parte de la frontera, y desde el mestizaje del bajo pueblo, se estaba creando la versión biobense maulina de un labrador mestizo orientado a la campesinización y por tanto a la construcción de una clase social como grupo viviendo juntos. En el Itata, como en decenas de lugares del Biobío, los labradores estaban creando una clase social diferenciada por una identidad: un campesinado labrador, proveniente del mestizaje, que auguraba y construía autonomía[3]
Hacia algunos años que Joseph Romero estaba sepultado en la capilla del curato de los padres jesuitas. Hacia allá partían cada mes  de mayo, a rezar el rosario y recordar las  andanzas y el mate cebado, que en el fogón, compartieron muchas veces toda la familia Romero. Allí, también estaba la Christobalina, su hermana chica y su madre de rostro moreno, que tostaba el trigo con semblante pétreo. A veces esbozaba sonrisas y pronunciaba extraños rezos, que no eran los cristianos. De su abuela los había aprendido, decía, pero se mostraba enigmática para seguir contando. El viejo Joseph Romero la miraba cuando entraba en esos trances y se sonreía por debajo. Por ello, es que cuando supo que las tierras heredadas por su hermana, habían sido asignadas para un extraño, en compensación por otras arrebatadas a un tal Juan Saavedra, por el Teniente Coronel Francisco Vejar, las lágrimas de impotencia corrieron por el rostro. Ysidro, dejando las tareas de la siembra, concurrió a la Justicia de la vecina Quirihue a reclamar por el despojo de la chacra:[4]
“Sor. Corregidor. Y Juste. Mon.  … Ysidro Romero como uno de los coherederos legítimos de mi difunto Padre Joseph Romero ante Vm comparezco y digo que después de su fallecimiento de mi hermana Christovalina Romero dejo esta una hija de edad de dies años… a cargo y hallándonos con mi difunto Padre en nuestras labranzas… posesión de veinte y cinco cuadras de tierras medidas…  llamadas el paso sabroso que fueron en aquel… Repartimiento de la Villa … de Coelemu dadas a la dicha mí hermana sin el menor tropiezo ni consideración, a verlas por nuestras partes gozado a más de veinte años como consta a todos los Señores vesinos y povladores (…)”[5]
Ellos son vesinos y povladores, pero de los antiguos. De esos que llegaron junto con el padre de Isidro o antes y que encontraron en las tierras del Itata un lugar de sementeras para comer y vino para comerciar. Por el Itata ascendían hasta las tierras de indios y con ellos intercambiaron yerba y ponchos, trigo y piñones, algunos hierros y ovejas, papas y maíz y por supuesto que en ese tránsito terminaron conociéndose y por ahí muchas parejas se armaron y se asentaron en las orillas de las tierras del Itata y germinaron mas parras y se sembró mas trigo. En esos lugares se paraban los cuatro palos de la rancha y se hacían propietarios y años más tarde, con caballos y animales, se enfrentaba la vida del año, con sus veranos e inviernos muy largos, y cuando algo no se daba o caían las pestes, otro menesteres paraban la olla de fierro, aquella que se igualaba a la de los mapuches, porque eternamente permanecía en el fogón, siempre dispuesta para las meriendas o para el sancocho de los piñones. Cuando llegaban junto con los indios pehuenches, en el mes de marzo y abril, allá en Confluencia, donde se junta el Itata con el rio Ñuble. Cerca del pueblo de indios de Quinchamalí. Allí, todos los años en la feria, el trueque también era ramada y mucho vino y más ramadas.
Pero Isidro tiene un enemigo, que ha caído como maldición por el lugar. Se arrastran tras él, todas las maldiciones de la ciudad. Viene con armas, lee y escribe, es amigo del cura y posee a su arbitrio la justicia. Y por sobre todo, viene de Concepción, en donde todos viven apretados reducidos a casa junta. Y es militar, que manda más que el Corregidor, porque manda a ras de piso, dicen los que saben en el lugar y en el pueblo. Pero Ysidro  no le tiene miedo. Nunca su padre les enseño la cobardía ante los poderosos. Y reclama:
“(…) (las tierras)  me las ha quitado por Don. Francisco Marques quien solo fundado en la Justicia que administraba y sus intereses particulares fines, ha hecho pago de dichas nuestras tierras a Juan Saavedra por otras mismas que le quito al dicho. Saavedra Don Francisco Marques, por lo que es fuerza de mí justificada… y probada pido a Vm… Se me Responda en mí posesión de mis dichas tierras en la misma forma que me hallaba en dichas por ser uno de los pobres… y por los dones de dicha villa desde su primer principio (…)”[6]
Ysidro se declara pobre, pero también argumenta que es antiguo en la villa y por tanto poseedor de los “dones” y con ello está invocando en medio de la “borbonidad centralista”, quizás, algo  de los fueros juzgos, de vasta relevancia en la lejana Aragón y cuyo últimos arrestos fueran vencidos por el centralismo de la corona. En aquella guerra que ganara Felipe V, el padre del actual Carlos III. Pero el invocaba los dones de la villa  de ocho o nueve siglos atrás, después que los sistematizará Alfonso X. Pero esos fueros o dones, estaban todavía aquí,  en el último lugar del Imperio Español, pataleando su gobernanza, en boca de Isidro para defender sus cuadras de tierras, de chácara y viñas.
Pero ya hacía rato  que los Borbones, el jesuita Villarroel, José Perfecto de Salas, Manso de Velasco y otros habían legislado en nombre del Rey: los labradores deben reducirse a pueblos, so pena de perder sus chácaras. Y Francisco Marques, que sabía esto, porque él era el tiralíneas y planificador urbano de la villa, responde con la versatilidad de la juridicidad autoritaria colonial que lo avala, para hacer de mentira verdad. Primero, dice que bien pudo ser así  y que las tierras se las asigno a sí mismo:
“Sor Corregidor. Y Jues de resida.  El Teniente. Coronel Don. Francisco en la mejor forma que ha lugar y respondiendo al traslado que me dio de la maliciosa demanda de Isidro Romero ante comparezco y digo que de las tierras que por superior Providencia se asignaron en la Erección de la Villa de Coelemu para distribuirlas entre los Sugetos que en ella se poblasen con las condiciones y circunstancias que en el Capitulo respectivo a este asunto parece en los de la citada erección dice el enunciado Romero le cupieron veinte y cinco cuadras y que hasta que yo me las asigne a mí como uno de los Enunciados Pobladores y de la mayor recomendación las gozó y poseo Christobalina Romero su hermana, bien pudo ser así (…)”[7]
Pero al igual que lo harían las leyes republicanas, 100 años más tarde, cuándo se “reducen” las tierras mapuches de Biobío, Malleco y Cautín, las leyes de Poblaciones de la Colonia también operaban reduciendo las tierras que no eran del Rey. Y así lo había hecho el dicho Marques, en Coelemu. Evidentemente, a lo mejor, estaba llegando tarde a América y estaba deseoso de conquistar su futuro y para ello, había entrado a operar en las fronteras interiores de la gran frontera del Biobío. Es decir, allí donde podía ejercitar su pedestre, pero efectivo poder de instalador de poblaciones, mandatado por el poder colonial de Concepción. Y allí había encontrado las veinte cuadras de Christobalina, hermana de Ysidro y seguramente se vio como terrateniente en el futuro pueblo o ciudad de Coelemu. Nunca se sabía cuándo alguno de los poblados podía convertirse en ciudad principal y él sería su fundador. Pero para eso necesitaba tierras. Como decía Pedro de Valdivia cuándo le llevaron el oro de Quilacoya, ahora me puedo llamar Señor, también Francisco Marques pensaba, que cuando tuviera las cuadras de Christobalina, podía efectivamente llamarse Señor. Señor de Coelemu, no era un mal nombre. O “Marques de Coelemu”, para aprovechar el apellido Pero ahora tenía que resolver y disolver los argumentos de Ysidro y sus remembranzas añejas de fueros ciudadanos. No, acá la ciudad era y sería de los señores. Ese era el futuro. O esa era la disputa que se venía, porque a lo mejor muchos Ysidros, aparecerían en el futuro. Y por ello, comienza su operación leguleya de decir si,  pero no:
“Pero, atendiendo a las prevenciones de la sujeta, materia es de advertir que la asignación que se hace de la porción de tierras prescripta a cualquier Individuo es con condición precisa y forzosa de que fabrique casa en la traza de dicha villa de tal modo que si ésta no se cumple, queda noticioso y sin efecto el señalamiento y las tierras que comprende, se deben consignar a otra cualquiera persona que pueda y pretexte cumplir con el esencial requisito de ubicarse y situarse en ella (…)” [8]
Claro, recordemos que la normativa de Amat y Junient, el “Borbón Chileno”, junto a “Salas, el Perfecto”, habían hecho la ley con trampa y garrote: o te vas a la villa o se te expropia el terruño en donde estas aposentado. Y Christovalina no se había ido y por ellos perdía pan y pedazo. Un solar imaginario en Coelemu y sus reales cuadras de tierra de chácara productiva, que eran las que había entregado el tal Marques  a Saavedra, por otras que él le había robado. Por ello decía, con la mas presumible inocencia, de quien solo aplica las leyes que son iguales para todos, como diciendo ¡respetemos la institucionalidad de la civilización! ¡Respetemos el orden para que de una vez por todas el concierto de las naciones nos reconozcan como ajenos a la barbarie ¡ !Por  todo ello y más, impetraba y explicaba desde la lógica colonial:
“Es constante que la expresada Christobalina nunca se ha poblado en la villa conforme… y era obligada en fuerza de la asignación de tierras que se le hizo con este fin: Luego es preciso conceder que aquel señalamiento quedo frustranego[9] y noticioso y sin efecto y consecuentemente retrotraído a su primer estado para poderlo verificar en la persona que más convenga al adelantamiento de la población. Así se practica generalmente en todas las Modernas villas, o Ciudades (…)”[10] [11]
Así es. Así era. En todas las ciudades y modernas villas se hacía así. Por lo menos en la colonialidad española era la norma urbana. Cosas distintas acontecían en el lado norte de América, con pueblos que se hacían a sí mismos y que años más tarde ensalzaría Alexis de Tocqueville. Pero acá, en un contencioso jurídico, los señores arrebataban tierras a campesinos utilizando la Gramática de Nebrija y todos los códigos de la juridicidad de los Borbones, que elaborados en Madrid, servían para la boca del Itata, en los campos de Ysidro y su familia. Y por  ello “Francisco, el Marqués de Coelemu” se unía alegremente a “Amat el Borbón” y a “Salas El Perfecto”, para esquilmar a Christobalina de sus tierras. Ysidro el labrador ¿Qué podía argüir ante la batería de proyectiles que le daban en el centro de lo que él consideraba sus derechos? Solo remembranzas de las siete partidas de Alfonso El Sabio. Pero que indudablemente no se ajustaba al Derecho colonial de los Borbones, que por boca de Francisco Marques, decía implacablemente que:
“Se limita esta circunstancia de tal suerte, que si dentro de la asignación no (se) verifica la construcción de casa para ubicarse en el lugar, por esta misma omisión pierde derecho a las tierras que había adquirido, cualquiera sujeto a quien se le había echo aquella merced: de esto se infiere que no habiendo cumplido la referida Christobalina, con ésta necesaria condición en ningún modo pudo adquirir dominio, ni propiedad a las tierras que demanda el pretendiente y que puede lícitamente consignarlas a otro Poblador de la enunciada villa(…)”[12]
Impecable. Como decíamos. Si no te fuiste a la villa, no solamente perdiste tú solar en ella, sino que también, las tierras en donde vivías. Impecable colonialidad. Derecho colonial aplicado a labraderos mestizos del bajo pueblo del Itata. Pero para que no se tenga la opinión equivocada de que este derecho era brutal y represor, se añadía casi para educar al pueblo, una frase pedagógica:(…) Si le asistía algún derecho bien pudo representarse en tiempo oportuno (…). Es decir estaba fuera de plazo. Pudo haber tenido derechos sobre sus tierras, pero el tiempo colonial era uno para todos. Se había atrasado. De alguna manera la demanda había prescrito. Pero había mas ¿Qué se proponía Ysidro con esta demanda? Pues estaba claro: injuriarlo por la influencia de sus enemigos (….) pero, solo, en la presente ocasión por influjos de mis enemigos lo hace años Vm. sin más idea que la de mortificarme (…) Y ahora era una víctima mortificada y además presa de una conspiración. Y además estaba la iglesia, actuando de manera indirecta en su favor porque (…) el Juez agrimensor del obispado Don Isidro Silva midió y deslindó las tierras predichas (…)
“Con lo que llevo alegado queda… A vm. pido y suplico se sirva haberme por respuesta y con presencia de mis Justas razones declarar no haber lugar a la instancia que sin merito forma contra mi Isidro Romero e imponiéndole perpetuo silencio condenarle en costas que así es Justa (…) Franzco. Marquez”.[13]
Pero si creía Ysidro que esos eran todos las embestidas que la colonia le tenía destinado, se equivocaba profundamente. No sabía Ysidro lo que era contradecir o alzarse en contra de los representantes del Rey en las tierras del Biobío. No sabía Ysidro que  otras cosas podían argüir en contra él, los representantes de la justicia colonial. Y lo supo de manera terminante. Porque Francisco Marques le iba a descargar todo el peso de la legalidad y el peso de su propia humanidad española, que era evidentemente distinta  a la humanidad mestiza de Ysidro, Christobalina que había fallecido, de su hija Luisa y de su marido Josef Godoi :
“Sr Corregidor. y  Jues de Recida.… El teniente. Coronel. Don Francisco. Marques en los Autos, que insta Isidro Romero sobre la pretensión de la chácara, que supone pertenecer á  Christobalina Romero su hermana, en la mejor (…) de derecho. Ante Im. parezco, y Digo, que el citado Ysidro no es parte en este Juicio, pues habiendo fallecido su hermana Christobalina dejando por su heredera a Luisa su hija, que hoy es casada con Josef Godoi, es cierto, que todos los otros, y acciones de la citada directa por vía de sucesión recayeron en la enunciada su hija Luisa, y que Ysidro no tiene el menor merito para representarla, ni hacer personería por ella, en cuyos términos se ha de servir declararla por no parte, y por intruso en esta demanda, condenarle en las costas imponiéndole perpetuo silencio sin que se le admita mas escrito en la materia antes de legitimar su persona como parte en esta importancia(…)”[14].
Ysidro alegaba por intruso. Y había de condenársele a perpetuo silencio. La palabra de Ysidro debía ser silenciada a perpetuidad. No solo no se le debe aceptar ningún escrito, que es la palabra contestaria, sino que debe desaparecer por intruso. Molesta al dominador y Francisco Marques resiente ese hecho. Las tierras usurpadas, parece que ya hace rato están en poder de Saavedra y él ya está en las suyas, o sea en las que eran de Saavedra. Debe haber silencio de una vez por todas, reclama el “Marques de Coelemu”. Y por su espíritu hablan los otros dos: Amat de Junient y Salas. Al fin de cuentas los argumentos que esgrime Marques,  son los de ellos.
“Y sin que se entienda contestándole, vía informe en el asunto, Im. se ha servir considerar, que. la información presentada carece de verdad y padece varias nulidades como… exponiendo; primeramente, la citada Christobalina no ha comprado tal casa a Josef Saavedra pues la que de esto habitó algunos días, fue prestada, o alquilada, y bajo el pretexto de propiedad. se graduó de pobladora para imputar con fraude la merced de la Chácara pretendida, y habiéndola alcanzado volvió la casa a su Dueño, y se retiró á poblarse en dicha Chácara, sin hacer en la Villa personal asistencia, ni cumplir en manera alguna con las consuetas de su erección, como tengo expuesto en mi anterior escrito, y finalmente en justificación de esta materia debían presentarse por la parte legítimamente la escrita de la venta de la casa citada (…)”[15]
Marques, reconoce aquí,  que la política de poblaciones que él trata de implementar, está teniendo graves problemas de aceptación. No solo no se reconoce su necesidad, sino que los labradores han encontrado miles de subterfugios para evadir los procedimientos represivos para constituir pueblos por la fuerza. Christobalina había ido y vuelto a la urbe que creían estar constituyendo las autoridades coloniales. Por nada del mundo quería estar reducida a pueblo y como no quería ni debía perder su chácara, fue y volvió. Es decir, hizo como que aceptaba y como que entendía los superiores intereses de la corona y estuvo en los andurriales barrosos, del campo de Coelemu, que decían que era pueblo civilizado. Y como lo había planificado, estuvo unos días y se fue o sea se devolvió a su terruño a campo traviesa, con chácara, viña y huerta. Es decir, casa como Dios Manda y no ese  apretujamiento en sitios chicos sin quinta y sin poder tener los animalitos que ella tenía en el campo. Había cumplido como miles otros lo habían hecho en los otros pueblos manufacturados vía decreto colonial. Por eso, Amat, los fundaba con muchos habitantes y los registros posteriores los encontraban casi desocupados, a excepción del cura y del fortín que casi se derrumbaba y que hubiera dejado de existir, sino fuera porque algunos de los soldados se habían transformado en activos pasadores a trueque y el pueblo era también un lugar de contrabando con los indios del otro lado del Biobío.
IMAGEN 20: Trehuaco en el valle del río Itata.[16]
Evidentemente los labradores mestizos habían encontrado más de una manera de eludir a la justicia y las leyes de la colonialidad y en muchos sentidos, habían formado un partido clandestino de informalidad de habitus, costumbres y procedimientos para simular estar de acuerdo, pero evadir en miles de formas la gobernabilidad que se les pretendía imponer: La política, como modo de resistir, porque se está mejor de lo que las transformaciones anuncian, pareciera estar presente en más de una forma en los conciliábulos de los labradores campesinos de esta época.
“En la Villa del Dulce Nombre de María de Coelemu, Jurisdicción de la Provincia de Itata y en Veinte y Cinco  días del mes de Junio de mil Setecientos y ochenta y dos. Ante mi…  en virtud de la Comisión  a mí Conferida por. el Sr, Corregidor de Ella presento la presente de Isidro Romero por testigo para la Información que tiene ofrecida a don José Lobato Vecino de esta dicha de Coelemu de quien recibí Juramento que lo hiso por Dios Nuestro Sor. y una señal de la Cruz en forma y conforme a derecho So cuyo cargo prometió decir verdad y exigido Dijo que sabe y le consta que Christobalina Romero compró en  esta dicha Villa una casa a José Saavedra y que sabe y le costa que el Corregidor Don. Diego Freyre en virtud de pobladora le dio una chacra en las tierras asignadas a esta Villa llamada el paso Sabroso y que le consta que dicho Corregidor  le dio posesión en ella y que igualmente sabe que sembraron por parte. de dicha Christobalina y su Padre… en dicha Chacra y que igualmente sabe que tuvo población en dichas tierras y que sabe y le consta que José Romero padre de la dicha fabricó casa en esta Villa y después le dio Chacra la difunta sin dependiente á la que se le había dado a la parte dicha Christobalina Romero y que esta es la verdad y lo que sabe bajo la solemnidad del Juramento que tiene hecho en el que siéndole leída su declaración sea firme y ratifica y lo firmo presentes testigos con quienes acuso por mi y ante mí a falta de Smo. de que doy fe (…). Joseph Lobato (…) Por mi y ante mi Antonio Domínguez (…)”[17]
Aquí aparece un testigo autorizado rebatiendo al Teniente Marquez y este no es cualquier testigo. Está a cargo de la compra del  tabaco y ante el circulan muchos de los labradores del corregimiento. El tabaco es fuente alternativa de subsistencia y ya se ha organizado una trama comercial en torno a este. Pero parece que no es registrado acuciosamente, por cuanto no aparece en magnitudes apreciables, como lo vamos a ver en el apartado respectivo. Lobato ratifica lo dicho por Ysidro y da fe de sus dichos y por tanto se le pone complicada la tarea al Teniente planificador de ciudades y expropiador de terrenos. Por ello, acomete el mestizo labrador con toda la fuerza de quien siente que alguien ha acogido sus demandas. De algún modo, la solidaridad de los lugareños está tras él y en las palabras de sus próximos párrafos judiciales de defensa, se trasunta una solidaridad orgánica de otros que han hecho causa común con él. Habla por él, pero al parecer lo hace también por otros:
“Sr. Corregidor y Juez de Residencia. Isidro Romero, vecino. de la Villa de Coelemu, Partido de Itata, en los Autos que promueve el teniente Coronel Don. Francisco Marquez sobre el violento e injusto despojo que hizo a mi parte de la chacra de propiedad y posesión en la Jurisdicción de dicha Villa, y sitio que llaman el paso sabroso; y demás deducido; respondiendo al traslado que Vmd[18] se ha servido conferirme, digo;  que Justicia mediante se ha de servir vmd desatender y desestimar las razones que expone mi contraria, por infundadas, e  insuficientes, y por incapaces de fundar el derecho que pretende, ni sanear lo injusto y siempre punible de su hecho; y a su consecuencia mandar me devuelva las tierras usurpadas, resarciendo los daños y perjuicios que me ha causado, que ser todo de Justicia por lo general del derecho (…)”[19]
Ya no va a callar Ysidro. Se recoge en la noche de su rancho, en el camastro, que ya tiene sabanas, pero que también guarda algunos cueros de tiempos antiguos,  y piensa lo que va a decir y lo que dijo en el párrafo anterior. Pero también en todo lo que piensan los que han sido despojados de algo que legítimamente les perteneció. Piensa en los años de frio y de sudor para parar los ranchos, hacer los cercos, como cuando el siendo gueñi, como le decían los indios, arrastraba los azadones para ayudarle a su padre Josep Romero a estacar los cercos y en cómo le ayudaba el indio Nahuelpan y porque siempre  se acuerda  que su abuela trataba con especial cariño a Nahuelpan. Y lo mucho que se enojaba la abuela, cuando hablaban de los indios ladrones. Y como entraba en mutismos y rezos que solo ella entendía.
IMAGEN 21: Rancho de adobe y tejas en Trehuaco[20].
Ysidro recordaba eso y por ello no iba a cejar en la defensa de las cuadras de tierra que habían sido su hogar y debían ser el hogar de sus sobrinos, los legítimos nietos de Christovalina, su hermana. Por ella y su padre, debía defenderse, Y lo hizo:[21]
“Y porque los fundamentos en que estriba su pretensión son al todo ruinosos, pues no pudiendo probar que las tierras sobre que se litiga, no me sean mías propias, sin embargo de que se le cediese la posesión y goce a mi hermana Christovalina, sin darle la propiedad, recurre al subterfugio de si pobló o no pobló, si compró  casa o no compro, y lo demás que abulta de semejante naturaleza, cuando sabe, como saben todos, y yo tengo alegado, que hay muchos a  quienes se han repartido tierras y están en el goce de ellas, sin haber poblado, ni hecho casa en la Villa; lo que comprueba la injusticia de su hecho; pues caso de ser esta pena de la no población, debiera igualmente haber despojado de sus tierras a los demás que no han poblado, como iguales en el mismo delito, lo que no ha  ejecutado por qué no son de la miserable condición que yo, y desde luego le hubieran hecho frente a sus injusticias (…)”[22]
Aquí está la cuestión más importante del alegato de Ysidro, el Labrador. Advierte la discriminación por ser de “miserable condición” y señala que estando otros en la misma condición de desacato frente a las directivas de poblamiento, no han actuado con ellos de la misma manera,  porque éstos se le habrían opuesto a las injusticias. Miserable condición e injusticias son las cuestiones centrales que Ysidro reivindica y lo hace alegando la principal injusticia que el advierte: que no exista un trato igualitario para todos, Y esto es una reivindicación política en toda la largura de una apreciación diagnostica y de la acción reflexiva que Ysidro desarrolla: la de no dejarse someter frente al  hecho injusto. A pesar de que su hermana Christovalina haya muerto. El alega en  nombre de la hija de Christovalina y de su marido. Y por ellos y por todo lo que ello representa, no cejará en su demanda. Como es observable, Ysidro no calla y no está en silencio perpetuo como hubiera querido Marques, el de Coelemu. Marques está siendo derrotado estratégicamente y con el, Amat de Junient y también todo el linaje de los Salas, creado por José de Perfecto. Acá, en las profundidades de las orillas del rio Itata, entre bosques, sembradíos, plantíos de tabaco y muchas, muchas parras, ha emergido una rebelión de los de miserable condición. Pero lo hace con autonomía y conciencia de su valer.[23]Y como toda rebelión, con rabia, expele los argumentos demoledores para la colonia, la colonialidad y sus tinterillos de poca monta:
“Pero dado caso que por este subterfugio, y mero pretexto, le debiese cargar la pena a mí hermana, a que viene el otro subterfugio de que yo no represento persona, sino su hija Casada. Y si esta tiene el derecho, porque  titulo la privo de él la contraria. Lo cierto es, que hay tierras sean mías o de mi sobrina están usurpadas; y que represente mi acción, o la de mi sobrina, nada hace para  que deje de comprobarse el violento e injusto despojo de dicha tierras; cuando igualmente está plenamente comprobada la legítima propiedad de mi parte en dichas tierras, y la posesión y goce, no solo por la información  que tengo presentada, sino por el dicho común de todos los vesinos; y finalmente el ningún derecho que tiene don. Francisco Marquez para hacerlas suyas y canjearlas, con infracción de la Justicia, en el tiempo que más debía administrarla (…)”[24]
El dicho común de los vesinos  es  una fuerza que comienza a usar la defensa de Ysidro ¿está solo en esta pelea? Al parecer no. Algunos otros se le han unido, al parecer. Las palabras ya avanzan a nuevos derroteros de justicia y todo hace suponer que los argumentos ya están siendo socializados en el pueblo. Las resonancias ahora son de otro tipo y hasta es posible leer algo de Rousseau ¿habrá algún francés, de esos que se escondieron en los cerros para escapar a los decretos de expulsión de los gobernadores demasiados celosos de las normativas del Virreinato? Coelemu está más cerca de Cauquenes y allí se asentaron muchos y los barcos franceses en la costa son presencia habitual ¿acaso no se demoran mucho en avituallarse de agua y carne? ¿Contagio de clima cultural pre revolucionario francés en 1782 en el Itata? Porque la argumentación discurre por derroteros francamente políticos y ello solo hace suponer que el labrador Ysidro Romero ha organizado una buena base de apoyo. Arguye con ironía la defensa de Ysidoro ¿o es Ysidoro? : será que don Francisco se cree aquello que es voz populi en Coelemu acerca de que  (…) el Común de la Población (…) comenta con sorna que pretende que se (…)  chupe todas las tierras de los pobres, y se quede el solo  haciendo la población;(…)[25]y desde esa ironía se apela  a lo que la defensa da por sabiduría universal: (…) la razón de Población son los que deben decidir, pues todos conocen lo importante, interesante y preferente, y a qué fin se dirige la preferencia e importancia (…)[26]  Y finalmente le dice al Corregidor en forma admonitoria (…)[27]. Pobres poblaciones, donde se observase la detestable política de mi contraria, serían siempre unas congregaciones de pobres, esclavizados por la tyrania del que a su costa se quieren hacer poderosos.(…) Ya  es una propuesta política de denuncia y supone que los labradores mestizos del bajo pueblo campesino de Coelemu, hace mucho tiempo que han avanzado en los contenidos morales y ético políticos de su existencia y así se lo hacen saber al Corregidor, vía la defensa de las tierras de Christovalina. Y le señalan bien a las claras que no olvide que (…) Lo cierto es que el fin de las poblaciones es aumentar los habitantes con la Equidad de la Justicia distributiva para que a proporción de sus fuerzas trabajen en el aumento de la Población, estos pobladores (…)[28]. Esto no le había ocurrido a Amat, el Borbón de Chile o a Salas, el funcionario: el que los asistidos beneficiarios  povladores  de Coelemu resultarán enmendándole la plana, respecto de los contenidos políticos últimos de cómo se construye una población y a qué principios se debe responder: (…) El Esplendor de las poblaciones, se granjean y adquiere,  por la fidelidad,  por el Valor, y por el trabajo de sus individuos, como que por estos se adquiere el verdadero merito y utilidad, que son los que verdaderamente contribuyen al esplendor;  y este, de ningún modo lo adquieren las poblaciones por un …  sujeto que lo usurpe todo, y quieran levantar su caja con ruina de las ajenas.(…)[29]
Aquí, quien lea estas fuentes, tiene bien poco espacio para seguir desarrollando una narrativa histórica construida. Ya el sujeto histórico de estas fuentes se ha apoderado de su voz y con plena autonomía ha vuelto a convertirse en sujeto en el tiempo presente y  puede  hablar sin intérpretes. Por tanto, ante ello, solo se puede callar y escuchar el final de su alegato:
“Por todo lo cual A. Vmd. pido y Suplico, que habiendo por respondido al traslado, se sirva proveer como llevo pedido, mandado a Don. Francisco Marquez me restituya las tierras de mi chacra y declarándole por injusto poseedor de ellas, desatendiendo sus capciosos subterfugios que no se dirigen a otra cosa que a obscurecer con el velo de la malicia la verdad de mi Justicia, y a mi Derecho; imponiéndole perpetuo silencio, con lo demás que Vmd halle de Justa. Para derecho, en cuya forma juro no proceder de malicia (…) Ysidro Romero (…)”[30]
Que por una vez se imponga perpetuo silencio al poderoso.



[1] Para esta parte, se tiene a la vista, la contienda entre Isidro Romero VESINO y POVLADOR y la villa de Coelemu y el teniente Coronel Francisco Marqués en disputa por terrenos asignados de la traza de la villa de Coelemu. 465). REAL AUDIENCIA, 6171- Romero, Isidro.- Con Francisco Márquez, por despojo de una chacra en Coelemu. (1782), En: Fondo de la Real Audiencia, Vol. 2181, Pieza 7, 16 fs. En adelante, la citaremos como R.A. Romero, Op. Cit., o Ibídem, passim.
[2] ¿Un rancho de adobe de aquellas épocas? ¿Un resto arqueológico del siglo XVIII? Foto actual de vivienda extraída de panoramio de Google Earth, a la altura de la desembocadura de Rio Itata y  el pueblo actual de Coelemu, el 22 de abril del 2011
[3] Al respecto Carmen Diana Deere nos señala: “Desde el punto de vista conceptual, la agricultura campesina comprende el segmento de la agricultura fundada en el trabajo familiar, donde la familia es el núcleo esencial tanto en el ámbito de la producción como del consumo. La estrategia familiar procura mantener o reproducir dicha unidad de trabajo y consumo, es decir, satisfacer las necesidades familiares y los requerimientos de la unidad de explotación, como también procura obtener los medios para responder a las exigencias derivadas de las relaciones sociales o institucionales donde está inserta. Desde el punto de vista de las formas de tenencia de la tierra en América Latina la agricultura campesina, reúne a propietarios de pequeñas extensiones, arrendatarios, aparceros o medieros, colonos poseedores de tierras de frontera, ocupantes precarios sin títulos de dominio, y asignatarios de unidades de carácter familiar en procesos de reforma agraria(…)”. DEERE CARMEN, DE JANVRY ALAIN, 1992, Marco conceptual para el análisis empírico de los campesinos, En: Agroecología y Desarrollo Nº especial 2/3. CLADES, P. 7.
[4] Nos dice Ginzburg: “Aún hoy dia la cultura de las clases subalternas es una cultura oral en su mayor parte (con mayor motivo en los siglos pasados). Pero está claro: los historiadores no pueden entablar dialogo con los campesinos del siglo XVI (además, no sé si les entenderían). Por lo tanto, tienen que echar mano de fuentes escritas (y eventualmente de hallazgos arqueológicos) doblemente indirectas: en tanto que escritas y en tanto que escritas por individuos vinculados más o menos  abiertamente con la cultura dominante. Esto significa que las ideas, creencias y esperanzas de los campesinos y artesanos del pasado nos llegan (cuando nos llegan) a través de filtros intermedios y deformantes” GINZBURG CARLO, 2008, El queso y los gusanos, El cosmos según un molinero del siglo XVI, Barcelona, Ed. Península, P. 12.
[5] R. A. Romero, Op. Cit.
[6] Ibídem, passim.
[7] Ibídem.
[8] Ibídem.
[9] Frustaneo o frustratorio s e refiere a todo aquel acto que tiene por objeto impedir el efecto de una obligación valiéndose de simulación, sorpresa o pretexto según el Diccionario General de España y Ultramar.
[10] ANRA 6171, Op, Cit.
[11] Imposible abstraerse de la resonancia presente de esta modernidad que esgrime Francisco Marques, cuando lo que aparece tempranamente en esta disputa, es precisamente el conflicto entre lo “moderno capitalista y lo atrasado campesino”. En este sentido será distinto para la legitimación de un sentido común de la sociedad global respecto de la cuestión agro-campesina que el análisis interpretativo discurra en términos como lo fijaba, por ejemplo Vio, cuando señalaba “la expansión del capitalismo en la agricultura latinoamericana ha significado una tendencia hacia la concentración del uso de la tierra, que ha encontrado resistencia por parte de los campesinos, los que se han organizado para defenderse bajo distintas formas, siendo una de ellas la movilización campesina (…)” En: VIO GROSSI FRANCISCO, Marzo de 1990, Resistencia Campesina, Santiago, Ed. CEAAL Centro El Canelo de Nos, P. 6. A como la puedan interpretar los sostenedores de la posición mecánicamente marxista de que éstos representan un modo pretérito al capitalismo destinado a la descomposición o a la descampesinización, posición que avanza desde la clásica interpretación de Marx, Engels, Kaustky  hasta los planteos de Lenin, en su también clásica interpretación del campesinado en Rusia. Desde ahí en adelante, las corrientes de interpretación se diversifican y desde la propia antropología y sociología se suscitan controversias respecto del carácter tradicional de la cultura campesina en la oposición moderno-atrasado o bien en la necesidad de incorporación a los patrones de la racionalidad de la modernidad. Naturalmente ni Ysidro, el labrador, ni Francisco, el Teniente, se sentían siendo parte de una disputa teórica de este tipo, pero estaban ya sufriendo los embates de la historicidad que alimentaría esa teoría.
[12]. ANRA, B6171, Op. Cit.
[13]Ibídem.
[14]ANRA., 6171, Op. Cit.
[15] Ibídem.
[16] El valle del rio Itata en inmediaciones de Trehuaco en  Coelemu, según vista de panoramio de Google Earth,  extraída el 22 de abril del 2011, foto autorizada de Isabel Crisóstomo.
[17] ANRA., 6171, Op. Cit.
[18] Vmd: vuestra merced.
[19] ANRA, 6171, Op. Cit.
[20] Rancho de tejas y adobe en Trehuaco, en las cercanías de Coelemu, imagen actual de panoramio, extraída de Google Earth el 21 de abril del 2011, Fotografía autorizada de Rodrigo Ceballos, quien relata que la casa pertenece a su abuela.
[21] Quizás debiéramos sugerir aquí que este labrador mestizo, ya es también un campesino y como tal establece su relación con la naturaleza y con su entorno configurativo social (…) .los productores campesinos no son solamente agricultores. Aunque la agricultura tiende a ser la actividad productiva central de cualquier unidad doméstica campesina, es siempre completada (y en algunos casos reemplazada) por prácticas como recolección, extracción forestal, pesca, caza, cría de ganado y artesanía. La combinación de estas prácticas protege a la familia campesina a la vez contra las fluctuaciones del mercado y contra los cambios o eventualidades medioambientales. Como resultado, en una explotación campesina típica, los medios ambientales, naturales y transformados, se convierten en un complejo paisaje que aparece como un mosaico en que cultivos agrícolas, barbechos, bosques primarios y secundarios, jardines domésticos, pastos y corrientes de agua son segmentos del sistema de producción entero. Este mosaico representa el campo sobre el cual el productor campesino, como estrategia multiuso, juega el juego de la subsistencia a través de la manipulación de los componentes geográficos y ecológicos (especies, suelos, topografía, clima, agua y espacio), y de los procesos ecológicos (sucesión, ciclos de vida y movimiento de materias). La misma disposición diversificada tiende a ser reproducida en el micro nivel, con multiespecies y diversos cultivos en lugar del monocultivo (...)” En TOLEDO VÍCTOR MANUEL, La Racionalidad Ecológica de la Producción Campesina en Sevilla, En: GONZÁLEZ EDUARDO, DE MOLINA MANUEL (Eds), 1993, Ecología Campesinado e Historia, Madrid, Ed. La Piqueta, Pp. 197-218.
[22] ANRA, 6171, Op. Cit.
[23] El mismo Toledo nos sugiere, en el siglo XXI, algo que es bueno tener en la trastienda para leer a Ysidro en el siglo XVIII: “Para lograr el desarrollo rural sin destruir los recursos naturales y sin transformar las unidades campesinas en unidades especializadas y asalariadas, es necesario cambiar completamente los principales objetivos de la modernización rural. En primer lugar, el simple hecho de reconocer una racionalidad ecológica en la producción campesina reta a los paradigmas centrales de la modernización rural porque reevalúa el significado y potencialidad de las culturas campesinas, normalmente consideradas como un sector arcaico o tradicional, sin importancia para la modernidad. Además, la autosuficiencia campesina, que está ampliamente basada en una simbiosis permanente con los recursos locales naturales, constituye el punto de partida para un desarrollo alternativo ecológicamente relevante. (…)” GONZÁLEZ EDUARDO, DE MOLINA MANUEL (Eds), 1993, Op. Cit.
[24] ANRA., 6171, Op. Cit.
[25] Ibídem.
[26] Ibídem.
[27] Ibídem.
[28] Ibídem.
[29] Ibídem.
[30] ANRA, Op. Cit.
Alejandro Diaz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *