LA  MUNICIPALIDAD  COMO SISTEMA POLÍTICO Y  SOCIAL  ALTERNATIVO.


RESUMEN
Si existen sociedades latinoamericanas, las instituciones que en ella se conforman son evidentemente plurales y adquirirán en cada una de ellas una particular expresión identitaria, de lo que resulta evidente entonces, que existirán municipios latinoamericanos, susceptibles de ser construidos por influencias genéticas estatales regionales o locales y expresarán la sedimentación de las clases sociales subalternas que  se comprometan en su construcción
El caso de Chile, es un  municipio que se construye a merced de los vaivenes de la topografía las luchas sociales y políticas y de la particular relación de las clases y estamentos sociales que se autodefinen y se autoconstruyen en los rasgos históricos de cada uno los pliegues sociales territoriales y políticos de la social chilena.[1]
En ésta investigación-ensayo, sostenemos que la posibilidad de construir y reconstruir un tipo de institucionalidad,  político social para desarrollar una nueva sociabilidad política y comunitario, sólo puede encontrarse en la recuperación de las claves históricas y sociales, que se han tejido en la multiplicidad de espacios locales y regionales, en donde se ha sedimentado la energía social de los sectores populares y del bajo pueblo.[2]Pretendemos señalar que existirían claves históricas y claves sociales y políticas, que podrían revelar una mayor productividad a la hora de construir imaginaciones institucionales a ser condensadas en una institucionalidad pública local, para enfrentar los desafíos del siglo veintiuno.
Y esto no se limita a imaginar solamente el cabildo indiano[3],  como el único antecedente teórico susceptible de ser reconstruido para el análisis arqueológico. Entre el cabildo colonial español y la irrupción del neoliberalismo del siglo veintiuno, existen 200 años de urdimbre  de políticas sociales productivistas-asistencialistas[4], en donde las peculiaridades históricas han sedimentado distintos modos de construcción de sociabilidad comunitaria básica.
Y no sólo se trata de buscar distintas posibilidades de articulación institucional de lo local,  perdidas en las hojas de la historia oficial, sino que también de las propuestas perdedoras de construcción de los tipos de sociabilidad política de lo local, como  resultados aparentemente  invisibles, para sustentar proyectos políticos de construcción local municipal o comunitaria.
Deliberadamente, no fijamos la mirada solamente en el ente articulador de un modelo estructura municipal, por cuanto el análisis que se puede hacer de los  tipos históricos, de las comunidades asentadas en distintos tipos de ocupación del territorio nacional, imaginaron y construyeron formas de sociabilidad colectiva, que estuvieron muy distantes de las lógicas provenientes de racionalidades legales externas.
Nos proponemos indagar en los proyectos alternativos socio políticos existentes, ya sea en los procesos independentistas como en  las propuestas de alternatividad del bajo pueblo y de los movimientos liberales, respecto de una nueva institucionalidad central pública y nacional. Como también, auscultar en  los conflictos regionales y locales, que imaginaron fórmulas descentralizadas de articulación social y política, movimientos  todos ellos, sustentados en un primer estamento social fundacional como fueron los artesanos. Estamento o clases social fundacional, que derivó en un proletariado incipiente, que construyó un ideario en tornó a una municipalidad democrática, sobre todo a partir de los trabajos de Recabarren en el movimiento obrero y que tiene su punto culminante el proceso de ascenso social del movimiento social y popular  en los días previos a la constitución de 1925.
Entre las practicas comunitaristas de una Sociedad de la Igualdady los embriones de partido organizado en torno a la clase de   la FOCH en el año 20, hay una fecunda y rica discusión en torno a la imaginación de una municipalidad «en manos del pueblo inteligente”[5].Así se abrieron singulares aspectos de democratización, por donde podía penetrar la propuesta del pueblo. Todo ello, fundamentado en la posibilidad concreta de construir espacios de participación social y política, que había abierto la comuna autónoma. Proyecto muy mal adjudicado solamente a la reacción  antibalmacedista.[6]


I.-               ANTECEDENTES.
En esta investigación, se intenta efectuar un análisis propositivo de los significados e hipótesis de trabajo, que  representan las experiencias municipales en desarrollo en Chile y valorar las consecuencias que están teniendo para los modos de procesamiento de la participación y descentralización municipal en los territorios comunales.
Las  características de esta investigación, pretenden mostrar los significados interpretativos que la experiencia municipal, va mostrando en los últimos años y por tanto  se presentan algunas  experiencias en  forma descriptiva, para identificar las regularidades que es posible advertir y que podrian sustentar hipótesis explicativas de mayor alcance. Se hace referencia a ellas, para proponer algunos contenidos explicativos, sugerir hipótesis de trabajo y apostar por proposiciones criticas para la interpretación general del proceso de municipalización en  Chile.
En este sentido,  los planteamientos críticos, llevan implícito una determinada propuesta ciudadanizante  del municipio, entendido a éste como estructura política, que aun no  desarrolla su condición ciudadana y que por tanto esta es una posibilidad, susceptible de nacer o de consumirse en la  especial estructura de un estado de condición post moderna. El análisis de las experiencias de municipalización, tanto aquellas catalogadas como innovativas, como aquellas que se instalan por condición coercitiva del Estado, están demostrando importantes cualificaciones que esta teniendo la gestión municipal, pero también son relevantes, para justificar juicios críticos, respecto de los espacios no dispuestos a la  participación y a la construccion de espacios de ciudadanía. Unos y otros, representan los claroscuros  de la gestión municipal en Chile
De ahí que sostenemos, que desde el punto de vista analítico, es necesario mirar de nuevo, con capacidad  para recrear explicaciones respecto de las miradas que colocan estas experiencias municipales realmente existentes, y así acceder a nuevas comprensiones. Todo ello en la perspectiva de poder explicar estos nuevos territorios de sociabilidad comunitaria, de asociatividad institucional municipal, y de formas enteramente distintas de expresión del aparato del Estado. Además, de mecanismos básicos de sobrevivencia o de fenómenos tan extensamente  estudiados, relativos a que por dentro de los procesos sociales, siguen transitando decimonónicos procesos de cooptación y caudillismo.
Hemos elegido categorías que tienen que ver con formas disciplinarias que nos hablan de espacio, de territorios y de profundidades de la memoria histórica, no sólo como una manera  pertinente de construir categorías, sino que estableciendo a través de ellas, una invitación a explorar las fronteras de  las temáticas que son relevadas. Y evidentemente queremos proponer un cruce de fronteras mediante prácticas sociales, históricas e investigativas de carácter transdisciplinarios.
De  manera general es posible adelantar, tras  años de experiencia municipal en  gestión local y ciudadanía, que  ellas están mostrando lo que es evidente: por una lado, un Chile fragmentado, de experiencia sociales discontinuas, de innovaciones municipales con agotamiento prematuro de creatividad e innovación, de grandes espacios en blanco, que remiten a espacios culturales  pasivos o de franca resistencia al aparato estatal, de presencia omnipresente de un Estado descentralizador, pero con orientaciones fuertemente privatistas y con  ideas desregulatorias, que resultan imposibles de ocultar.
Y quizás, y esto puede ser lo más relevante, con una gran interrogante respecto del problema de fondo: cuál es en definitiva el tipo de relación a ser establecida entre el Estado y la Sociedad  o dicho en otras palabras, cuál es supuestamente el nuevo trato posible en condiciones de globalización posmoderna.
Cada una de las experiencias municipales, muestra por acción u omisión, la capacidad acumulada de sociedades civiles comunitarias, que con esfuerzos permanentes, son capaces de recuperar su memoria de asociatividad, para  buscar mecanismos de inclusión de experiencias productivas, de género, de participación en las decisiones que permitan, en definitiva y en última instancia, entregar sentido a sus cotidianeidades. No puede dejar de sorprender, que los esfuerzos de transformación micro social, sigan desarrollándose con pertinaz insistencia y en no pocos casos, con tozudez. A pesar, de que, evidentemente, el ambiente sociocultural y el ambiente institucional estatal, no muestran evidencias o signos de alentar experiencias participativas, con énfasis en el desarrollo de prácticas autonómicas.
Tan relevante, como el sostener la tremenda riqueza de las experiencias  de municipalización, es   señalar que ellas aparecen discontinuadas en el espacio social geográfico e histórico de la actual transición chilena, con signos  evidentes de aislamiento, con escasa valoración societal de lo que ellas significan. Y lo más importante, con disminuida capacidad  de transformación de las cotidianeidades locales, las políticas públicas o retazos de los micro sistemas sociales de la estructura social, y por tanto para hacer estable una innovación transgresora de la cotidianeidad capitalista, en lo que ella representa como alineación y manipulación.
Así las cosas, los planos de la solidaridad, de la cooperación y la ayuda mutua no se interceptarían con los planos del Estado y de la Sociedad Civil.En este sentido, podría estar ocurriendo, que el Estado es extraordinariamente eficaz hoy día, para convocar las energías del capital sociocultural[7]y acometer supletoriamente, aquello que les falta a las políticas públicas estatales. Sin embargo ese capital social, que en estado constante, esta presente en  las profundidades de las subjetividades culturales de las comunidades, puede convertirse fácilmente en un capital social variable y volátil, ante las convocatorias coyunturales y casi espontáneas de políticas públicas, con afanes meramente compulsivos de utilización de corto plazo.
Para construir caminos de orientación y análisis de las experiencias, proponemos  criterios  que establezcan una   cartografía y   topología aproximada, que permita adentrarnos  en el contexto inmediato de estas experiencias, de forma tal de constituir un mapa de búsqueda, en un territorio temático municipal con profundas sedimentaciones culturales, sociales y políticas en la memoria histórica nacional
II.-    EL CONTEXTO HISTORICO DE DOS DÉCADAS PARA ENTENDER LA   CUESTION MUNICIPAL
1.-     El encuentro de la Descentralización  y el Municipio Chileno.
Se ha señalado que la descentralización en América Latina ha tenido un carácter municipal y que ello obedece fundamentalmente, a que el Municipio es el  único organismo situado en la base del Estado centralista, que habiendo pasado por distintas etapas, por lo menos mostraba una institucionalidad, de carácter burocrático administrativo y con algunos rasgos de legitimidad política, que lo hacían viable como lugar de instalación de creciente proceso administrativo desconcentrado, con un imaginario centralista.
En esa situación es que por allá a mediados de los años setenta, se dicta un decreto ley, el 1289[8], que colocaba los primeros componentes, de lo que sería el inicio de un progresivo e incesante proceso de instalación de nuevas funciones en el municipio. Nuevas funciones, que habiendo sido desechadas por el Estado central, se trasladaban también, en no pocas oportunidades con la misma cultura funcionaria, con la cual estás funciones se habían gestionado.
Sin embargo, las dos primeras funciones que se instalan en el municipio, son aquellas que dicen relación con la creación de un componente de planificación y por otra parte, con la implantación de un componente de desarrollo comunitario. Interesa recalcar este elemento, por cuanto, más allá del carácter anecdótico o histórico institucional, este proceso revela una característica estructural del municipio chileno, que lo acompañará hasta el día de hoy: esto es, que los  componentes en los cuales debería sustentar su soporte  del andamiaje del futuro proceso descentralizador y participativo, se tiene que acomodar a dos funciones que le llegan desde fuera de su propia institucionalidad, y además en un contexto de participación social y política reprimida
Es también en este contexto, en donde la aparición de los territorios locales, es también vista como un lugar de control territorial de una población potencialmente subversiva, más que como lugar de expansión de libertades ciudadanas. Entonces, el que en Chile se haya instalado la función descentralizadora con la nueva recomposición de las relaciones del Estado y  la sociedad en el municipio, es a no dudarlo un fenómeno, que marca un fundamento articulador para todo el proceso de articulación del andamiaje técnico institucional y político que se desarrolla posteriormente, incluido aquel que se instala en los diferentes periodos de proceso de transición.
De allí, que la primera innovación contemporánea en las municipalidades chilenas, se realiza con un cambio venido desde fuera  de una institucionalidad nacional, que para muchos sectores de la sociedad chilena, estaba carente de legitimidad y democracia. Este elemento, es, a no dudarlo, una marca de nacimiento, muy difícil de ocultar e imposible de maquillar.
Dependiendo de la rigurosidad del análisis del sistema municipal chileno, este fenómeno siempre establecerá una cartografía respecto del modo peculiar en que en Chile se comienza a instalar la descentralización municipal, y por tanto, de manera germinal y muy artesanal, también se comienza a hablar de una municipalidad con un cierto rol social, que a fines de la década del setenta se presentaba como una significativa expresión innovativa
Por lo tanto, es en este periodo primigenio, en donde se consolidan y se solidifican ciertos modos de hacer y pensar el municipio, y que se amalgamarán una institucionalidad que normará un modo correcto de pensar y hacer gestión municipal. Precisamente, mucho de los rompimientos actuales de estructura y cultura municipal, serán precisamente considerados hoy día como modos innovativos de pensar y hacer la gestión municipal, habida consideración del piso del cual proviene esta misma  gestión y cultura municipal.
La municipalidad chilena, nace muy tempranamente en la historia nacional, allá por el siglo XIX, con inobjetables componentes de accountability, orientación productivista y arreglos políticos institucionales de sociedades civiles comunitarias, que querían dar cuenta de un modo autonómico de sus necesidades y de la puesta de acuerdo, de sus objetivos políticos y sociales.
Sin embargo este municipio “a lo Tocqueville”, es prontamente desahuciado por la constitución del 25 y reducido por más de 50 años, a una cáscara administrativa con mínimas funciones y con un mínimo de poder político. Entonces, cuando los vientos descentralizadores, independiente de sus componentes neoliberales o participativos, se encuentran de nuevo con este municipio, éste ya no es el municipio producido por sociedades civiles comunitaria de carácter local y regional. Es un Municipio reorientado al control autoritario.
2.-     El carácter burocrático autoritario artesanal del Municipio Chileno en la década del 80.
El municipio chileno se encuentra con el proceso de descentralización, en el ambiente oscuro del régimen militar y por tanto será un lugar vacío, inhóspito para la participación y en no pocas oportunidades, en una institucionalidad muy propensa a la instalación de caudillismo, nepotismos y procesos de cooptación. Desde este basamento, es desde el cual los procesos de transición a la democracia en la década del 90,  comenzaran  a moverse.
Existen bastantes estudios que plantean que el municipio con el cual se encuentra la transición a la democracia, es un municipio en penumbras, con un personal amedrentado e incluso hostil a los procesos anunciadores de democracia, que eventualmente podrían colocar en cuestionamiento sus propias fuentes laborales. Los diagnósticos de los años 90, eran recurrentes en señalar la incapacidad estructural del municipio para enfrentar el diseño y la gestión de la participación de la población local. Y era por demás evidente que  ello aconteciera, por cuánto no había sido un municipio diseñado para la participación. (  [9])
Todos los estudios exploratorios realizados en la época, daban cuenta de una institucionalidad pre-moderna, con procedimientos artesanales y con déficit de gestión, que la sola instalación de nuevas funciones provenientes del estado central no había conseguido superar. De tal forma, que el espectro municipal chileno se caracterizaba en ésta época, por un número reducido de municipios que poseían alguna capacidad de masa crítica profesional intelectual, para proponerse rediseños organizativos de gestión y el planteó de nuevas iniciativas  y  un gran conjunto de municipios, en los cuales imperaba la penumbra organizativa y de gestión. En ese cuadro, es que se propone como una tarea política de primera importancia, la necesidad de implantar rediseños organizativos, en un contexto en el cual en América Latina se comenzaba en forma persistente a hablar de rediseños de la gestión pública, dando cuenta en estos titulares, de las necesidades que tenía un Estado, que dejaba de ser desarrollista para convertirse en el Estado de la implantación de lo nuevos modelos descentralizadores de corte neoliberal.
3.-     El carácter de las  innovaciones germinales
Y es entonces, en esta situación, cuando comienzan a germinar los primeros intentos innovativos, al interior de los primeros municipios democratizados. Y estas primeras innovaciones no pueden sino ser una condensación de historia del capital social histórico acumulado por los pobladores y emergentes ciudadanos y de las nuevas nombradías para las nuevas relaciones entre el Estado y la Sociedad, que ubicaban a los espacios regionales y locales en una perspectiva de interlocución dialogica y cooperativa.
Las primeras experiencias innovativas desde el interior del municipio son autogestionadas por equipos, que en su mayoría, eran tributarios de la historia de desarrollo local de múltiple ONGs,  que en los últimos años de la década del 80, habían construido un imaginario de relación entre Estado y Sociedad, signado por un componente democrático que potenciaría a un sujeto ciudadano a una nueva condición de participación en las decisiones de los asuntos colectivos comunitarios.
Este es, tentativamente, un primer escenario, que se gesta en los principales municipios de las ciudades primadas de Chile. Ciudades que reunían las condiciones para colocar en interlocución a equipos de competencias técnicas y políticas, con un movimiento de pobladores todavía fuerte y con pretensiones de reivindicación democrática vecinal. Este es, también, el escenario de las primeras innovaciones  en la funciones de planificación y desarrollo comunitario de esta municipalidades y dirigentes poblacionales, que resumían en su capital social muchos años de educación y capacitación popular. No de otra forma podemos explicar  experiencias, como la escuela de capacitación Elena Caffarena en la Comuna  de El Bosque o el Fondo de Desarrollo Vecinal del municipio de Conchalí o el Plan de Desarrollo Comunal del Bosque del año 94. Experiencias que, al igual que muchas otras, directa o indirectamente, aparecen como demarcatorias en el aprendizaje nacional sobre experiencias municipales innovativas.
Entre los años 90 y 94, es cuando se produce una explosividad de experiencias que marcan una voluntad de concretar las nuevas perspectivas democráticas del municipio chileno. Es también en este periodo cuando se realizan los diagnósticos más directos sobre el estado general del municipio y de lo graves problemas en que estos encuentran, habida consideración de las importantes funciones y responsabilidades a las cuales tendrán que responder en el futuro.
4.-     La Respuesta Institucionalal rediseño Municipal: el PROFIM del BHIRF.[10]
Es también en este momento cuando desde las instancias gubernamentales se comienza producir lo que será calificado en la época como la respuesta tecnocrática de implementación de un tipo de rediseño la gestión pública, que tratara de parangonar a la empresa privada y su modelo de gestión con rediseños post-fordista en la perspectiva de que la gestión pública trate de emular el modelo de gestión privado. Muchos, por no decir todos los componentes del programa de fortalecimiento institucional de la primera época, es decir entre el 94 ya 98 pretenderán instalar en el municipio chileno un modelo eficientista, que en la mayoría los casos será implementado por consultoras, cuyo único ámbito de expertiz previo habrá sido el haber desarrollado procesos de rediseño en las empresas privadas.
A no poco andar, la gran crítica que surgirá desde el mismo interior de lo equipos establecidos en los municipios, será el advertir que el conjunto de los diseños modelisticos, vía licitaciones, ignorarán que el municipio es antes que nada una construcción y conjunción territorial de tipo político técnico y que tiene como función importantísima el producir en forma permanente y continúa grado crecientes de gobernabilidad y gobernanza, en un espacio territorial. Y no es solamente un objeto estatal depositado en un territorio.
Ello provocará, importantes tensionamientos entre un tipo de diseño normativizado y la territorialidad local, que esta empezando a impactar a los equipos locales, confrontándolos en una dirección de mayores grados de apertura y flexibilidad para abordar las tareas del desarrollo comunitario y el desarrollo local. En definitiva, mostrándoles que las realidades locales en tiempos de impactos globalizadores descentralistas, son cada vez más territorios que deben ser entendidos con múltiples epistemologías, en donde el denominador común es la complejidad y la incertidumbre.
5.-     Ciudadanía y gestión Local: organización y despliegue de un proceso social de construcción de nuevas fronteras participativas.
Es en tal situación, en que la propuesta de  distintos programas de innovaciones y ciudadanía local, establecen una especie de carta de ciudadanía y legitimidad, para instalar la profunda  perentoriedad de hacerse cargo de un componente participativo de manera seria, rigurosa y creativa. Máxime, si el en el conjunto de América Latina, estos componentes ya se habían  convertido en lugares comunes de propuestas políticas y sociales de ciudadanización efectiva. Más allá, de los discursos globales y generales de los primeros años de la década 90, que produjeron experiencias concretas y operativas de gestión de ciudadanía y de municipalización muy importante, la concepción de establecer una convocatoria pública, orientada a relevar las experiencia de innovación coloca una carta de legitimidad para muchas de las experiencias que desarrollándose en múltiples espacios territoriales, corrían el riesgo de quedar permanentemente invisibilizadas.
III.-  EL SISTEMA MUNICIPAL: LAS DEUDAS PENDIENTES.
1.-     La Municipalidad como arreglo político Institucional de un Estado descentralizado.
Se ha señalado, que la relación entre un Estado y  Sociedad se realiza en forma mediada por dispositivos conocidos como políticas públicas que se sedimentan en un tipo especial de instituciones, que en definitiva organizan el tipo de mediación y los contenidos de esta. ( [11])
En la tradición anglosajona, el municipio siempre estableció ese carácter de relación, mediada entre el Estado y la Sociedad, en un territorio local. Ello era válido para las  políticas públicas específicas para el territorio y para las  políticas públicas nacionales, negociando en todo momento con el poder central, los modos locales de implementación. En el imaginario latinoamericano, esta percepción  presume a estos elementos, como faltantes en los procesos de rediseño institucional autóctonos.
Este planteamiento puede ser válido para señalar que la municipalidad latinoamericana, requiere y necesita pensarse a sí misma como una institucionalidad esencialmente dinámica y que sólo en forma temporal, puede aceptar consolidaciones orgánicas normativas. En la posibilidad de que la municipalidad se piense como un arreglo político institucional, permanentemente dinamizado por las fuerzas sociales culturales, económicas y políticas de su territorio, se puede alojar  una contribución significativa    para establecer de manera más transparente el papel de la innovación en torno a la participación y la  ciudadanización.
Pensar que la comunidad y la municipalidad son dos componentes de una relación sinérgica, abierta a mutuas interrelaciones influencias, negociaciones y conflictos, puede establecer el grado de comprensión de los dinamismos necesariamente involucrados. Nada podrá ser peor que pensar que el camino único y definitivo,  sea el establecer un modelo único  de municipio o modelo de comunidad, a partir de una definición externa o proveniente de alguna experiencia piloto. La municipalidad en permanente sinergia y con una conducta inteligentemente estratégica, no podrá sino encontrarse con una comunidad, que, apoyándose en  su civilidad política, es capaz de encontrarse con la institucionalidad que le es legítima, como un actor que es un legítimo actor en la común tarea de establecer espacios de gobernabilidad, participación y democracia.
La relación social municipio- territorio comunitario, es entonces, el escenario en donde transcurrirá lo que hemos denominado innovación municipal. Si entendemos por ella el permanente transitar hacia los territorios ignorados de las fronteras de la gestión municipal y comunitaria, podremos entender, que este transitar, es una relación cooperativa, no normada, no autoritaria, no burocrática y esencialmente destructiva de posturas  epistemológicas positivistas.
La municipalidad en ese espacio, no dejará de ser una estructura del Estado central, pero tendrá el mandato de producir  constantes descentralizaciones y producir constantes espacios sinérgicos de nuevas sociabilidades comunitarias, nuevos emprendimientos comunitarios y productivistas.
Y en ese camino, lo más probable, es que se producirán crecimientos insospechados del capital social cultural y político de sus propias comunidades. Y también será probable, que esas comunidades producirán actores sociales y políticos, capaces de producir interlocución frontales, e incluso con grado de oposición más o menos violenta.
En esas condiciones, el arreglo político institucional que es una municipalidad, se verá tensionado. Si la municipalidad, producto de sus propias exploraciones internas y consecuentes innovaciones, tiene la capacidad de enfrentar flexiblemente y liderar los procesos de gobernabilidad-gobernanza, introduciendo las adaptaciones necesaria a sus estructura y procesa de manera inteligente las complejidades de un medio ambiente territorial, podrá estar acercándose a recomposiciones significativas de su esencia, más allá de la ley orgánica municipal y más allá de las reglamentaciones y ordenanzas. Comenzará a pensarse a sí misma como un arreglo tecno político de actores sociales políticos y culturales, que se conciertan para dotarse dé una institucionalidad política para hacerse cargo de sus objetivos comunitarios.
Si éste es un nuevo  modo posible de entender el escenario de los procesos descentralizadores con carácter democratizantes en los territorios latinoamericanos, podremos visualizar de mejor manera la inmensa capacidad de transformación social que se anidan en los diseños imaginativos al proponerse nuevos objetivos, nuevas metodologías, nuevos modos de hacer y nuevos modos de pensar el quehacer municipal y comunitario.
Pretendemos señalar que en la intersección del Estado descentralizado y descentralizante y la sociedad civil territorial, se estaría constituyendo algo más profundo, que sólo una estructura institucional depositada en un territorio, sino que por el contrario, estaría en curso, un reacomodo  magmático de la sociedad en su conjunto. Reacomodo que se estaría produciendo por la fuerza de las relaciones sociales, y gestando la construcción de un tipo de gestión cooperante y en conflicto, en torno a una conjunción de procesos de gobernabilidad y participación que se han denominado procesos de gestión pública local. Las experiencias innovativas de los Concursos Innovativos que aquí se mencionan  podrían ser interpretadas en esta perspectiva
2.-     Las Nuevas Comunidades Territoriales y Temáticas.
Sin lugar a duda, que los procesos de descentralización y globalización en  curso, establecen nuevas coordenadas para mirar los territorios no sólo físicos sino que temáticos. Es  recurrente la mención a la necesidad de establecer nuevas cartografías para hacer inteligible lo que ocurre en las relaciones sociales de nuestras sociedades latinoamericanas. E incluso, también es posible sostener que las cartografías deben dotarse de una suficiente voluntad por profundizar arqueológicamente los territorios en los cuales nos desenvolvemos investigamos y exploramos.
Nociones como  memoria histórica de Salazar o capital social, son sugerentes para dejar definitivamente atrás, aquellas categorías conceptuales que normaban la relación del municipio con el territorio en torno a población atendida de beneficiarios electores, población flotante, etc. Las experiencias muestran nuevos caminos, que aunque germinales, podrían estar señalando nuevos rumbos para los procesos de municipalización democratizante
Sí hay algo que se tiene que reprocesar y rediseñar en esta institucionalidad municipal, es su capacidad de adaptación inteligente a estos nuevos territorios temáticos y conceptuales. No solo a los procesos económicos que son  rearmadores, cuando no invasivos de sus geografías, sino de aquellos  procesos culturales, que se tornan muchas veces  destructores de sus esquemas conceptuales de gestión y conocimiento. Por supuesto que estos fenómenos son transgresores, en primer lugar de las normativas municipales y de las leyes orgánicas, que pretenden  establecer de una vez y para siempre, los modos de relacionamiento del municipio con su territorio.
Si esto es así, los enfrentamientos disciplinarios han quedado obsoletos. Y por supuesto que han quedado obsoletos los enfrentamientos autárquicos institucionales. Se señala, con particular vehemencia, que sólo la cooperación podrá producir modos viables de enfrentamiento de las necesidades del desarrollo humano. Eso y los equilibrios de información sobre las mesas de negociación y conflicto.
Ese es el terreno de mayor fertilidad de la innovación municipal y así lo están demostrando las experiencias ya históricas del ultimo tiempo en los territorios nacionales,  que en este  documento fundamentan nuestras proposiciones analíticas. Los nuevos territorios, son aquellas nuevas construcciones de sentido social cultural y comunitario, que las comunidades  se ven impelidas a establecer, para poder constituir y dar sentido a sus prácticas sociales y producir eficiencia en sus objetivos comunitarios
Pretendemos investigar y explorar los sentidos que muestran las experiencias de desarrollo y gestión municipal, y que creemos son parte de la construcción y descubrimiento de  nuevos territorios temáticos políticos y sociales, que estarían operando a manera de avanzadas, sustentados en procesos más profundos que están ocurriendo en los intersticios de las sociedades civiles locales. Detrás de los modos distintos de hacer, del rompimiento del tradicionalismo, para diseñar los procesos prácticos de transformación social de nivel comunitario y micro social, estarían produciéndose procesos señaladores, de las nuevas prácticas-praxis, de las relaciones  societales de nivel comunitario.
3.-   La  construcción de nuevas institucionalidades locales.
En el interior de los procesos señalados anteriormente, se estaría produciendo,-postulamos a manera de hipótesis-el lento nacimiento de solidificaciones en  torno a nuevas instituciones, reformas institucionales, rediseños programáticos, creación de nuevas organizaciones sociales y formas de asociatividad, muchas de ellas apartándose de las rutinas burocrático administrativas o burocrático comunitarias, propias del Estado centralizado y de una población  demandante de bienes y servicios y normatividades.
Dos procesos parecerían ser los más importantes y vigentes de destacar como anunciadores de las nuevas realidades locales: un rediseño estratégico sistémico tecno político, inteligente, de múltiples estructuras y metodologías de gestión municipal y un proceso de expresión de sociabilidades comunitarias, que tejiendo redes sociales, se enfrentarían en forma integrada y holistica como estrategias orgánicas  a las distintas problemáticas territoriales, en tanto fenómenos sociales y políticos y por tanto plenos de ciudadanía.
Pretendemos proponer, que existiría un proceso de cuestionamiento creciente de las tradicionales estructuras administrativas y que nuevas sensibilidades,  estarían pugnando por desplegarse para proponerse estructuras adaptativas, estratégicas, flexibles,  homologables a la simplicidad de la masa crítica comunitaria y tecno-profesional realmente existente en cada territorio. Y que este proceso,  estaría colocando ad portas, la necesidad  de la superación definitiva de la actual estructura municipal. Y siendo este proceso, por cierto, un recomposición y reemergencia de  proyectos políticos populares y sociales, que construyen sintonía con otros procesos en el resto de América Latina.[12]
4.-  La devolución de la ciudadanía y la descentralización con sentidos locales.
La dimensión utópica de estas experiencias políticos populares, mostrarían que se estaría constituyendo una descentralización de nueva generación, alejada de los determinismos neoliberales,  esos de la primera ola, en la década de los 70 y 80 y que serían advertibles, los síntomas y signos de la implantación de un proceso, que estaría produciendo una devolución de derechos de ciudadanía a las comunidades y territorios locales. Y aparentemente, ellos estarían produciéndose  a pesar de los condicionamientos estructurales de procesos económicos excluyentes con inequívocos signos de desigualdad creciente. Pareciera ser que aquella profecía establecida en la década del 80, de que el Estado que se desprendía de poder político, en la onda larga de la historia, estaría produciendo procesos inevitables de devolución de poder.( [13])
Sospechamos, que estos procesos han comenzado por la recomposición de sujetos sociales y populares, que en la apropiación y rediseño de sus propias cotidianeidades, van conquistando y construyendo espacios no regalados por nadie ni prediseñados. Estarían aconteciendo procesos de profundidad políticos populares, aún no valorados, que caminando por los intersticios ocultos de las sociedades civiles, desarrollarían su propia historia.



[1] La actual municipalidad Chilena es en su origen , una refundación militarista, de carácter tecnocrática, que reconquisto los territorios locales, en riesgo de su marxistizacion por  el Gobierno de Allende, al  decir  de las fundamentaciones informales d e los teóricos de la  Dictadura[2] Nos apoyamos en este punto en la extensa bibliografía que ha desarrollado Gabriel Salazar en trorno a la noción  de bajo pueblo y a la propuesta de sedimentación de una cultura popular, que repta y emerge alternativamente  en las sinuosidades de los intersticios sociales y culturales. Una de las hipótesis que s etrabajara en esta tesis, es que este fenómeno social de permanente presencia de una identidad popular reptante, es posible de ser descubierta en las emergencias institucionales de la nueva municipalidad y en las estrategias que el bajo pueblo adopta frente a las metamorfosis actuales del  Estado Capitalista.
[3] Pareciera ser que este Cabildo, estuvo dotado de una aureola de gobernabilidad, pero que en definitiva no fue mas que una débil parodia del cabildo castellano, aplastado por Carlos V.
[4] Con esta acepción queremos señalar que las políticas públicas, entre ellas de manera destacada las políticas sociales, han jugado un factor protagónico en la morfología de los comportamientos populares para construir y reconstruir sus formas de sociabilidad. Entre ellas, la que tienen que construir en torno a un municipio externo e invasor por la racionalidad de las clases dominantes.
[5] Lo que puede hacer la Municipalidad en manos del Pueblo inteligente, Luís Emilio R ecabarren, Buenos Aires, 1917.
[6] En este aspecto , seguiremos los planteamientos de Maria Angélica Illanes respecto de la necesidad de rescatar el proyecto de Comuna Autónoma de la propiedad oligárquica de Irarrazabal[7]  En esta categoría seguimos la interpretación de Gabriel Salazar en torno a ka necesidad de identificar y situar la noción de Capital Social en torno a distintos tipos de gobernanza y gobernabilidad que es posible identificar en el proceso de fraccionamiento del Estado y la sociedad. Ver Articulo Explorando Senderos Transliberales en Encuentro latinoamericano, Gobernabilidad democrática local: el dilema municipal en América Latina, Compiladora Rosa Candia Provoste, Octubre de 1997, CUSO, Organización Canadiense de Desarrollo Internacional.
 [8] El Decreto con Fuerza de Ley Nº 1.289  de 1978 fue el primer decreto que emitia el ministerio del Interior de la Dictadura, que acometía la reorganización de las Municipalidades, hasta ese momento solo con Alcaldes  designados. En lo esencial , establecía  el establecimiento de dos funciones tecnocraticas, cual era la función de planificación mediante laceración de una Oficina de Planificación, encargada de planificar el territorio y una función de desarrollo comunitario, que al parecer era un remanente desarrollista que se deslizo por los intersticios de la Comisión Nacional de Reforma Administrativa (CONARA) de la época. Con todo, y con los evidentes signos de responder a los vientos modernizadores del Banco Mundial , esta función de desarrollo comunitario, se revelaría como el mas  contundente instrumento de manipulación asistencial  constructora de clientelismo político, que daría sus frutos 17 años después del golpe militar, cuando la derecha obtiene la mitad de la votación, sustentada precisamente en los territorios sometidos a practica  asistencial del municipio reformado autoritariamente.[9] Al respecto ver los Documentos de FLACSO, Canelo de Nos, PAS, Congreso de Juntas de Vecinos de 1991 y artículos en Revistas como Cal y Canto que señalaban la precariedad institucional de la Municipalidad Chilenapara hacerse cargo del ideario descentralizador y participativo.[10] Programa de Fortalecimiento Institucional, administrado por la Sub secretaria de Desarrollo Regional y Administrativo y financiado por el Banco Hipotecario y Reconstrucción y Fomento.
[11] Desarrollamos esta proposición a partir de los trabajos de Guillermo Donell, que se han conocido como escuela burocrático autoritaria para entender el tipo de Estado que emerge en la época de las Dictaduras Militares y que será el encargado de realizar la revolución neoliberal, que al decir de Gabriel Salazar es la única y autentica transición desarrollada en América Latina.
[12] Este hecho trae aparejado por consecuencia inevitable la necesidad de discurrir por la  aparición del nuevo viejo tema de las nuevas formas de hacer política” y que en definitiva deberia dar cuenta de las expresiones de ciudadanizacion política de  comienzos de siglo, dada la extrema incertidumbre de los fenómenos sociales que nunca deberíamos confundir con una inocua interpretación post moderna de los hechos sociales de la época del capitalismo transnacionalizado[13] En este punto seguimos los planteamientos de Jose Luis Coraggio y Gabriel Salazar, en términos de establecer una mirada de largo plazo respecto de los procesos sociales y de visualizar las posibilidades de cambiar el sentido neoliberal de los procesos descentralizadores
Alejandro Diaz

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