EN HOMENAJE A STUART HALL.

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RESEÑA BIBLIOGRAFICA
SIN GARANTIAS
TRAYECTORIAS Y PROBLEMÁTICAS
EN ESTUDIOS CULTURALES
STUART HALL
Eduardo Restrepo, Eduardo Restrepo, Catherine Walsh y Víctor Vich 
(editores)
Instituto de estudios sociales y culturales Pensar, Universidad Javeriana
Instituto de Estudios Peruanos 
Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador
Envión Editores (editores)
Octubre 2010
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PRESENTACION
Los editores de esta obra deben haber  traspasados varios obstáculos para reunir, editar y publicar este  conglomerado de presentaciones de Stuart hall. No hablan en ninguna parte de esto, pero al terminar de leer la última página (la 630) no puede obviarse esta cuestión. Stuart Hall es ya una referencia constante en los estudios culturales. Sin embargo, cuando se lee Sin garantías… para y en  America latina, se tiene la sensación de   haber  recorrido la parte mas sustantiva de sus planteamientos y de haber descubierto algo oculto, para los que en éstas latitudes luchamos diariamente con el provincianismo de las publicaciones. Pocos libros nos llegaban en la colonia y en el siglo XXI, son pocos  también los que cruzan  la barrera de los idiomas. Por ello es importante Sin Garantías y por ello sus editores Eduardo Restrepo, Catherine Walsh y Víctor Vich  aseguran para ésta tierra de Amerindia una lectura imprescindible
Hall, al igual que Raymond Williams, Thompson y otros forman parte de aquel, a estas alturas mítico lugar universitario de Birgminghan, que establece el espacio germinal de los ahora llamados estudios culturales. Hall dice que esto, apenas se podía entrever en ese periodo. Eran, dice, un grupo de marginales académicos que transitaban por  cabañas de la segunda guerra mundial, que quedaron en los patios de la Universidad. Noeran bienvenidos por nadie y desde los departamentos de ingles y sociología les hacían guiños despectivos:
Éramos intelectuales orgánicos sin ningún punto de referencia orgánico; intelectuales orgánicos con nostalgia, con voluntad o esperanza (para utilizar la frase de Gramsci de otro contexto) que en algún punto estaríamos preparados en trabajo intelectual para esa clase de relación si tal coyuntura algún día aparecía. Ciertamente, estábamos preparados para imaginar o modelar o simular tal relación en su ausencia: “pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad” (Hall, 2010: 56).
¿Cuál es el espíritu o estado de animo que queda al finalizar la lectura de Sin garantías? Sin lugar a dudas un optimismo de la voluntad, que es construido pacientemente por la organización de los textos de Hall. No es un camino fácil y ello da cuenta de la apertura de senderos teóricos, que hasta ahora  han sido muy poco transitados por nuestras discusiones en torno a las cuestiones culturales y en torno a las cuestiones del poder. Porque éste es precisamente el ámbito temático al cual debe sumergirse el lector de Sin Garantías. Los textos no dan tregua. Uno a uno rompen las frases de sentido común y muy dialécticamente se van  entrelazando los argumentos para apuntalar críticamente aquello que Hall reivindica de entrada:
No obstante, me parece muy importante que el pensamiento de Gramsci en  estos  temas  ciertamente  capturará parte de  lo que  éramos. Porque un segundo aspecto de la definición de la labor intelectual de Gramsci, que creo que siempre ha estado anclada cerca de la noción de los estudios culturales como proyecto, ha sido su exigencia de que el “intelectual orgánico” trabaje en dos frentes al mismo tiempo. De un lado, teníamos que estar en el mismo frente del trabajo intelectual teórico porque, como dice Gramsci, es la labor del intelectual orgánico saber más que los intelectuales tradicionales: realmente saber, no solamente fingir saber, no simplemente tener la facilidad del conocimiento, sino conocer densa y profundamente…(…)Pero el segundo aspecto es simplemente igual de crucial: que el intelectual orgánico no se puede absolver de la responsabilidad de la transmisión de esas ideas, ese conocimiento, a través de la función intelectual, a quienes no pertenecen, profesionalmente, a la clase intelectual. Y, a no ser que aquellos dos frentes estén operando al mismo tiempo, o mínimamente que esas dos ambiciones sean parte del proyecto de estudios culturales, se obtiene un avance teórico enorme sin ningún compromiso en el plano del proyecto político.
Se nos excusara por la longitud de la cita anterior, pero este punto nos parece central para marcar la diferencia que nos propone Hall y sus editores por medio de él, y que tiene que ver  con una lectura inconclusa de Gramsci para America Latina y que Sin Garantías sin proponérselo explícitamente, establece como una plataforma necesaria para la continuidad de los estudios políticos culturales. Lo colocamos en negritas porque advertimos un intertexto que opera a lo largo de Sin garantías: una convocatoria a densificar el análisis político por medio de las claves de los estudios culturales. En más de un sentido, cada uno de los aspectos temáticos que encadenan el libro, suponen volver a sacar el filo a temas que de alguna manera lo habían perdido y a proponer otros instrumentos para desmontar las apabullantes relaciones sociales de cotidianeidad capitalista que naturalizan las condiciones de nuestras configuraciones culturales latinoamericanas. Por ello no resultan extrañas las menciones a Inglaterra y sus definiciones contextuales que Hall establece a cada instante. Si ellas se releen en clave amerindia, el dialogo se mantiene fluido hasta la ultima  pagina.
LA ESTRUCTURA DE SENTIDO DE… SIN GARANTIAS
El camino que nos proponen los editores es ir  encontrándonos con las propias declaraciones de Hall respecto de cómo fue emergiendo el trabajo de los estudios culturales. No, no hay un relectura que coloque todo en su justo lugar, en un lugar políticamente correcto, como él explícitamente lo señala. Fue surgiendo a fuerza de quiebres y tensiones y con muchas descentralizaciones, en donde el trabajo teórico operaba  también como interrupción. Así, Hall se junto con Williams, después de un azaroso periplo para conseguir  presupuesto para un media jornada, cuestión que nos parece  una realidad universitaria profundamente familiar y  latinoamericana. Se  aboca Hall a desentrañar con seriedad los recovecos de unos estudios culturales que se comprometan con lo político. Ese es el camino que también está siguiendo E.P. Thompson y muchos son parte de una izquierda que se desliga de una ortodoxia marxista. El núcleo opera profundamente ligado a las prácticas de educación  de adultos y el periodo político expresa la época de los gobiernos laboristas y sus políticas de estado de bienestar. Si nosotros leemos a la educación de adultos  como educación popular, estamos en condiciones de sentir que los temas del grupo de estudios culturales, están profundamente emparentadas con las prácticas sociales emancipatorias y revolucionarias, que por esos momentos se desarrollaban por nuestra gran casa latinoamericana. Así leíamos a Fanon en la década del sesenta, junto al desarrollo de la educación liberadora de Paulo Freire, mientras Manuel Castell sistematizaba las experiencias de poder popular en las poblaciones de Santiago o Theotonio dos Santos desarrollaba una critica al desarrollismo y proponía su teoría de la dependencia, mientras la Unidad Popular en Chile insinuaba una democracia popular socialista por otras vías. Armand Mattelart sugería una manera alternativa de leer al pato Donald y con ello señalaba una critica reconstructiva de alcances epistémicos desvastadores ¿Porque mencionar el despliegue intelectual de los sesenta del siglo XX en America Latina? Porque nos parece que la estructura de sentido del centro de Birgminghan  es fuertemente cercana con las preocupaciones de buena parte de la intelectualidad que discutía la nueva sociedad en el cono sur de Latinoamérica. ¿Eran estudios culturales en Latinoamérica? No lo sabemos, pero confrontaban al poder desde la cultura y la critica cultural. También desde la vanguardia artística o de una nueva estética popular o desde un canto que  construía  nuevos significantes. Significantes que solidificaban construcciones conceptuales emancipatorias. Por eso leer a Hall desde el ultimo lugar del mundo, es recuperar también este tipo de memorias que alimentan las prácticas políticos culturales emancipatorias
Hall cuenta el itinerario  pleno de incertidumbres del Centro y señala hitos relevantes que redefinieron sus temáticas intelectuales y las búsquedas teóricas. Así llegaron las feministas, cuenta,  y éstas “entraron por la ventana y defecaron en la mesa”, hasta ese momento, muy británica mesa de los estudios culturales. Señalaron que la teoría de género era algo más que proponer solo la igualdad  y que lo “personal” era profundamente político y que en consecuencia la subjetividad y la sexualidad también lo eran. Esto fue  irreversible para la teoría de los estudios culturales. Y también, por supuesto, entender que la cuestión de género y sexualidad eran cuestiones centrales del poder mismo. Por otros caminos, pero muy imbricados, la cuestión de la subjetividad y del sujeto se relevan como cuestiones centrales  de los estudios culturales. Y que ello era una práctica teórica de largo alcance. Y también y fundamentalmente, disponerse a unir el psicoanálisis y la teoría social o abrir la puerta del inconciente a la complejidad de las relaciones sociales. ¿Qué nos dice Hall?
De nuevo, no hay espacio aquí sino para empezar a enumerar los adelantos  teóricos que se hicieron mediante los encuentros con el trabajo estructuralista, semiótico y post estructuralista: la innegable importancia del lenguaje y de la metáfora lingüística para cualquier estudio de la cultura; la expansión de la acción de texto y textualidad, ambos como fuentes de significado, y como eso se escapa y pospone el significado; el reconocimiento de la heterogeneidad,  la multiplicidad de significados, de la lucha para cerrar arbitrariamente la semiosis infinita más allá del significado; el reconocimiento de la textualidad del poder cultural, de la representación misma, como sitio de poder y de regulación; de lo simbólico como fuente de identidad. Estos son adelantos teóricos enormes, aunque naturalmente, los estudios culturales siempre se habían ocupado de cuestiones de lenguaje (el trabajo de Raymond Williams mucho antes de  la revolución semiótica, es central aquí).. .(Hall, 2010: 59)
Fueron, entonces líneas simultaneas de despliegue teórico que fueron constituyendo una trama de pensamientos críticos, cuyos sentidos, significados, significantes, códigos y formaciones discursivas parecieran  poseer  un poder de fuego suficiente, como para nutrir esa guerra de posiciones que tanto demandaba Gramsci y que Hall recupera a lo largo de este libro. La metáfora de guerra de posiciones no lo abandona un instante y ella termina por convencer acerca de la necesidad o la urgencia de nuevas y renovadas lecturas de Nino Gramsci, aquel hijo de Francesco Gramsci,  allá en la Italia del sur meridional. Allá tiene la cabeza permanentemente Hall, con Gramsci, lidiando entre la tensión entre lo político y lo teórico: “Si uno pierde el control de la tensión, se puede realizar un trabajo intelectual excelente, pero se habrá perdido práctica intelectual como política.”(Hall, 2010: 60) Y no se trata de juntar trabajo intelectual con trabajo académico. Ello tampoco resuelve la tensión:
Me devuelvo a la teoría y a la política, la política de la teoría. No la teoría como la voluntad de verdad sino la teoría como un conjunto de conocimientos  disputados, localizados, coyunturales que tienen que debatirse  en una  forma dialógica, pero  también  como práctica que siempre piensa acerca de sus intervenciones en un mundo donde produciría alguna diferencia, donde tendría algún efecto (Hall, 2010: 63)
Hall ha fijado su punto y ello lo distingue de otros cultores de la crítica de  los estudios culturales. Habrá quemado las naves y en ningún texto de Sin Garantías dosificará o relativizará la cuestión señalada anteriormente. Se habrá domiciliado en la seriedad del trabajo intelectual…pero para producir una diferencia en el mundo. Y eso no es poca cosa, por estos territorios, decimos nosotros, en éstos tiempos de derrota y de pesimismo de la voluntad:”pero necesitamos trabajar como si nuestro trabajo fuese el mejor que podemos ofrecer, necesitamos trabajar con la presión tras nosotros. Y esto, pienso yo, es lo que constituye lo que he llamado nuestra modestia”(Hall, 2010: 66) No es poca cosa esta declaración y por ello va aumentando la idea de estar ante uno de los grandes referentes teóricos del pensamiento critico social. Y esta apreciación que podía estar predispuesta por  una  cierta autoridad canónica respecto de la lectura de los consagrados, se va constituyendo parsimoniosamente cuando Hall introduce cada uno de sus grandes temas. Y lo hace sin aspavientos. Con sabiduría para decir lo complejo y lo que importa, en frases atendibles y plenas de sentido:
El problema es que se asume que la teoría consiste en una serie de paradigmas cerrados. Si los paradigmas se cierran, por supuesto que los nuevos fenómenos van a ser bastante difíciles de interpretar porque dependen de nuevas condiciones históricas e incorporan elementos discursivos novedosos. Pero  si  entendemos  el quehacer  teórico  como un horizonte abierto, que  se mueve dentro del campo magnético de algunos conceptos básicos, pero que se aplica constantemente a lo que hay de original y novedoso en las nuevas formas de práctica cultural y reconoce la capacidad de los sujetos para reubicarse a sí mismos de formas distintas, entonces uno no está necesariamente tan derrotado. Es cierto, los grandes discursos de la Razónclásica y del sujeto o actor racionalista tienen mucho menos poder explicativo ahora que el que tenían antes.
(Hall, 2010: 76)
Para ello Hall nos señala, de entrada, que su posición es clara y diáfana. Se ubica desde la posición enunciativa de la crítica marxista. Y quiere desde allí desplegara el poder de fuego del cual hablábamos anteriormente. Pero ha elegido unas colinas elevadas que otros no habían  ocupado. Y ello nos deja en el punto central del libro “El problema de la ideología: el marxismo sin garantíasHall dice:
Al revisar brevemente algunas de estas cuestiones, quiero poner de relieve no tanto la teoría, sino más bien el problema de la ideología. El problema de la ideología es dar cuenta, dentro de una teoría materialista, de cómo surgen las ideas sociales. Necesitamos entender cuál es su papel en una formación social particular, así como para configurar la lucha por cambiar la sociedad y abrir el camino hacia una transformación socialista de la sociedad. Por ideología me refiero a los marcos mentales —los lenguajes, los conceptos, las categorías, la  imaginería del pensamiento y  los  sistemas de  representación— que  las diferentes clases y grupos sociales utilizan para entender, definir, resolver y hacer entendible la manera en que funciona la sociedad. (Hall, 2010, 135)
Hall señala que la  tarea de desentrañar la teoría la asumieron con  seriedad y que nada pudo existir que se pareciera a un cierto “populismo teórico”. La ideología estaba en el medio del desafío y la ideología estaba en el medio de la cultura. Y la cultura había solo un epifenómeno en el despliegue del marxismo tradicional. Ya la metáfora base/superestructura, no resistía mas “determinaciones en  ultima instancia” para sustentar las polémicas que el marxismo necesitaba seguir desarrollando y la sola mención a  ese argumento estaba  creando mas problemas de lo que intentaba resolver. Por ello la necesidad de situarse nuevas colinas teóricas:
El problema de la ideología, por lo tanto, se refiere a las maneras en que ideas de diferentes tipos sujetan las mentes de las masas y, de ese modo, llegan a ser una “fuerza material”. En esta perspectiva más politizada, la teoría de la  ideología nos ayuda a analizar cómo un grupo particular de  ideas  llega a dominar el pensamiento social de un bloque histórico, en el sentido de Gramsci; y, de esta manera, ayuda a unir tal bloque desde dentro, así como a mantener su predominio y liderazgo sobre la sociedad. El problema de la ideología está especialmente relacionado con los conceptos y los lenguajes del pensamiento práctico que estabilizan una forma particular de poder y dominación; o que reconcilian a la masa del pueblo con su lugar subordinado en la formación social y la acomodan en él. También está relacionado con los procesos a través de los que surgen nuevas formas de consciencia y nuevas concepciones del mundo, que mueven a  las masas del pueblo a  la acción (Hall, 2010, 135)
Fijemos la atención en la secuencia que establece Hall: la ideología puede ser una fuerza material y ese grupo particular de ideas puede llegar a ser un bloque histórico…la ideología son conceptos y lenguajes…que estabilizan poder…que reconcilian a la masa con un lugar subordinado y son nuevas formas de conciencia que llevan a la acción. Este es el despliegue, a nuestro juicio, fundamental de Hall y que el libro quiere establecer como la principal cuestión a desarrollar. Ello determina  la estructura de sentido de Sin garantías. No hay  seguridad respecto de si la emancipación que quiebre  las alienaciones se produzcan o no. El presente es contingente y en el opera el contextualismo radical. Ello porque, como dicen sus editores
Hall sigue tomando muy en serio las implicaciones de esta perspectiva (marxista) para intentar desarrollar una conceptualización materialista de la cultura que, sin embargo, no caiga en el  reduccionismo económico. Podemos decir, en ese sentido, que Hall se moverá en el terreno definido por Marx a partir de tres opciones axiomáticas: la histórica, la materialista y la “voluntad de praxis”. Frente a la primera, su planteamiento consiste en subrayar que los análisis no sólo deben dar cuenta de los procesos constituyentes de la realidad histórica sino también notar las especificidades que lo diferencian de otros momentos y épocas históricas. Esta historicidad del análisis es un rasgo fundamental de su trabajo que ha sido definido como “coyunturalista”. A  su vez,  la opción materialista  afirma que  las  condiciones materiales de existencia son fundamentales en las explicaciones de la vida social pero ellas no pueden continuar circunscribiéndose a “lo económico” como fueron presentadas por  las  lecturas dominantes del marxismo determinista. Sin duda, la especificidad de la labor intelectual de Stuart Hall está dada por una manera de enfrentar diferentes problemas teóricos evitando cualquier tipo de pensamiento reduccionista.  Hall, en efecto, cuestiona tanto el economicismo de un marxismo ortodoxo como también a los reduccionismos textualistas o  culturalistas del pensamiento postmoderno o de  algunas vertientes del pensamiento postcolonial. (Hall, Editores, 2010: 10)
Aquí está,  a nuestro juicio, la posición de Hall que  construye un camino  que reestablece o podría ayudar a reestablecer la confianza en  la construcción de una propuesta política cultural, que haciendo pie en esa guerra de posiciones y en la posibilidad de un trabajo de práctica teórica que aúne la pedagogía  popular, y que permita un lento, pero seguro  tránsito de imaginación de la hegemonía paradigmática para acometer cada  situación contextual con las armas de la critica y la voluntad de la praxis.
SIN GARANTIAS, NUEVAS COLINAS TEORICAS.
¿Qué destacar de un gran libro para que no se convierta en un resumen, que indudablemente supera nuestras capacidades? Aparte de lo ya dicho, el libro desarrolla tres temáticas de relevancia contingente: Contribuciones a la teoría social: no-esencialismo, hegemonía e ideología. Aquí el autor desarrolla la imprescindible necesidad de construir una teoría social que haga abandono de toda suerte de esencialismos, que suponga destinos manifiestos o determinaciones de variado giros, que congelen la realidad y la dejen sin final abierto. Ello esta en las antípodas del pensamiento de Hall. Por el contrario, políticas constructoras de hegemonía, que articulen las diferencias en  función de una construcción ideológica hegemónicas pueden establecer la posibilidad de conseguir las transformaciones de la realidad. Para ello, el trabajo teórico debe ser circunstanciado, contextual y coyuntural. Otro autor, inspirándose en Hall (Grossberg: 2006) dirá que hay necesidad de establecer un contextualismo radical y por allí agrega situacional. Los editores dirán que Hall esta orientado a la praxis  y tienen razón. Prosigue Hall con Raza y etnicidad, que es un componente clave en el libro, no solo porque es la parte mas conocida de la obra de Hall, sino porque irrumpe señalando la necesidad de imaginar y trabajar las nuevas etnicidades. Pero despliega todas las baterías para desencajar la ideología d e la raza y el racismo. No solo del explicito racismo que es fácil de identificar , sino del otro, de aquel que se solapa en la naturalización de las relaciones sociales de la cotidianeidad y adquirió fuerza histórica cunado se desplegaron las  construcciones ideológicas de nación, pueblo o ciudadanía, que ocultan el  descomunal etnocidio cultural que el fenómeno desarrolla por allí por donde se despliega impunemente. Imposible no asociar esta propuesta de  Hall con las propuestas de muchos autores, que señalan que la tarea de las tareas en descolonizar el imaginario de los subalternizados. Para Hall esta tarea no  solo es de práctica teórica sino de práctica política. Es también una practica política y teórica concebir un nuevo estatuto  para el concepto de etnicidad:”Si el sujeto negro y la experiencia negra no son estabilizados por la naturaleza o por ninguna otra garantía esencial, entonces tiene que ser que están construidos históricamente, culturalmente, políticamente —y el concepto al que se refiere esto es el de “etnicidad” (Hall, 2010, 310 )Con ello está inaugurando una posibilidad histórica de construir nuevas etnicidades, alejadas del esencialismo y sobre todo de final abierto a sociedades que quieran ser profundamente democráticas. Todos estamos en condiciones  de mirar y reconocer nuestras etnicidades y con ello, de mirarnos en la diferencia y auscultarnos en una etnografía mutua. Y ello puede ser un ejercicio de sanación comunitaria entre diferentes e iguales.
Finalmente desarrolla sus alcances respecto de la multiculturalidad. Para ello, no abandona Inglaterra de la Thachter. No olvidemos que por esos mismos momentos Thompson estará viviendo su  proyecto  anti nuclear,(Guerra de las Galaxias) también profundamente implicado por el contexto de la Europamovimientista. Dicen los Editores y estamos de acuerdo, después de leer a Hall:
Sus distinciones  entre  el  término  “multicultural”  como  adjetivo que “describe  las  características  sociales  y  los problemas de  gobernabilidad que  confronta  toda  sociedad  en  la que  coexisten  comunidades  culturales diferentes  intentando desarrollar una vida en común y a  la vez conservar algo de su identidad ‘original’”, y “multiculturalismo” entendido como “las estrategias y políticas adoptadas para gobernar o administrar los problemas de la diversidad y la multiplicidad en los que se ven envueltas las sociedades multiculturales” con su variedad de distinciones: conservador, liberal, plura-lista,    comercial,  corporativa y  crítica-radical  (Hall 2000: 210), permiten observar la simultanea localidad y globalidad de los momentos actuales, y de las posturas, contestaciones, contradicciones, acciones y respuestas. A estos términos podemos añadir la “interculturalidad” que, desde Latinoamérica, viene  jugando un papel  importante en  las conceptualizaciones, políticas y prácticas —desde “arriba” y desde “abajo”— en torno a comunidad, sociedad, estado y nación, destacando a la vez sus formulaciones tanto “funcionales” como “críticas”(Hall, Editores, 2010: 11).
Si a lo anterior agregamos insistentemente  la posibilidad de construir una nueva noción de etnicidad que haga pie  en la aseveración de Hall:
La  izquierda no debería  temer este asombroso regreso de  la etnicidad. Aunque  la etnicidad sigue siendo, en muchos  lugares, una fuerza reaccionaria de sorprendente adaptabilidad y poder, sus nuevas formas se articulan políticamente en una dirección distinta. Con “etnicidad”, nos referimos al extraordinario retorno a la agenda política de todos esos puntos de apego que dan al individuo un sentido de “lugar” y de posición en el mundo, referidos ya sea a comunidades particulares, localidades, territorios, lenguajes, religiones o culturas. En estos días, escritores y directores de cine negros rehúsan restringirse a sólo dirigirse a sujetos negros. Sin embargo, insisten en que otros reconozcan que lo que tienen que decir se origina en historias y culturas particulares, y que todos los seres humanos hablan desde posiciones insertadas en la distribución global del poder. Ya que estas posiciones cambian y se modifican, siempre hay un compromiso con la política como una “guerra de posiciones”.(Hall, 2010: 498)
En este párrafo, nosotros encontramos suficiente fundamentos para reestablecer una mirada crítica sobre nuestros profundos procesos de mestizajes, viejos y nuevos, que son parte de esos nuevos tiempos que plantea Hall. Con las nuevas etnicidades como proceso democráticos, es decir los desafíos que debemos enfrentar en torno a una sociedad multicultural, que vive en interculturalidad y que procesa todos sus mestizajes, incluidos aquellos  que están en el recuerdo por las memorias orales e históricas y por aquellos que se están suscitando contemporáneamente. Sin lugar a dudas la lectura de Sin Garantía de Hall se posiciona en una nueva colina teórica y en Amerindia será un texto de consulta permanente.
                                                                                  Alejandro DIAZ
Coliumo, Concepción.
24 de Octubre del 2010

Alejandro Diaz

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