BIOBIO MAULINO: TERRITORIO E IDENTIDAD EN DISPUTA.



(…) El pasado es siempre conflictivo. A él se refieren, en competencia, la memoria y la historia, porque la historia no siempre puede creerle a la memoria, y la memoria desconfía de una reconstrucción que no ponga en su centro los derechos del recuerdo (derechos de vida, de justicia, de subjetividad).Pensar que podría darse un entendimiento fácil entre estas perspectivas sobre el pasado es un deseo o un lugar común (…)

Beatriz Sarlo[1] Tiempo pasado, cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión.

El Biobío ha sido un territorio de derrotas, cuando se mira desde el Sur. Cuando se mira desde el Norte y desde Santiago, allí se han sucedido los combates ganadores de la “independencia” y del fin de la anarquía. Prieto en Concepción y Portales en Santiago festejaron juntos el fin de la guerra a muerte contra los insurrectos mestizos e indígenas de las Lagunas de Valvarco y Epulafquen. Los mestizos labradores perdieron la guerra económica y perdieron la “guerra de la independencia”. También perdieron la “guerra de la industrialización”. El Sur aquí también perdió frente el norte y éste se quedó con el poder. El norte es Santiago y su clase patricia oligárquica, que vive junta en las manzanas del damero español y que se han hecho de tierras en sus alrededores. En ese vecindario surgirá el Estado, tanto de factura colonial como republicano: los dos patricios. Para el Biobío, la historia con este centro ha sido un largo itinerario de derrotas y en ese camino su identidad resultó lastimada. Pero fundamentalmente, aquí, como en todo el mundo colonial de América, la principal derrota fue la incapacidad para advertir que estaban siendo clasificados como inferiores en la matriz dominante colonial, que consolidaba y preparaba los territorios para la dominación de la matriz mercantil capitalista y de la modernidad periférica occidental.

La identidad de los labradores mestizos se expresa en cada hebra y en cada punto de este territorio. Esta identidad es un poncho impregnado de lluvia y barro, con hilos colgando por el trafago de bosques y trillas. Por supuesto, tiene muy poco que ver con aquella mantilla “huasa” del valle central que sofisticada en cada vuelta de hilo, fue quedando como artículo de lujo para ser exhibido como atributo de riqueza por el patricio hacendal en cada rodeo de utilería. Es poco probable que el poncho sea exhibido como vestigio o como curiosidad turística o patrimonial. Sigue cumpliendo su función de vestimenta por los campesinos del Sur de Chile, como hace 500 años lo adoptaron los mapuches. Detrás de cada poncho y de cada objeto campesino se sospecha la urdimbre de múltiples memorias y esas memorias que nos recuerda Sarlo en el epígrafe, entran a cada instante en contradicción con la historia académica y más aun con la historia oficial. La larga historia de un país distinto ha sido recortada y en cada recorte, se cercena la memoria de sus sujetos. Al final, el país del Biobío, aquel que recuerdan los cronistas viajeros, con manzanos en sus calles y con gente cálida que alternan de mate en mate, se perdió en la noche de los tiempos oficiales. El país del Biobío desapareció como un algo distinto, diferente y con ello perdió el cuerpo social de lo que hoy día es Chile.

En los tiempos de las dictaduras y sus efectos traumáticos, que son hoy, aún nuestros tiempos, se nos ha señalado que después de las guerras internas se produjo el borramiento de las experiencias sociales de los pueblos que terminaron siendo víctimas. El resultado final de los mestizos labradores del Biobío, desintegrados como campesinos, fue también el ser parte derrotada de una guerra de exterminio, la guerra a muerte. Con ello, también se produjo el borramiento de las reivindicaciones regionales del país del Biobío.

Pero la memoria y la historia, como el Biobío, Maule y la Laja, son, deben ser, afluentes de un solo torrente de recuperación histórica de las identidades silenciadas, que pugnan por expresarse en cada localidad y en cada singularidad de la territorialidad natural y socio cultural de los espacios Biobense, mil veces reconfigurados desde Valdivia hasta hoy. Sin embargo, un periodo de ese tiempo, el los labradores mestizos es de imprescindible vigencia.


[1] Beatriz Sarlo, Tiempo pasado: cultura de la memoria y primera persona – 1a ed. – Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2005.

Alejandro Diaz

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