EN DEFENSA DE LA CAPUCHA O EL OTRO QUE QUEREMOS OLVIDAR



La creatividad en sus manifestaciones pacíficas me altera. Y no crean que pertenezco a grupos organizados como el cordón, el colectivo, el grupo autónomo o quizá que otra sigla han inventado para tratar de hacerse pasar por excluidos. Ellos son los verdaderos infiltrados. Ni siquiera conozco la palabra ideología, no me interesa ser el objeto de análisis de los sociólogos. Soy flaite y punto.

Ustedes podrán esperar, “perder el año” le llaman, pero yo… Yo perdí una vida entera sin saber por qué.

Para ustedes, la toma es una anécdota. Para mi familia fue la forma de ganarse un terreno.

A ustedes los disuelven con lacrimógenas, a nosotros con balas. No en el centro, claro, sino en la periferia, en ese punto de la ciudad donde las estadísticas no llegan.

El cartón con el que imitaron un guanaco hubiera forrado la pared de mi casa. De eso hablo. Jamás nos entenderemos porque habitamos mundos extremos.

Así que no intentes controlarme, ni por la razón ni por la fuerza. Soy el anti lema. Soy el frankestein del cual ningún científico social quiere hacerse responsable. Soy la cara oculta, la capucha.

Peleo piedra a piedra, no como esos niñitos que juegan a poner bombas. Cuerpo a cuerpo… no tengo nada que perder.

La vida dirán algunos…

NI SIQUIERA ME CONOCEN, MI VIDA NO VALE NADA.

Alejandro Diaz

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