A PROPÓSITO DE HIDROAYSEN… Notas de una tesis de Magister PUC Instituto de Estudios Urbanos, 1995. p. 13 a 17. (Tesis ya casi olvidada, pero cuando miles marchan por las calles de Santiago y miles más lo harán en el futuro, entonces, a lo mejor sea muy bueno recordar y sea muy buen recordar para luchar) 1. El desarrollo sostenible. El concepto de desarrollo sostenible está permitiendo el desarrollo de una nueva conceptualización que recién comienza a cursar una generación de nuevos enfrentamientos metodológicos para los problemas de la pobreza y del mejoramiento de los niveles de calidad de vida de vastos sectores y asentamientos humanos de la realidad latinoamericana. Ello podría desarrollar una influencia en diversas escuelas de pensamientos que influyen en la creación de estilos y estrategias de abordaje de los problemas del desarrollo. Ello, en tanto la concepción de desarrollo sostenible ha permitido una cualificación y enriquecimiento del pensamiento y de la práctica del desarrollo, (Brahms, 1992) posiblemente, en sus dos problemas centrales la pobreza y el deterioro del medio ambiente. Cuando la Comisión Brundtland señala en su informe de 1987, Nuestro Futuro Común, que el desarrollo ha de ser sostenible en tanto » satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las propias «, estaba colocando una relación de compromiso entre las metas de la política de desarrollo y las de una protección adecuada del medio ambiente… 2. La «utopía medioambiental» como fuente generadora de nuevos paradigmas. La concepción de desarrollo sostenible está hoy día alimentando diversas prácticas sociales de instituciones, gobiernos y comunidades que ensanchan la comprensión de sus problemas de hábitat y calidad de vida, a resultas de una corriente de pensamiento que cruza las fronteras ideológicas y se perspectiva como la generación de una nueva «utopía» que nutra las fuentes ideológicas del hombre del siglo XXI. En este sentido nos encontraríamos a las puertas de un cambio global de paradigma y no en los fines absolutos de las ideologías. En efecto, la “muerte de las utopías”, ha puesto una suerte de losa escéptica y racional sobre las ideas que busquen o se inspiren en la trascendencia del hombre, o en la posibilidad de cambios societales, para la construcción de una mejor humanidad. La misma idea de modernidad ha sido secularizada, a impulso de un cierto «ethos» cultural neoliberal, quedando en las circunstancias presentes ya poco espacio para las vivencias de sueño, inspiradores de grandes utopías que alimenten proyectos de vida individuales y colectivos. Pareciera que la matriz de relaciones sociales y culturales, hubieran sucumbido, finalmente a una determinación, en donde esta última signara un deber ser objetivo y de tecno cientificidad que ineluctablemente ubica a todo el planeta en la dirección de un mercado todo poderoso, asignador de roles y legitimador de funciones, para un mundo de » competencia perfecta» y quizás…y quizás en el fin de su historia….En esta intrincada trama de pérdida de certezas y de incesante aparición de incertidumbres, la temática medio ambiental y ecológica, irrumpe en la historia humana como una crítica radical a la relación de los hombres y sus sistemas sociales, con la naturaleza y sus eco-sistemas, en tanto esta relación está pervertida hasta el punto de colocar al hombre y al planeta, en la antesala y ahora sí, de un final gradualmente apocalíptico. Fin total y absoluto de su historia. Y esta crítica radical, se transforma, entonces en un último bastión de humanismo, que engañosamente tildado de minusválido ideológico, ha visto pasar por su lado, las aguas turbulentas de los conflictos ideológicos de fines del siglo XX, sin ser considerado un interlocutor digno de participar en estas discusiones globales y fratricidas de la época actual…Tal tiempo de marginalidad para la profundidad de la crítica medioambiental parece haber llegado a su fin. Su ausencia en el conflicto este-oeste, no pareciera repetirse en el conflicto de los próximos años, que quebrará la aparente uniformidad global del mundo, cada vez más a un norte y a un sur planetario, cuyo objeto de disputa ideológica y política tenderá a realizarse sobre el centro estratégico de las particularidades fenomenológicas y materiales de la ecología y del medio ambiente. Además de producirse una irrupción del Tercer o Cuarto Mundo de marginalidad al interior del mundo desarrollado, que también provoca hoy día otro tipo de confrontación, esta vez en el seno de las ciudades de los países desarrollados. Tales conflictos y confrontaciones ya están en desarrollo. Pero una vez más y al igual que en anteriores conflictos de la humanidad, los actores de tal confrontación, llegan con diferenciales y desiguales grados de acumulación de poder cultural para participar en ella. Por una parte, las fuerzas materiales y teóricas de la ideología del crecimiento neoliberal… ya han construido los sistemas de cooptación y transformación productiva del problema ambiental, de forma tal, que cualquier signo de radicalidad inicial ya haya sido despojado de peligrosidad antisistémica. Y por otra parte, los que albergaron expectativas de hacer de la ecología un ariete antisistema han derivado en corrientes, que finalmente el propio sistema (en donde originalmente nacieron) se encarga de neutralizar y adocenar, a modo de contradicción que es finalmente regulada, en la perspectiva de una progresión general y coherente de la acumulación capitalista. 3. La Utopía medio Ambiental en América Latina. Si lo anterior, reflejara de manera aproximada, la larga marcha de la ecología en el norte del planeta, cabe hacerse la pregunta, respecto de como se desarrollará la marcha de la ecología en el sur del planeta y en particular para nuestra región latinoamericana. Sin lugar a dudas, que los procesos de aculturación del problema medio ambiental en la región latinoamericana, tienden a seguir las lógicas de como éste se ha desarrollado en el norte. Y si hay rasgos específicamente latinoamericanos, éstos dicen relación de manera primordial, con la singular variedad de experiencias histórico-sociales que han fracasado en las tareas de articular cambio social con desarrollo, lo cual, a fin de cuentas, deja a estas sociedades poco aptas para la reconstrucción de utopías alimentadoras de proyectos societales. Y en esta situación, la crítica radical de la ecología y del medio ambiente, se encuentra con escasa energía social disponible para articularse en proyecto político para un cambio posible. Y a contrario sensu, si hay un terreno propicio para integrar una vez más, la » contradicción ambiental» a la lógica regulativa del capital. Es por ello, que la discusión y la construcción social y cultural que haga la ecología y las conceptualizaciones medio ambientales en Latinoamérica, deberá proponerse la tarea, larga y profunda, de desarrollar los «compromisos históricos» del continente. Es decir, aquellos compromisos constructores de utopías en las tierras latinoamericanas, que a lo largo de extensos períodos históricos, han hecho referencia a temas casi ancestrales de justicia social, democracia, participación popular, que en otra larga marcha , han sedimentado una cultura de cambio social, como posible y necesario. Es decir justicia y participación en los bienes de la naturaleza y de la sociedad. Así…La ecología no es ni puede ser un tema secundario en América Latina, sobre todo, si se tiene en cuenta, que la preservación de la naturaleza, tiene que ver, antes que nada, con la sobrevivencia material y cultural de la mayoría de los habitantes del Continente ( Mires, 1990 : 9 ). 4. El neoliberalismo como actor ambiental. Deberíamos señalar, que en América Latina, el neoliberalismo ultra -radical, ya ha hecho una opción con respecto a la naturaleza: tomar todo aquello hasta donde sea posible, hasta aquel punto de reacción de cada sociedad. Y antes de este punto de reacción, utilizar todo el peso del sentido común legitimador de la utopía capitalista en desarrollo, hasta probablemente un nuevo punto de inflexión paradigmático que neutralizará el salvajismo de su depredación, y que nutrirá los sentidos culturales y humanistas del hombre del siglo XXI. Mientras tanto, Latinoamérica, no debiera esperar otra cosa que depredación solapada o institucional, en una suerte de gran chantaje proveniente del capital financiero. El cual no solo desordena los ambientes naturales, sino que también da sentido y reordena territorialmente los asentamientos humanos, designándoles roles y funciones, dignos de una exacerbada «planificación social totalitaria». Puesta así las cosas, en un ejercicio de deliberada polarización, el cuadro descrito anteriormente, no debería ser muy extraño como probable escenario latinoamericano en el cual se jueguen las discusiones medio ambientales del futuro próximo… 5. Las perspectivas para la imaginación del «otro desarrollo».Desde otra perspectiva, los temas en debate, medio ambiente y desarrollo, tienen la posibilidad de abrir un curso distinto de acción y creación cultural que premunido de la crítica ambiental, restituya el humanismo y las posibilidades de realización humana en armonía con sus ambientes naturales y construidos. En definitiva, un enfrentamiento distinto, que rearticulando los sentidos sociales, políticos, culturales y antropológicos de Latinoamérica, pueda contener la posibilidad de recrear un sentido común, defensor de la vida y la naturaleza, con toda la profunda radicalidad que ello significa para las condiciones latinoamericanas. En la región, la vida actual y futura de la población no está asegurada. Y la vida actual y futura de la naturaleza tampoco lo está. Y ello no puede ser de otro modo, en tanto los pequeños países periféricos de la Región, siguen reproduciendo persistentes condiciones de pobreza, explotación y dominación, las cuales en forma consecutiva y acumulativa, condicionan negativamente las posibilidades de desarrollo, obligando a la venta primaria de los recursos naturales. (Leal, 1989: 5) La disgresión anterior, representa de manera general, el punto álgido del llamado conflicto norte-sur, que dará perfil y sentido a las próximas tensiones mundiales. Los países periféricos, expresan con más o menos fuerza, la necesidad de un espacio político, autodeterminado en una comunidad internacional interconectada, pero también polarizada por situaciones de inestabilidad entre factores de poder político, económico y militar y en forma creciente por el modo de como se resolverá el tema las responsabilidades nacionales respecto del problema ambiental del Planeta. La exigencia, demanda o respetuoso tono de voz de estos países, no expresan otra cosa, que la solicitud de ordenamiento económico y ambiental internacional, que haga posible, por lo menos la existencia de factores objetivos y tangibles que expresen una tendencia a la superación de la pobreza y la miseria. En tanto ella es consecuencia de un estilo de desarrollo que vertebralmente exige el deterioro ambiental y es probable que esa misma pobreza, sea factor legitimador de ese estilo de desarrollo, al ser social y culturalmente incapaz de oponer una alternativa políticamente eficaz. Y es en este contexto, que la preocupación desde un punto de vista estructural por las posibles estrategias de desarrollo, deba necesariamente detenerse en un punto, que permita reubicar las conciencias individuales en una urdimbre de energía social colectiva, que recapturando algo de los sueños colectivos latinoamericanos, permitan rearmar una utopía para un cambio posible. Utopía que siendo comprensiva de los desarrollos históricos, ubique la continuidad de la especie humana en una progresión ética de responsabilidad hacia las generaciones futuras. Así, hoy día entre los llamados modelos de teoría del mercado y los paradigmas ya concluidos o en crisis terminal de las economías centralmente planificadas, existe una suerte de vacío » utópico» que en las condiciones latinoamericanas, tiene estrecha relación con la necesidad de asumir las contradicciones de los ambientes naturales y construidos, en tanto en ellos se albergan los «ausentes» y sus necesidades, fundamentalmente su necesidad de participación. Desde una crítica radical ambientalista, es base energética insustituible para cualquier proyecto político social y ciertamente para un Proyecto Político Social Ambientalista. Sin lugar a dudas, que esto último, va estrechamente unido a la construcción de sentidos utópicos que reconstruya la energía social y política, condición insustituible para un desarrollo sostenible.
Alejandro Diaz

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