JOSEFA – BASE AREA MAQUEUE …AQUI SE REZA Y SE LLORA

Yo pensé que todos sabían… Y por eso quiero contar. Contar lo que somos, lo que quisimos ser, lo que finalmente fuimos y en lo que nos hemos convertido. Quizás no me alcance la vida, pero hoy es hora de empezar. Les quiero contar mama y papa, que hace años, en una primavera como hoy, pero allá en el sur, en los pueblos y campos del Sur, un grupo de muchachos y chicuelas como tú y como yo, queríamos y soñábamos…Mucho de nosotros, recorríamos las calles polvorientas de nuestros pueblos, y empezábamos a construir nuestros proyectos de vida y a soñar y en no pocas oportunidades también teníamos miedo de lo que venía…

Y en un segundo…padre nuestro

Y en un segundo, el silencio y en un segundo el tiempo detenido llenó un segundo esperando y en un segundo tu manos atadas, y en un segundo tus ojos cerrados por la venda y en un segundo la desnudez de tu cuerpo en el silencio de la sala, y en  un segundo el golpe demoledor en tus pechos y tu caída en las tablas llenas de sangre pretérita, que no es la tuya y estas sin aire en la oscuridad total y completa de la tortura infinita. 

Y nuevamente otra y otra vez  y tu rostro en el piso de madera y las patadas que tu esmirriado cuerpo recogía una  y otra vez. Y a lo lejos… el lúgubre y persistente sonar de las aspas  de los helicópteros……. 

 Y en un segundo amarrada en un trípode de palos, llenos de aceite de motor de una tarde de sol de octubre en la base área de Maquehue…y en un segundo, una tarde con los brazos en alto hasta que el sol se puso y los pies ya no se sostuvieron en nada y lo arrastraron hasta la celda, donde otros 29 cuerpos se quejaban y se palpaban las heridas.

Padre muestro que estas en el cielo rezaba un pastor

Y las heridas eran carcajadas sarcásticas que la vida te lanzaba… y se confundían a lo lejos con las carcajadas de tus torturadores, que concluida la jornada laboral cual funcionario publico, marchaban presurosos a la llamada  del  rancho. Yo les mostraba la estación del pueblo donde terminó el latifundio…verdad que  no es la misma. Antes era otra cosa. Por allínos  asomábamos  el mundo  de la redención social y cada tren era esperanza en la palabra que nos esclarecería y en ese mundo metíamos nuestros rostros. Rostros de jóvenes y chiquillas con títulos profesionales que cargábamos en las mochilas las palabras de la revolución .

Y los viejos libros de tapas negras y editados en un lugar lejano, se balanceaban en mis manos…comprendí o soñé que entendía que las angustias de la vida, no sólo se expresaban en una olla sin comida o en una Pascua huérfana de afectos con una  radio  a pila sintonizada en un Neuquélejano  desde el lejano Quemchi chilote. Camine todo el pueblo, yo la Josefa, con sus 12 cuadras que eran mi nuevo mundo de los campesinos la reforma agraria y la revolucion  y admire aquellas casas de madera y zinc, de madera podrida y latas enmohecidas que habían sido parte de una mejor época, es decir de cuando los durmientes bajaban de los bosques pétreos de los mapuches y quecaminaban en forma interminable hasta el ferrocarril y que en forma invariable a 15 pulgadas de intervalos, se acostaban para sostener los rieles que  avanzaban hacia el sur de chile, con los viejos arboles dertumbados de roble, de pellin, de lingue, de tepa. Los que vivían en los campos recién colonizados también construían sus casas, de madera pétrea pero que se recubrían con los arabescos infinitos en el zinc  a veces corrugado, a veces liso, a veces ojival. Cuarenta años pasaron y la madera se pudrió El zinc se enmoheció: 40 años y el bosque  se perdió y el pueblo murió. Y tambien se olvidaron a los viejos chilotes que, dicen mis padres, que marcharon a la tierra de los durmientes del ferrocarril y que se quedaron enredados en las montañas de Coñaripe, Neltume, Calafquen, Panguipulli y que nunca mas volvieron a la isla y que yo creo ver cada vez que camino por este pueblo, mi nuevo  pueblo de la reforma agraria  y sus consejos campesinos y el socialismo que llegaría en su dimensión comunitaria para reencontrarse con las tribus ancestrales y  con nosotros…

Varias familias habitaban  la antigua casona, inquilinos despedidos porque  venía una reforma agraria y eran alzados y  había que vender rápido…porque se  podían tomar el fundo …estos rotos e indios alzados …decían los patrones …otros venían de las montañas amenazados por los camioneros y patria y libertad, algunos expulsados de las parcelas que arrendaban, después de participar en el Consejo Comunal Campesino…

Los alzados  habitaban esa casa rara en un ambiente de pueblo extraño… Y atravesé el recuadro de una vieja puerta de colores indefinibles, hacia   una habitación casi desnuda, con  una mesa dura, de mantel plástico con flores de maravillas, con una   vela parpadeante sobre los rostros campesinos de mantas de castilla, y yo con mis libros en las manos y sintiéndome inmensamente pequeña, sentí una tremenda mano que me palmoteo la espalda y a mi lado un anciano mapuche me recibió con un vozarrón emitido en voz baja…bienvenida Josefa.. Su rostro era  afectuoso y también su  sonrisa irónica que acogía mi nerviosismo y con su rostro esculpido a  hachazos, exhibía otra  sonrisa con la cual te acogía en cuerpo y alma

Arrímese por acá compañera  …y en esa compañera, me dejaba claro que ya no era aquella profesora de alfabetizacion, aquella muchacha  que enseñaba las palabras generadoras del psico social de Freire, sino que aquí éramos compañeros y  su rostro me alumbró con una tercera sonrisa a la luz de la vela. Allí descubrí a  mis alumnos dirigentes del asentamiento, transformados en hombres serios, que me guiñaban el ojo con complicidad alrededor de la mesa. Cada uno de ellos, con un lápiz  y una libreta…y mas allá en un rincón los diarios  de puños gigantes  se agolpaban empaquetados para después transitar por los bosques de lluvia y viento de los campos de Cautín  y  seguían emitiendo un dulce  olor a tinta, encima de los  caballetes y tarimas que mostraban  libros de tapas relucientes, con carteles de fin del latifundio y mas diputados para el pueblo…y en un rincon un viejo tocadiscos que runruneaba la quinta brigada de Rolando Alarcon…en los frentes de Granada ay Carmela…Ay Carmela

. – ¿te o mate? Aquí hay sopaipillas y un poquito de malicia para echarle_, desde la cocina, una mujer de pelo amarrado en cola, saludaba desde la olla de fierro agitando un espumador y  desde el hueco mas oscuro de la cocina,  destellos de la leña ardiendo  y chispas del fuego de la estufa,  queespantaban en forma intermitente las sombras y de cuando en cuando , se adivinaban y se veían niños de ojos redondos, de niños   durmiendo en el diván al calor del fuego y se olía olor a pan , olor a zopaipillas, olor a  leña y  olor a comida, y esa mujer abandono su delantal y el espumador,  me abrazo… hola Josefa … se sentó a mi lado y dirigió la reunión.

MAMA Y PAPA

He encontrado casas de nuestro pueblo como si hubieran  navegado hasta las tierras mapuches y son, como las nuestras, largas de cola, con alturas inconmensurables desde  piso a techo, con la calma de la tierra recorriendo sus largos y penumbrosos pasillos y que esparcen desde  sus cristales, muchos  de ellos ya rotos, los perfumes del bosque y jardín,  por  largas galerías que  colindan con los manzanos y los cerezos de la quinta, que tambien es patio…galerías que cansadas de ser galerías, se convierten en leñeras, se convierten en fogones, para revolcar y asar las papas en las cenizas calientes, en medio de cuentos de aparecidos y de brujos que sueltan imbunches, tambien aquí en las tierras de Cautín…

un abrazo 

Su  Josefa que los quiere mucho

Que no sea  yo…

Y en algún lugar de la celda surge de nuevo un susurro y un rumor cadencioso… padre nuestro que estás en los cielos… en un murmullo susurrante en la  esquina negra de la celda y más allá… ven aquí compañera… tienes algo quebrado…que te hicieron…te duele mucho, la voz es un susurro, que me indicaba un lugarcito entre piernas , cuerpos silentes y alaridos silenciosos… por qué cresta te trajeron…si eres una cría, de donde … como te llamas… vengan a tu reino, hágase tu voluntad así en la  tierra como en el cielo… quiere llorar compañerita… llore no mas…aquí todos estamos llorando…aquí se reza  y se llora… porque aquí se reza y se llora santificado sea tu nombre… estuvimos gritando… tengo sangre… tengo la boca salada… no quiero morir… tengo miedo …  trata de dormir trata de dormir …refriega la venda en las murallas y trata de soltártela… así …eso es ..y duerme, trata de dormir un poco…

Y luego el silencio y el zumbido de los helicópteros… 

Y nuevamente la llave en el portalón ferroso,  de la celda solitaria,  y el crujido al abrirse y todo mi cuerpo y mi conciencia deseando que no fuera yo a la  que llevaran nuevamente y los cuerpos, uno a lado del otro temblando y el crujido de nuestros temblores deseando que uno no fuera y yo, que no fuera yo, y deseando que no otra vez y el portalón, abriéndose lentamente con el crujido espantoso de las puertas de fierro y deseando que no fuera yo y con los músculos contraídos y con los ojos tratando de perforar la venda, intuyendo la luminosidad del hueco de la puerta, adivinando el punto luminoso en la oscuridad de la venda, en la oscuridad de la celda, en la penumbra de mi conciencia y buscando un gran oasis, para protegerme para arrullarme y qué lindo era cuando pescábamos en Quemchi y cuando  mi primer salmón , en el Lago Calafquen y después los salmones en el rio Cruces , después de enfardar el pasto en el asentamiento y después el asado con los peñis,   debajo de los aromos floridos, esos mismos que vio Neruda, en el río, entre el río y el estero  y el regocijo y el orgullo inmenso cuando el salmón saltaba encima de las piedras en una tarde de verano, que  parecía  ya hace mucho tiempo y el agua corriendo en el imperturbable curso de norte a sur, hacia allá, hacia el sur que es pura felicidad y el regreso al campamento de trabajo voluntario con el orgullo de la pesca, con el orgullo de que comeríamos trucha y salmón  y que las papas  serían de la huerta, también de la primera huerta hecha con la voluntad de la mujer profesional que asumía su campesinidad revolucionaria, como decía el padre Antonio en la casa azul de Concepción,  … por favor que no sea yo, porque tengo miedo … quiero volver a aquel río, quiero volver a oler los aromos …y el portalón  de fierro volvió a cerrarse, aprisionando la celda y las respiraciones de los cuerpos esparcidos, tronchados, gimientes y silentes en la oscuridad caliente de los cuerpos con terror y la puerta se cerró  y no llego nadie y nadie salio…Ningún nombre sonó desde los infierno del portalón…Esta vez no nos llevamos a nadie  conchas de su madre Y la llave se cerró en el candado con cadena de la puerta de fierro de los infiernos de la tierra…Y las carcajadas de varios pasos, se perdieron en la gravilla que intuíamos rodeaba a las pistas de aterrizaje y nuevamente se confundieron con los helicópteros que iban y venían sobre  el cielo del  Cautín cautivo en octubre de 1973.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *