TRABAJO SOCIAL Y MEMORIA..LAS CUESTIONES PENDIENTES

HISTORIA Y MEMORIA EN TRABAJO SOCIAL, LAS CUESTIONES PENDIENTES.
Alejandro Díaz.
RESUMEN.
Es necesaria una nueva Historia del Trabajo Social como una disciplina y profesión en Chile. Ampliamente reconocida por los sectores populares de principios del siglo, como la visitadora que recorre domicilios para sanar a los pobres, establece durante la segunda mitad del siglo XX una  provisión de nuevas metodologías e instrumentos que la hacen transitar desde la asistencialidad a la tecnocratización desarrollista y eventualmente, a criticar acerbamente este rol y proponerse un acompañamiento concientizador y crítico de los sectores populares y sociales , que sobre todo en la década del sesenta, demandan un cambio socio estructural de amplios alcances emancipadores ¿Como articular la historia actual del Trabajo Social en condiciones de capitalismo neoliberal y sobre todo como vincular la historia del Trabajador Social a los movimientos sociales emancipadores es la cuestión que insinúa este articulo.
PALABRAS CLAVES: TRABAJO SOCIAL, HISTORIA Y MEMORIA
I.         LA TRAMA SIGNIFICATIVA E IMPOSITIVA DE REFERENCIAS CULTURALES NORMALIZADORAS
Todas las disciplinas en tanto fenómeno cultural tienen la necesidad de establecer, más o menos de común acuerdo, una trama significativa de referencias culturales.
Allí en ese largo periplo de establecimiento de hitos colectivos profesionales en tanto poseedores de una identidad profesional establecen estos acuerdos para dotarse de estas referencias comunesque se renuevan y se reproducen en los procesos de transferencia de generación en generacion.
En este proceso toda la disciplina desarrolla un ejercicio que podemos identificar a partir de la generación de una matriz de características comunes.
1.     Lo primeroque podemos realizar allí es la identificación de una periodíficación que surge desde una cierta sistematización de   algunos eventos históricos, que en forma más o menos repetida se establecen como germinales hitos de referencia de la disciplina.
2.     Un segundo elementoque es posible observar el que la generación de esa matriz generativa de referencias comunes, derivadas de un cierto sentido común legitimadorque han sido construidas con el paso del tiempo y de las sucesivas generaciones disciplinarias quedan fuera de discusión y libres muy libres de cuestionamiento. Se encuentran en los textos y se reproducen también más o menos al críticamente.Por ejemplo lqa disciplina nace con la escuela y la universidad en 1925.
3.     Un tercer elemento es la creación de sujetos significativosque históricamente plantean definiciones respecto del “objeto disciplinario” y que teniendo vinculaciones con las matrices institucionales, que genera la disciplina también se integran en esta gran matriz  de referencia histórica.
Nos proponemos colocar en entredicho estas referencias que hasta el momento como verdades inexpugnables y que a lo mejor mirando de una manera distinta podemos nutrir de manera más multifacética los caminos para construir nuestra historia integrando lo que yo llamo las voces silenciadas. En otras palabras, para usar las palabras de los historiadores: es posible que podamos construir otra historia recuperando las voces silenciadas y aquellas que careciendo de identidad ni siquiera hemos imaginado.
II.         LA PRIMERA PREGUNTA…INCOMODA…¿PODEMOS REINTERPRETAR NUESTRA  HISTORIA.
Se dice que nacimos a la vida profesional al interior de la escuela universitaria Dr Alejandro del Rio y que la única responsabilidad en que aquello ocurriera derivo del hecho de la intromisión virtuosa de profesionales de la ciencia médica y lal jurisprudencia para que aquello ocurriera.
En el interior de las aulas universitarias se construye una malla curricular, de un año o dos, que es tributaria de la herencia germinal de Bélgica y EE.UU  y que con esa propuesta, muy propia de la modernidad se abre paso en tierras Latinoamérica un último bien civilizatorio Europeo: la posibilidad de intervenir en la lucha de clases por medio de la armonización entre capital y trabajo.  La relación del Dr. Alejandro del Rio, el latino,  y del Dr. Rene Sand,  el europeo establece el florecimiento de las primeras aulas de asistencia social. Se nos sugiere, sin decirlo, que la importación de profesores belgas trajeron la luz de la modernidad y que, mediante esta acción  propago un impulso civilizatorio que afectaba  directamente y en forma virtuosa la inteligencia  para el ordenamiento, de lo que hasta ese momento era pura caridad.
Desde ese momento todas las historias que no enseñaron, deambulan endógenamente por  el único camino que se supone es progresivo y cualitativamente superior: esto es, a cada nueva escuela que se abre se añade un soporte de mayor civilización para encauzar la higiene y buen comportamiento del pueblo, que hasta ese momento ostentaba una conducta cuasi barbárica. Había nacido lo que Angélica Illanes, siguiendo a Foucault, ha llamado el cuerpo y sangre de la política.
La política es la política  del Estado de Chile, que transita desde una dirección oligárquica a un Estado de compromiso que pronto se transformará en un remedo de Estado keynesiano. Para ello necesita a esta profesional que circule por la interioridad del pueblo y sus recovecos, primero para higienizar, pero también para normativizar una vida civilizada de acuerdo a las políticas sociales emergentes, que surgen como gran paliativo frente a la gran crisis del capitalismo del 29. Chile ha sido el país más devastado por esa crisis en el mundo y por tanto los ánimos están bastante sensibilizados para adoptar y aceptar tiodas las recetas posibles para neutralizar los males de esas crisis, que algunos vaticinan serán recurrentes en el capitalismo.
Las tesis de las primeras egresadas, que analiza Illanes nos señalan a Berta en Lota a Groneweld en la CRAV de Valparaíso y  en la Compañía de Gas en Santiago. Hablan de la asistencia social, de la necesidad de colocar de acuerdo al capital y al trabajo y mencionan al pobre que asisten como un carente e incapaz.
Estas tres primeras tesis son significativas, por lo que no muestran. No muestran a las organizaciones sociales con las cuales ellas deberían haber tenido contacto, no mencionan las grandes huelgas de Valparaíso y Lota y tampoco los eventos políticos y sociales que precisamente hacen posible la ceración de sus propias profesiones….Cercenamiento? olvido? Indiferencia? No lo sabemos y nunca dilucidaremos estas omisiones. Sin embargo, cuando desde el presente y la historia inmediata analizamos ese periodo parece altamente improbable que se pueda sustentar una opinión relevante sobre el bienestar del pueblo sin hacer mención a  los sonidos revolucionarios e insurreccionales de un movimiento obrero, estudiantil, de la asamblea de la constitución del 25…
Porque callaron Berta en Lota,   en Valparaíso y  en Santiago? Es licito hacerse estas preguntas? Estaremos incurriendo en una pretensión anacrónica, es decir fuera de tiempo y lugar y por tanto inútil?
¡ Y si todas Bertas de la Asistencia Social  se contaminaron de una cultura popular que era algo más que pura pobreza y desaseo?
¿Y si la cultura de los sindicatos, mancomunales y sociedades de socorros mutuos hasta  la sociedad de la igualdad,  impregnaron las relaciones sociales y las culturas de reciprocidad y solidaridad regando persistentemente los muros de las Gotas de Leche , de las cajas de habitación obrera, de las comisiones de enfermedad y vejez de las mutuales? ¿Y si ellas adoptaron planteamientos políticos y  en su fuero interno, hicieron suyas las reivindicaciones  del movimiento obrero y social y en sus tesis solo se reflejaron algunos jirones de esas influencias?
Y si entonces esa asistencia Social de Berta se construyo sobre la base de la solidaridad y, no solamente de la política oficial de la Asistencia Social del Estado y tuvo que negociar en la cotidianeidad de los sindicatos, patrones y casas de los asistidos para lograr ese bienestar y esas gestiones de asistencia social, que por un tiempo largo y prolongado solo podía ser satisfecho por los fondos comunes de asistencia social de los sindicatos?
Entonces no sería tan fundador de la asistencia social, ese movimiento social y obrero y más importante que el famoso Dr. Alejandro del Rio?
Entonces indaguemos esta posibilidad de construir una historia desde un lugar distinto, desechando el lugar icónico del Dr. Alejandro del Rio y propongamos al movimiento obrero y sus mancomunales como las verdaderas articuladoras de la primera asistencia social organizada en Chile.
Una de las hipótesis a probar, es que existiría un trabajo social emanado de las relaciones sociales de asociatividad de los sectores populares en el siglo XIX, que eventualmente habría emergido y consolidado una primera estructuración de asistencia y ayuda mutua, cuya expresión más saltante lo habrían constituido las mutuales y sociedades de socorros mutuos del mediados del siglo XIX y que harían pie en las prácticas de solidaridad campesina del bajo pueblo en Chile.
Así, esta pretensión investigativa construye una noción de trabajo social como aquella capacidad de los sectores subalternos por dotarse de una capacidad organizada para hacerse cargo de sus necesidades de subsistencia y acceso a condiciones de bienestar colectivo y comunitario.
Estaríamos en presencia de un trabajo social ampliado o de amplio espectro, que conforme se instala el Estado capitalista en Chile, es desposeído en sus acciones hasta llegar a ser cooptado por el aparato estatal de la asistencia social y la formación de las escuelas de beneficencia.
Este Trabajo Social ampliado, de base popular, sufre una transmutación y es encapsulado a una condición universitaria y subalternizado ante las profesiones dominantes médicas y jurídicas que dominan la universidad liberal. Este trabajo social ampliado estará incapacitado en buena parte del siglo XX por recuperar a la gestión y administración a un acceso directo a las condiciones bienestar popular de los sectores populares. O como diría Cecilia Tobon hacia un acceso de las  mayorías en América latina a un bienestar popular.
Estará mediado por la división del trabajo de un Estado capitalista dependiente y aparecerá un funcionario de la política social con especiales poderes y saberes técnicos, para hacerse cargo de las escasas posibilidades de acceso a bienestar, que el Estado capitalista ofrecerá a los sectores populares para reproducir su fuerza de trabajo y sus condiciones sociales de existencia. Estará mandatado por la razón europea y su modernidad, y desde Francia y Bélgica y sus escuelas de beneficencia social, inoculará dosis certeras de racionalidad de una asistencialidad moderna.
Se habrá efectuado una operación histórica de cooptación que reemplazará el acceso directo a la gestión del bienestar popular por una especialización profesional que monopoliza y norma las condiciones de tratamiento de la cuestión social y de la administración de las políticas sociales.
Es el año 1925 en Chile, a un año de la derrota del movimiento popular y sus demandas por una constitución política que asegure sus derechos sociales y políticos. Surgirá, por el contrario, la acción normativa y asistencial de un médico de cultura amplia que promoverá la aparición de la Visitadora como técnica universitaria para visitar a los pobres. Todo ello, en el nuevo modo de tratar la cuestión social: sin sindicato y sin movilización social.
La alienación o separación que sufren los sectores populares por la expropiación de la gestión de sus propias condiciones de existencia, estará en la base de la contradicción que sufren los funcionarios de la asistencia social en el siglo XX y que finalmente estallará en una serie larga de crisis profesionales. Sus principales efectos se desarrollarán desde los años 60 y como consecuencia de los  impulsos de los cambios épocales de la década del 60.
En este sentido, el servicio social profesional experimentará desde el año 1965, una profunda revisión de sus metodologías y de sus visiones de mundo. Este proceso comienza a ser notorio en las principales Escuelas de Servicio Social en Santiago, Valparaíso y Concepción. Surgen en ellas colectivos de profesionales que se proponen cambios en los modos de concebir una profesión que estaba siendo crecientemente criticada por su condición asistencialista y benefactora.
Las demandas del pensamiento contestario crítico  proveniente de la historia y de las ciencias sociales y de cambio social por parte de los actores sociales, políticos y de nuevos movimientos sociales, construyen las condiciones de una nueva época para Chile y América Latina. En particular los campesinos, los obreros, los pobladores y por cierto, los propios estudiantes universitarios.
Ese trabajo social profesional instituye una separación ahistorica entre lo que realizan como funcionarios del Estado y el derecho al acceso a la gestión a un trabajo social ampliado de los sectores populares, que son doblemente subalternizado a impulsos de las políticas  normativas del Estado y de su condición de fuerza de trabajo precarizada en las condiciones del capitalismo dependiente. Esa tensión es el componente oculto de la crisis profesional y que está en el medio de la tensión entre Estado capitalista que expropia históricamente  el acceso directo a la política comunitaria de los sectores subalternos, comunidades y territorios.
La historia de esta tensión entre trabajo social ampliado y asistencia social profesional no ha sido desarrollada hasta ahora.
Por ello importa colocar en este contexto los componentes y resultados de las acciones colectivas de discusión profesional del Trabajo Social. Tanto las cuestiones epistémicas, políticas y de construcción de sentidos para esta profesión son disimiles, en cada una de las sociedades en latinoamericana, como también si éstas se desarrollan en los países de la centralidad desarrollada de Europa y EE.UU. Y por supuesto lo son al interior de cada sociedad nacional, en relación a cada inflexión ideológica, política o de clase.
Del análisis de esta profunda inflexión profesional, queda pendiente una temática que resulta evidente por su inexistencia.: Esta se refiere a la ausencia de un relato histórico que muestre el devenir de esta profesión, tanto en su relación societal como en su incorporación al ambiente universitario como disciplina subordinada.
Esta ausencia de Historia disciplinar, situada, contextual histórica y critica se convierte a nuestro juicio, en una debilidad para la prosecución de la discusión y productividad profesional, por cuanto oculta y cercena el análisis de vastos periodos, en donde la memoria esta oculta o silenciada.
Estos silencios históricos en Trabajo Social, aprisionan a sus profesionales en la mistificación de sus orígenes y en la creación falsa de roles asumidos o atribuidos, que son “sentidos  comunes” provenientes del sentido común legitimador de la relación de poder y de clase imperante en cada sociedad nacional.
Así, se termina por construir pensamientos de sentido común legitimadores y naturalizadores, y a veces dóxicos, que han terminado por neutralizar las posibilidades de desarrollo critico de los aportes académicos y políticos para la construcción de una sociedad democrática. Por ello, es que nuestro planteamiento sea el acometer la elaboración de una Historia del Trabajo Social en Chile, en la perspectiva de la relación que esta tiene con la historia social de los sectores populares.
En esta perspectiva, entonces una conclusión provisoria después de todo lo expuesto es que estamos en condiciones de proponer tres posibles itinerarios para tres grandes periodos fundacionales o re fundacionales,
§  Un periodo fundacional del trabajo social ampliado desde  los sectores populares que se hace cargo del tratamiento de la cuestión social del siglo XIX,  con autonomía y autogestión por medio de las Sociedades de Socorros Mutuos y Mancomunales, periodo que abarcaría desde 1850 hasta 1924 en el siglo XX. Trabajo Social ampliado que no puede dejar de impregnar la práctica profesional de las primeras visitadoras.
§  La emergencia de una profesionalidad técnica universitaria y de roles atribuidos a la amplia red acciones  de la gestión sanitaria y jurídica, que con apariencia de neutralidad interclases,  ejerce una mediación asistencial entre el Estado capitalista que se orienta al desarrollismo y la construcción de una modernidad civilizadora por influjos culturales de la razón europea, periodo que abarcaría desde 1925 hasta 1969 y
§  El periodo de la reconceptualizaciónen donde la profesión del trabajo social elabora un nuevo discurso contestario, crítico y explícitamente cuestionador de la razón fundante del asistencialismo en clave desarrollista o medica asistencial y religiosa, periodo que en Chile abarcaría desde 1969 hasta las insurrecciones sociales  de los años ochenta que desestabilizan la dictadura militar y abren paso a la transición neoliberal del año 89.
Si la propuesta de reelaborar nuestra re fundación y re ordenar  una nueva alianza con  los sujetos populares que crearon las primeras acciones asistenciales, es viable en un ejercicio hermenéutico de revisión crítica, entonces no solo la historia del trabajo social podría reelaborar su identidad, sino que estaría mucho mas disponible para darle mayores contenidos a sus ejercicios de la memoria.
O en otros términos, al recordar todas aquellas memorias silenciadas se descubrirían plenas de sentido, al colaborar activamente a los procesos de critica política del presente y por sobre para entender esa especial y afectiva vinculación sentipensante entre  sujetos populares que pretendieron construir el socialismo y aquellos estudiantes y profesionales de la reconceptualización que establecieron alianzas en la práctica de reelaboración de las relaciones sociales de producción en la década del sesenta y setenta.
MEMORIAS   Y   TRABAJO SOCIAL.
Políticas de Memoria: Una Aproximación Conceptual
En la década de los 80, y más fuertemente a mitad de los 90, la noción políticas de memoria comienza a ser utilizada en aproximaciones de las ciencias sociales (Misztal, 2003). Lo que Hobsbawm y Ranger (1983/2002) han denominado la invención de la tradición o lo que Misztal (2003) alude como teoría de políticas de memoria se ha constituido en una de las principales perspectivas para su abordaje, considerando como presupuesto primordial lo planteado por Halbwachs (1950/2004): el pasado es confgurado a partir de los intereses del presente.
Esta aproximación plantea cómo nuevas tradiciones y rituales son “inventados”, en el sentido de ser confgurados deliberadamente, con el fn de crear nuevas realidades políticas que refuercen la cohesión de la comunidad, legitimando ciertas instituciones y realzando determinados valores. Por tanto, su campo de estudio es la institucionalización del recuerdo o la llamada memoria ofcial. De esta manera, se realza cómo desde las posiciones que detentan poder –en particular desde aquellas que dan vida al Estado–, se busca la apropiación del pasado a través de la memoria. Ello conlleva una lucha contra todo recuerdo que cuestione y deslegitime aquel que se quiere instaurar, pues lo que está en juego al hacer memoria no es solo una visión nostálgica por lo vivido, sino el marco bajo el cual se establece lo posible y pensable respecto de cómo se vive y se quiere vivir en sociedad, en otras palabras, la instauración de una política (Montesperelli, 2004; Pollak, 2006).
Al ser un riesgo de esta perspectiva restringir el ejercicio de las políticas de memoria al ámbito político-institucional, se generó una nueva aproximación denominada memoria popular (Misztal, 2003). Si bien esta línea comparte con la anterior que el pasado es confgurado por los intereses del presente, contrasta con aquella al plantear que la construcción de memorias puede ejercerse “desde abajo”, centrando su atención en las llamadas memorias subalternas (Traverso, 2005/2007) o contra-memorias (Foucault,1971/1992). Desde esta perspectiva, la política de memoria se asume como deber ético y político de dar voz a los sin voz, promoviendo el cuestionamiento e, incluso, antagonismo frente a la memoria ofcial.
Dado que la noción políticas de memoria es reciente en el campo de la investigación y, por tanto, escasamente trabajada en términos conceptuales, es de interés visibilizar las claves de lectura que ofrecen estas dos aproximaciones para caracterizarla.
Una primera cuestión que resalta es que las políticas de memoria aluden a acciones que remiten y lidian con el pasado y que disponen, en su puesta en juego, bien una reproducción del orden social existente, bien un cuestionamiento, disensión y/o modifcación de este. En otras palabras, al hacer memoria, se produce una política, en tanto se establece un orden, organizando “la coexistencia humana en condiciones que son siempre conflictivas” (Mouffe, 1993/1999, p. 14). En este sentido, el acto de hacer memoria enmarca una forma de relacionarse con los otros y con el mundo (Vázquez, 2001), estableciendo cómo y dónde moverse, contra quiénes y con quiénes, qué es lo deseable y esperable, qué es lo indecible o lo imposible de hacer y pensar.
Una segunda cuestión que emerge como relevante de este concepto es el conflicto que se genera por y a través del pasado. Es más, se puede hablar de política en la medida que se asume “la gestión difícil de la pluralidad y del conflicto” (Lefranc, 2004, p. 304) en la confguración de memorias
Por tanto, una lectura política de la memoria implica: (a) atender a cómo las memorias se  confguran en un campo de conflictos, (b) fjar la mirada en los referentes que se instalan y visibilizan, (c) dar cuenta del marco que se confgura en términos de formas de hacer y de relacionarse, (d) leer las estrategias y las tácticas que van produciendo particulares escenarios y (e) realzar las decisiones y deliberaciones que se producen y desprenden al recordar. En pocas palabras, conlleva atender a la operación por medio de la cual la memoria se confgura como dispositivo político en tanto productor/reproductor de relaciones sociales, generando, transformando y/o cerrando nuevos espacios de signifcados y vínculos.

Alejandro Diaz

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