1. LOS MESTIZOS LABRADORES DEL BIOBÍO: “UN PEQUEÑO GENERO HUMANO”.

José Martí señaló en 1877 que la conquista de América fue el arribo de una civilización desvastadora: dos palabras que siendo un antagonismo constituyen un proceso. Fernández Retamar dirá en 1990 que: “lo que tampoco podemos negar es que de resultas de aquellos  hechos brutales, y de las luchas que viejos y nuevos oprimidos iban a sostener en estas tierras, brotaría en ellas lo que Bolívar, en uno de  sus muchos rasgos geniales, llamaría un “pequeño genero humano”, es decir otro avatar de la humanidad[1]
Con propiedad puede decirse que los mestizos de América son este otro avatar de la humanidad y con esta palabra se comienza a nombrar la realidad polisemica de   otra humanidad que surge sin avisar, colándose por los intersticios de la conquista y desarrollando realidades que llenan de estupefacción al conquistador y  queriendo controlarlas las identifica a toda sellas con el nombre de mestizos y mestizajes. Desde ahí   en adelante, el vocablo adopta múltiples formas y nombra infinidad de procesos, recibe criticas lacerantes por su sola presencia en los siglos de la colonia, para adoptar formas suaves, sin filo, en su versión aceptable de mestizaje criollo o de mezcla ignominiosa producto del amancebamiento que es concomitante a  la conquista, pero que se esconde como la vergüenza pecaminosa.
El mestizaje se condensa en miles de expresiones, siendo más o menos intenso en las múltiples espacialidades de América. De allí la polifonía de mestizajes para clasificarlos  y la tendencia  a desahuciar el término por inoperante para cambiarlo por otros que  deberían dar cuenta de ese amalgamiento cultural innominado, difícil de domesticar con fronteras lingüísticas. Para nuevamente volver a decirlo de  la manera original…América se constituyó de mestizajes y los mestizos desarrollan y siguen desarrollando ese “otro avatar de la humanidad”.
Tal ha sido ese avatar de la frontera sur del imperio de los españoles desde el siglo XVI. Desde que Alonso de Ercilla cantara la gesta y tragedia de una conquista a sangre y fuego, un territorio al sur del imperio, en el antemural de  pacifico, se convirtió en una frontera de guerra y mestizaje que finalmente en el siglo XVIII devino en  una zona de negociaciones  con periodos de paz  mas frecuentes y prolongados, que finalmente amalgamaron las condiciones para una transculturación de ida y vuelta entre españoles y mapuches.
En   ese territorio en los bordes del Bíobío, convertido en frontera por medio de la acción de resistencia de Pelantarus en 1598, se desarrollaría el hábitat de la más poderosa y persistente fuente de mestizaje de lo que seria mas tarde el territorio de Chile. Este será nuestro teatro de  operaciones culturales en el cual intentaremos demostrar que en los sistemas sociales mestizos, diversos y heterogéneos, se habrían constituido componentes de capital social, como expresión de múltiples cruzamientos culturales, apropiaciones y adaptaciones sinérgicas y dialécticas, que con los influjos de modos pretéritos de constitución medieval de ciudades, pueblos y villorrios solariegos españoles, establecieron las primeras conjunciones de una cultura mestiza.
Esos modos psicosociales, adaptativos y creadores de asociatividad villana, que en la España del siglo XV y XVI constituirían modos transculturales de concebir y entender el mundo, en disputa y fusión permanente entre las cosmovisiones cristianas, andaluz mozárabe y morisca musulmana. Estos modos de producir y reproducir la cotidianeidad, también habrían migrado y asentado en la expresión variopinta de los campos culturales de los primeros contingentes de aventureros conquistadores. Planteada esta hipótesis,  se señala que en la frontera meridional de la conquista, en el sur de Chile, este campo cultural originalmente diádico, peninsular e indígena, y que se mestiza por periodos sucesivos en los espacios dominantes de la conquista española, es obligado por la fuerza de la guerra y confrontación a desarrollar un territorio de frontera, que se constituye también en un territorio de confrontaciones negociadas, después de la derrota militar de los españoles. El hambre y la trashumancia de ese territorio, unido a la extrema precariedad de los modos de subsistencia, habría establecido una cultura comunitaria que se constituye de manera central recurriendo a la  cultura ancestral del pueblo reche-mapuche, que en sucesivos procesos de transculturación asentaron una identidad construida en los modos de  hacer comunitarios.

En definitiva, se habrían constituido, no un  “otro” mapuche  sino que también un  “otro” mestizo condicionado por un campo cultural español, en proceso germinal de campesinización. Todos ellos, obligados a convivir en la subsistencia de la frontera turbulenta del Bíobío. Habría emergido un autodenominado país de abajo, en contraposición y en resistencia al país de arriba, encomendero-hacendal y dominante posesionado y monopolista de las tierras del valle central. Es un mestizo que reproduce una condición campesina,  apropiándose de tierras o recibiéndolas por merced o  arrendamiento. Una impronta propietaria estará orientando su cotidianeidad y por ello rehuirá la relación social servil de inquilino, empleado o peón estable que la hacienda dominante  estará desarrollando en el  valle central  como forma de apropiación de la fuerza de trabajo.
Parafraseando  a Fernández Retamar también aquí se  “producirá un  distinto, pero no opuesto”[2]a las culturas nutricias de la hueste española y del ad mapu mapuche territorial. Emitirá desde ese momento una señal cultural, diferente y única que nombrará una minúscula porción de humanidad, destinada  y disponible para sucesivos y múltiples mestizajes. Al proponernos mirar de manera distinta el territorio del mestizaje en Chile, nos asiste también la idea de entornar una puerta a la universalidad de la mezcla mestiza. Diferente, pero no ajena a la universalidad del mundo.
También significa recuperar la historicidad de este territorio, lo cual   implica recuperar la memoria cultural  de asentamientos mestizos que desarrollaron una germinal vida campesina y que muy tempranamente fueron obligados al extrañamiento y desarraigo[3],  producto de las guerras campesinas o mal llamadas de la independencia que asolaron este territorio y que bajo la forma de guerras civiles larvadas o de conquista, se extendieron durante todo el siglo XIX., Ello produciría, en nuestra opinión, una especie de desaparecimiento social comunitario y un silenciamiento cultural que se extiende hasta hoy.
  1. EL MESTIZAJE COMUNITARIO EN AMÉRICA LATINA.
Estas nuevas realidades humanas  de la conquista fueron nombradas tempranamente como mestizaje.  Uno de las voces principales en abordar un comentario sobre el fenómeno, Alejandro Lipchutz, señalaba hace un tiempo “ una de las primeras sorpresas que tuve cuando…me puse por primera vez en contacto con la vida espiritual de la América…ha sido ver el interés francamente hipertrófico que se cultiva…para sucesos y personajes históricos de muy poca o ninguna importancia…En este vaivén por personajes llamados “históricos”, éstos casi se olvidaron del principal personaje, verdaderamente histórico de nuestro continente-del indio y del mestizo, del pueblo[4]O si lo mencionaron como tempranamente, lo hiciera Jines de Sepúlveda, fue para adosarle al habitante de Amerindia una condición de hombrecillo y mono, que deben ser esclavos, por que así lo demanda el derecho de gentes, lo cual lleva consigo la perdida de la libertad y de los bienes[5]
Desde esa conspicua primera interpretación, los alegatos y tesis para explicar el mestizaje,  sigue el curso de las luchas culturales y sociales. La ruptura en estas nombradías la provocan los propios designados, cuando comienzan a interpretar su condición. Sucede así por ejemplo con las insurrecciones comuneras de Tupac Amaru o con las de José Antonio Galán en Socorro,  Colombia, que tempranamente colocan en movimiento a mestizos campesinos y que interpelando  a los criollos de los pueblos alzados del Cuzco y  Socorro le preguntan en la plaza  publica ¿ y su merced con quien esta? ¿Con nosotros o con las malas leyes de nuestro amado Rey?[6]
Desde ahí en adelante, el concepto adquiere connotaciones múltiples y sirve para  explicar aquellas realidades mezcladas que se resisten a la categorización absoluta de la clasificación imperial. También, durante el siglo XIX sirve para argumentar “nacionalidades” provenientes de “fusiones sociales biológicas y culturales” que superarían los conflictos de la conquista o del asentamiento del estado oligárquico.

Será en el siglo XX, cuando Gruzinski señala que el mestizaje es un fenómeno de múltiples carriles en donde ya no se trata de la búsqueda de  esencialidades o mixturas arqueológicas sino que debe indagarse la  mezcla, incesamente producida y que mostrada por ejemplo, en imágenes muestran desde un inicio la presencia de la asimilación, y una reinterpretación, que incluso se puede rastrear en los codices  “prehispánicos. Por supuesto esta propuesta, que  coloca  Gruzinski, deja finalmente al continente como “ laboratorio de la modernidad y de la post modernidad, prodigiosos caos de dobles y de “replicantes culturales, gigantesco deposito de residuos “ en que se amontonan las imágenes y las memorias mutiladas de tres continentes-Europa,-África- América-, donde se adhieren proyectos y ficciones mas auténticos que la historia, la América Latina  encierra en su pasado algo con lo cual afronta mejor el mundo postmoderno…”[7]Y nosotros decimos ¿ Y ese algo mejor será el pensamiento mestizo que surge y resurge desde que la monarquía católica desarrollara la primera mundialización ibérica en el siglo XVI? ¿Serán las conexiones históricas que están pendientes de realizarse, las pistas o carriles por donde los que ha estado separado por las historias nacionales, deberá mezclarse en la historia cultural del mundo, la historia  mestiza del mundo? Así en palabras de Gruzinski, las periferias nunca habrían sido tan periféricas y lo pretendido como autentico puede ser un engaño[8] ¿Pero todo puede ser objeto de mestizaje?, Gruzinski señala que casi todo, menos el corpus  teórico del imperio. Este representa una “esfera de cristal” que no admite intromisiones y brechas .Serán refractarios  al mestizaje por parte del pensamiento local. A excepción claro esta  de aquellos territorios que no pueden controlar del todo. ¿Es el Biobío un territorio de estas características en donde el mestizaje operó de ida y vuelta?
Pero como conciliar este lugar de observación que elige Gruzinski con aquel otro que nos plantea, por ejemplo Vasconcelos, cuando en Raza Cósmica  señala la urgencia y necesidad de creer en un proyecto cultural y político de mestizaje que es asimilable a la interpelación que deja flotando Lipchutz para la posteridad. A nosotros nos parece posible un mestizaje de las propuestas de interpretación para explicar nuestra negritud, indianidad, morenidad y mestizaje, que a fin de cuentas solo podemos pesquisar en procesos concretos de reproducción cotidiana de la vida de  grupos y comunidades insertos en tales procesos.
Ese conjunto de procesos sociales, estarían en la base del capital social histórico, que se constituye por la mezcla originaria del mestizaje como proceso cultural. En su interioridad, se desarrollan, a nuestro juicio, configuraciones culturales territoriales de  las identidades que podemos interpretar como nacionales. Por medio de esta fricción cultural, se constituyen también campos de relaciones sociales inéditos y originales, que en América, nacen en el Caribe y que se reconfiguran, por toda la territorialidad continental, hacia el norte y hacia el Sur, adoptando diferentes y diversas expresiones y de la persistencia de esas  relaciones, se producen transculturaciones de sedimentación variable, que serán constituyentes de madejas culturales, susceptibles de floraciones actuales y futuras, de acuerdo a las correlaciones de fuerzas y agentes sociales, que reposicionan esas identidades en los campos históricos. 
3.      ACERCA DE LA CONSTITUCIÓN DELOS “OTROS ESPAÑOLES”: UNA IDENTIDAD SOCIAL TAMBIÉN  “MESTIZA”. [9]
España es desde el siglo X, una constante conjunción de modos diversos de construir y constituir las relaciones sociales y de poder político. Desde la estabilización centralista de la monarquía estatal, se comienza a derramar hacia el sur una constante expansión de dominio, que adopta múltiples estrategias para someter, cooptar, neutralizar, negociar  y reprimir a distintos pueblos y comunidades, en forma de villanos, solariegos, señores feudales hasta concluir con la derrota de los reinos arábigos y someter a Andalucía. Punto culmine de este proceso es el que muestra el reinado de Felipe II. También, es un derrame hacia el sur de múltiples ensayos de constitución de relaciones políticas entre comunidad y Monarquía. Así, se construyen constantes socio políticas, y culturales atingentes a las sociabilidades comunitarias constitutiva de identidad, que finalmente emigra con los españoles. Colon y el consorcio de empresas que se forja del lado de él, desarrolló una activa política de reclutamiento que incorporó a nobles segundones y una mezcla de desheredados y proscritos de la España medieval en descomposición y de la España Monárquica en constitución. Una activa burguesía o proto burguesía se ha instalado en las ciudades y ha desarrollado también una fuerte política de alianzas, en algunos casos con los soberanos de los reinos, mediante las cuales ha negociado fueros ciudadanos, que le permiten desarrollar un incontrarrestable ejercicio de independencia urbana.

Dicho lo anterior, nos hacemos cargo de la necesidad de utilizar  un instrumental teórico conceptual que pudiera generar una productividad adecuada para explorar nuestro objetivo central, que es el campo cultural de las relaciones sociales de los mestizajes desarrollados en el territorio del Biobío. En esta perspectiva, nos parece que incorporar la conceptualización de Bourdieu, puede ayudar a desarrollar una línea explicativa  que establezca una congruencia aceptable  con nuestro planteamiento de intentar revalorizar al mestizaje como explicación de las relaciones sociales que configuran campos culturales. Tales criterios se cumplen para nosotros, en Bourdieu y en tal sentido, nos parece lícito volver a utilizar su,  a éstas alturas, clásica proposición de  entender los sistemas sociales por la tríada habitus-capital y campo. Si cuando hablamos de  mestizaje estamos hablando de identidad construida  nos parece que tal tríada, nos sugería la posibilidad de incorporarlas a la discusión del mestizaje en el territorio del Biobío como campo cultural con identidad histórica. De tal forma de nutrir la reflexión, según la cual la identidad en tanto posibilidad de reflexión del hombre  sobre si mismo, como proyecto inconcluso, se estructura sobre  ejes ordenadores en torno a la identidad como singularidad, particularidad y universalidad, y que serian los tres ámbitos en las cuales podemos territorializar la discusión identitaria[10]
Sostenido por tales afirmaciones, nuestra propuesta identitaria para comprender el mestizaje podríamos resumirla diciendo que éste se constituye a partir de  los procesos mediante los cuales los grupos  se autoconstruyen como configuraciones culturales y a su vez, se constituyen en campos de fuerzas sociales, que actúan como ámbitos gravitacionales de energía social, que se ordenan en torno al particular juego del poder, que desde las prácticas sociales tribales, comunitarias o de ordenación en ciudades, establecen un sistema de relaciones sociales, que construyen capitales complejos y diferenciados para los grupos e individuos, en medio de los cuales se producen habitus singulares y particulares, que constituyen la trama de los campos, que en definitiva orientan  al sistema para el desarrollo de prácticas sociales de conservación y equilibrio. Cuando al interior de algún campo una fuerza social se torna disruptiva y es capaz de  generar una propagación desestabilizante, estamos en presencia de  procesos revolucionarios o de revoluciones conservadora, para neutralizar la propagación antisistémica[11]
En esta perspectiva, entonces, de manera general, el encuentro de sistemas organizados de campos culturales hegemonizados por uno gravitante y ordenador, podría  ser asociado a la particular conformación de ciudades primadas o naciones dominantes, que en el orden moderno emergen a partir del siglo XV y XVI. Esa configuración tempranamente ordenada, en la unificación nacional de España por la monarquía católica, coloca unos años mas tarde en  fricción y confrontación a los tercios españoles con los pueblos reche mapuche de  la frontera del Bíobío.
Los componentes militares, eclesiástico y monárquico establecen un conjunto de campos culturales y de capital social, que resultan determinantes a la hora de la conquista. No existen campos alternativos de fuerzas, que sean una oposición real a la invasión y la conquista. Las excepciones son eso, excepciones y por tiempo acotados. Una de esas excepciones, resultan de los procesos de conquista de Chile. El primer contacto y la constitución de conciencia de explotación e invasión, preparan los ánimos del Desastre de Curalaba de 1598 y con ello se inaugura un proceso excepcional de confrontación, conquista y negociación por más de cinco siglos, a la fecha en proceso aun de desarrollo.
Nuestra tesis es, que este campo de disputa, que primero es territorial, para asegurar la dominación de un territorio pobre, pero necesario, se convierte a pesar de los españoles, en un campo de construcción identitaria, que hace visible y analizables los componentes que juegan en este proceso. Es decir dos configuraciones de campos culturales se encuentran, colisionan y se friccionan por siglos, estableciendo en ese proceso los elementos, a nuestro juicio, paradigmáticos, de una constitución identitaria popular.



[1]Fernández Retamar Roberto, Revista Araucaria de Chile, Nº 47-48, Ediciones Michay, 1990, España, p. 26.
[2] Ibídem, p..30.
[3] Salazar señala que este territorio experimenta la más fuerte conmoción social productos de estas guerras y que ello es producto de  la máxima amplitud  e intensidad  que adquirió el proceso de asentamientos campesinos en el triangulo Chillán-Concepción-Los Angeles .Ver Salazar Gabriel, (2000), Labradores, Peones y Proletarios, Editorial LOM. Santiago de Chile, p. 67.
[4] Lipchutz Alejandro (1963), El Problema racial en la conquista de América y el mestizaje. Editorial Austral, Santiago de Chile, p. 23.
[5] Sepúlveda, Juan Gines de (1951), Tratados sobre las justas Causas del a Guerra Contra los indios, Editorial .Marcelino Menéndez y Pelayo, 2 ed. Fondo de Cultura Económica, México, p. 166.
[6] Arciniegas, Germán (1960), Los Comuneros, Editorial  Zigzag, Santiago de Chile, pp. 97-125.
[7] Gruzinski, Serge (2006) la Guerra del as Imágenes, De Cristóbal Colon a “Blade Runner”, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, México, Pág. 215.

[8] Serge, Gruzinski, Les quatre parties du monde – Histoire d’une mondialisation, Paris, Editions de La Martinière, 2004.

[9] En Informe de Investigación I sobre mestizaje, apartado III, El conquistadot Chile como bajopueblo mestizo, nos ocupamos de este tópico que nos parece significativo para caracterizar el conjunto de disposiciones , habitus y campos culturales con los cuales se trasladaba el solariego del bajo pueblo español en su camino a las Indias.
[10] Al respecto Grinor Rojo de la Rosaseñala una categorización con la cual estamos de acuerdo” Propongo que subdividamos el concepto de identidad en tres categorías y/o niveles diferentes, lo que estimo que debiera hacernos factible una mejor distribución a la vez que una ponderación más afinada de sus contenidos. Dispuestas en un orden que se desplaza desde un grado de menor a uno de mayor abstracción, esas categorías y/o niveles son la/el de lo singular, la/el de los particular y la/el de lo general o, o si se quiere, aunque ello se preste a veces para regodeos metafísicos, la/el de lo universal…”
[11] Para esta definición estamos inspirados en la propuesta de Carlos Matus, el cual en su tesis Doctoral del año 1978, propone considerar a los sistemas sociales como sistemas autopoiéticos, en el sentido de  la autopoiesis de Maturana y Varela. Dejamos constancia que sabemos los peligros de extrapolar conceptualizaciones que guardan su especificidad epistemológica en un ámbito y no en otro. Con los resguardos del caso, la caracterización que hace Matus nos parece sugerente para entender el cambio social en condiciones de sistemas sociales altamente fracturados por la lucha de clases y estructuras genotípicas  de carácter capitalista. Ver Carlos Matus, Planificación de Situaciones, Fondo de Cultura Económica. 1980, México.

Alejandro Diaz

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