A PROPÓSITO DEL DESASTRE DEL HUAYCON DEL NORTE
LA AGRESIONES EPISTÉMICA Y AMBIENTAL DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL EN CHILE: ENTRE AYSÉN Y FREIRINA
Alejandro Díaz.
Capitalismo neoliberal en Chile, su trayectoria histórica.
Es un lugar común que el capital neoliberal en Chile es una extraña amalgama histórica, que reconoce en su formación reciente la presencia del Estado como su legítimo catalizador y organizador. No solo porque el famoso mercado interno, se constituye a partir del saqueo de las empresas estatales en los años iniciales de la dictadura, sino por cuanto sus principales y primeros cuadros dirigentes, provinieron todos o casi todos de la administración de esa mismas empresas. Sus principales ejecutivos aparecieron formando parte de sus rematadores en los años del desguace de la industrialización keynesiana.
A ello se le agrega la presencia de un núcleo resistente marginal de economistas ligados a la impronta imperial, que se constituye en la fuerza ideológica de Chicago, para construir en definitiva, primero el famoso ladrillo o programa económico de Jorge Alessandri en la elección del año 70 y después del programa que impone Pinochet, por sobre la disidencia de Gustavo Leigh que se resistía a abandonar un cierto desarrollismo keynesiano de corte brasileño. Finalmente esas disidencias intra dictadura son neutralizadas: el helicóptero del general Bonilla cae en extrañas circunstancias y los adláteres de Leigh y del general Díaz Estrada son defenestrados por la adhesión de Pinochet el naciente nuevo liberalismo y al consenso de Washington.
El camino estaba despejado y el territorio de Chile se convertirá en el primer espacio neoliberal, en ser incorporado a una nueva matriz de explotación del capitalismo regenerado a partir de la crisis del petróleo del año 73. Es exitoso en sus implantaciones económicas. Sobre todo porque la dictadura asegura condiciones de paz social sobre la base de la represión sistemática. Hasta aquí un cuadro que hemos repetido con mayores o menores  detalles, todos aquellos que nos ocupamos de la penetración imperial en territorio latinoamericanos. Chile aparece siendo reconfigurado en su matriz productiva, para integrarse a una nueva configuración mundial del capitalismo y lo hace asegurando la instalación de un nuevo tipo de Estado, que siendo tan capitalista como sus versiones históricas anteriores, expresa una nueva racionalidad burocrática y autoritaria, mediante la cual se aseguran los componentes básicos del consenso social para instalar la nueva matriz de explotación, sobre la base de implementación de una eficaz uso de la fuerza agresiva del Estado.
Sin embargo, no es suficiente el solo uso de la fuerza coercitiva para la penetración de un nuevo tipo de explotación de territorios y personas. Había que asegurar el consenso de la población en el largo plazo y ello solo podía darse sobre la base de la construcción de un imaginario que penetrara la subjetividad. Operan de manera corrosiva el miedo. Pero también actúa tempranamente una especie de neo fascismo económico articulador de nuevas estratificaciones sociales..
Por ello, la implantación del nuevo diseño de explotación del capital requería de una aceptación consensual de las reglas del juego. A este objetivo, colaborarían todas las fuerzas intelectuales, los intelectuales orgánicos del capital, para elaborar, reproducir, difundir y construir un nuevo sentido común legitimador para la nueva época. Un sentido común que reflejara la necesidad de destrucción de lo viejo por ser arcaico. Y porque existiría una nueva modernidad a la cual Chile necesitaba integrarse y que para la buena suerte nacional ya contaba con jóvenes adelantados estudiantes de Chicago, que proviniendo de la Universidad Católica, estaban en condiciones de conceder sabiduría acorde a los nuevos tiempos.  La vulgata es conocida: un orden moral católico y sostenedor de los valores sagrados de la familia, la propiedad privada y la reconstrucción de la identidad nacional. Es decir todo aquellos que la episteme de la Unidad Popularhabía combatido, negado y colocado en peligro y que como dice Carlos Larraín hoy día,… los había tenido en esos tiempos con el “rosario en las manos”. De ahí entonces la construcción de una nueva ideología que estabilizara una nueva forma de conocer y actuar, en pleno proceso de consolidación dictatorial. Una nueva forma de conocer la realidad. Por decirlo de alguna forma, se instalaría un episteme estructurador de sentidos en la estructura psicosocial de la sociedad  que sostendría la nueva definición capitalista.
Génesis de la nueva episteme del capitalismo en Chile.
La derrota de la Unidad Populares política y militar. Se instala el silencio de la represión y todo hablar es peligroso. Aun así sobreviene, lo que sería un reventón social que quiso ser insurreccional: las 23 jornadas de protesta del 83 y el paro nacional del 2 y 3 de julio del 86 alertaron suficientemente que la etapa de la imposición coercitiva había llegado a su fin y que por tanto, si el capitalismo quería sostenerse en Chile en similares niveles de maximización de tasa de ganancia, debía realizar necesariamente algunos sacrificios históricos: el primero, deshacerse del dictador y el segundo, realizar un maquillaje de tal magnitud a la institucionalidad, para que pudiera reconocerse aunque fuera de lejos a algo parecido a una democracia. Y sobrevinieron los acuerdos para un gran consenso social y la concertación. Las nuevas condiciones del capitalismo comenzaron con una gran operación mediática, que al día de hoy es vista como epopeya: la campaña del NO y la alegría ya viene, marcaría el inicio de la modelación de una nueva configuración epistémica del cuerpo social: Aquella que mostrando épica y triunfo, asegurara suficientemente la necesidad de la voluntas razonable y prudente del nuevo sujeto social. Con un lápiz., se decía, votamos una dictadura. La frase suficientemente repetida, se transformaría de ahí en adelante en una base sólida para eslabonar una serie concatenada de otras operaciones de construcción de sentido común legitimador para la readecuación del capital. Sentido común, que posibilitara la aceptación de lo nuevo neoliberal, pero también de la aceptación resignada del cuerpo social de la presencia permanente de lo viejo, como señal de orden y respeto. La obediencia se había conseguido y la disciplina volvía a ser la misma que había exhibido en doscientos años de republica liberal conservadora. Al final, el orden estaba incólume. El Estado desarrollaba su vieja definición de construir legitimidad y gobernabilidad en las clásicas definiciones de dosis adecuadas de coerción y coacción, para sostener una institucionalidad pública, que actúa como mediadora. Accionando un articulado aparato de políticas públicas. La época del consenso concertacionista había llegado y su primera acción fue agresiva: modelación disciplinada de la episteme del cuerpo social.
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Y como fue que llegamos al Mall ?…coerción, coacción, explotación, consumo y alienación en el Chile neoliberal
Primero fueron los mall…algo pequeños…después las carreteras…los peajes…una nueva fisonomía para las ciudades…pero Santiago es bella donna. Nada hay comparable a ella para retratar el neoliberalismo. Es el propio artefacto ciudad el que se constituye en industria. La capital el capital, dijo alguien muy docto. Allí se aloja una nueva clase y un nuevo pensamiento. Se comienza a hablar de una ciudad de clase mundial, aeropuerto de clase mundial,..en fin se instalan nuevas distinciones y nuevas segregaciones….Pero lo importante es como se observa una condición de superioridad ambiente. Una nueva episteme ha nacido y ha cuajado. No tardará en constituirse en una doxa. Y la doxa estará investida de uniformes militares y de uniformes civiles, aquellos grises, azules de la tecnocracia de cualquier régimen.
El episteme nos devela él discurso dominante de una época. Aquello discursos acerca de cómo se conoce la realidad. Conviven muchos, pero uno será el dominante. Desde esa dominación instalada en ese pasado cercano se nos constituye la realidad del Chile actual. Es el orden natural que solo se habrá convertido en un objeto extraño para los que se detienen a observarla, es decir para los extranjeros: los exiliados, los filósofos, los subversivos, algunos historiadores, algunos sociólogos, los alternativos, algunos viejos sesenteros, acusados aquí y allá de hipismo alucinógeno. Por tanto, la detención observante también es extraña y no siempre se realiza. Lo normal es lo otro: el deambular por la existencia de nuestras relaciones sociales de una cotidianeidad que es dada. Se nos hace confluir hacia los destinos naturales de la cotidianeidad y el último y más importante es la es la concurrencia hacia el placer de consumir y a consumir para obtener placer.
Desde todos los lugares del mundo nuestro, se nos incita a cumplir y hacer realidad todos nuestros deseos. Y para ello, existirán artefactos ortopédicos mitigadores del desagrado y del cansancio o del descontento. Serán soporíferos. El plasma inundara el living con colores HD y los colores serán brillantes y llenos de intensidad para introducirnos en los colores de Alaska o en el colorido American way of live de alguna ciudad de Estados Unidos o Europa. El paseo de fin de semana, será hacia el mall más cercano, que nos ubicara en la misma línea de igualdad que aquel otro, el grande, el de Santiago, en el Oriente el “Costanera Center”, que es como aquellas grandes avenidas de la Alemania Nazi, grandioso y apoteósico y revelador de la superioridad a la cual nos lanza nuestro destino: el mercado ha terminado de triunfar y las puertas del Costanera, Center instalado en el centro de la nueva dominación del autodenominado Sanhattan es saludado por aplausos y caras contritas por no poder emerger del templo con una bolsita, signo y distinción de membresía y cofradía. Siendo iguales a todos los concurrentes, la condición subjetiva se aligera de las penas del transporte para llegar allí: el plástico plegable contenedor opera a manera de los ramos bendecidos en el templo de las nuevas cofradías.
La agresión epistémica no agrede como otras agresiones. Requiere para su ejecución de la disposición afectiva y sumisa de quien la asume. La presencia de una subjetividad redentora del malestar no es vista como agresión por quien la vive. No la sufre. La vive. No será tormentosa por cuanto estará separada del acto de compulsión del pago de la ofrenda. Este último se revela distinto. Es separado.
Por ello la condición epistémica que aquí queremos traer a debate es aquel plasma que circunda y es parte de las relaciones sociales de nuestro tiempo. Aquella en la cual nos desenvolvemos y antes las cuales nos sentimos acogidos en calidad de sujetos miembros iguales. El paquete plástico y la bolsa del supermarket nos indica una membrecía, que nunca nos fue diseñada como opción de vida, pero que sin embargo ya en varias generaciones se ha instalado en la estructura de sentimientos de la densa madeja de subjetividades que construyen nuestros devenires y existires…Por ello ¿es licito hablar de agresión si nadie la siente como tal y al contrario la acogemos como lo dado del devenir de nuestras existencias? ¿Cómo es que aparece la peregrina idea de una supuesta agresión si nadie la presiente como tal y todos la asumimos como expresión de lo dado?
4. Porque agresión del capitalismo epistémico?
¿Por qué entonces? Creemos que el capitalismo se nos impone en aquel intersticio, que algunos sosteníamos reducto inalienable de la libertad, el lugar de nuestra trinchera intima, aquel punto de autonomía que nos permitía imaginar y conocer los modos de conocer el mundo y la realidad. Así no solo bastó que se impusiera mediante los clásicos componentes coercitivos y coactivos, ya lo dijimos, que alguna vez nos definiera O Donell para el burocratismo autoritario de los Estados cauteladores del capital en América Latina. Ello ya no bastaba. Ahora se había hecho presente lo que vaticinara Guattari en Cartografías del Deseo, sobre la imposición sofisticada del control y la hegemonía sobre el mundo de la subjetividad de las relaciones sociales que conforman cada configuración social del capitalismo, sea dependiente o central metropolitana, colonialista o colonizada.
En todas ellas, la condición impositiva de la hegemonía del capital y sus intelectuales transformistas, se había hecho presente para establecer lo que podríamos denominar el bucle o puntada de control subjetivo sobre las poblaciones. Asi todas ellas deberían estar disponibles para la obediencia sin conciencia de obedecer, quizás la más insidiosa de las obediencias.
La agresión epistémica del capitalismo tiene un largo recorrido en el pensamiento social. Quizás el `primero que la desarrolla con magistral y esclarecedora pluma es Carlos Marx, cuando da cuenta de la alienación de las masas del siglo XIX en los albores de las primeras crisis del capitalismo y la crisis de reproducción de la fuerza de trabajo que el capitalismo requerirá para su funcionamiento.
Entonces la agresión epistémica se instala en la cotidianeidad de nuestras realidades y afectan de manera insidiosa en la modelación de la condición de nuestras vidas: el individuo ya esta indemne, no tiene comunidad o le quedan pocos, se encuentra solo, compitiendo, marginado, algunas veces segregado, huraño por la guerra, desarticulado y consumidos obsesivo de autoayuda, cliente de esoterismo y religiones varias, ansioso por representar, cada vez más en silencio, en frente del último reality.
Pero no solamente eso, que podríamos referir a un ámbito privado de vivir nuestras existencias, sino que también expresa una condición que es vivida colectivamente, por la presencia ya no solo insidiosa, sino omnipresente de una gran hermano que nos guía para la aceptación de la rutina, actividad y matriz de repertorios conductuales normalizadores que se destilan, por medio de un destilado gota a gota de los componente centrales de una cultura que es usada en términos políticos y de poder. Allí se presenta la realidad ultima de nuestra época en América latina: el advertir que se nos “vive” en una política cultura del poder y que ese poder, no es el que nosotros generamos como fundamento de un actuar colectivo soberano, sino que es una gran expropiación de medios materiales e inmateriales que se justifican subliminalmente para que aparezca el orden natural de las cosas. Allí es donde, lo hemos dicho, esta sucumbiendo la posibilidad de un sujeto individuo democrático. Es decir la gran esperanza de la modernidad ni siquiera pudo ser en nuestras latitudes y junto con ello se estableció un gran campo de expropiación de subjetividades y un tremendo campo de exterminio de las autonomías emancipatorias, solo que esta vez no necesariamente tiene alambradas de púas, sino que sus límites son inmateriales, reales, pero invisibles. Todos los otros limites, incluido los del mall se ven como los muros de la escenografía de nuestra escenografía hedonista y placentera y en donde “descansamos“ de la otra explotación, la que transcurra en la jornada laboral. El “campo de concentración”, ha ampliado los límites y nos convoca a vivirla como una mezcla fantasmagórica entre el protagonista de El Pianista y de Josué el niño de La vida es bella: entre los dos momentos, el de la supervivencia y el de la alienación vivida en el engaño para tratar de ser feliz. Allí, transcurren la materialidades inmateriales de los componentes de la vida capitalista neoliberal del Chile neo facistizado.
 Alto HospicioFreirina .ayer Aysén…Magallanes… pueblos sociales en resistencia.
En la ideología alemana Marx planteo hace ya algunos años que las ideas dominantes de una época eran las ideas de la clase dominante. Los que tenemos alguna edad, mascullamos estas ideas en nuestra adolescencia cuando pretendíamos cambiar la sociedad capitalista por una socialista. Puede ser una fijación esta aseveración, pero que duda cabe, que mientras mas observamos los modos de pensar las realidades de nuestros días, más se asemejan a esta vieja plataforma cultural de Marx para pensar la cuestión de las ideas y como en como estas se desenvuelven en las sinuosidades de la realidad social.
¿Por qué entonces representar la dominación y hegemonía con la irrupción de la contra hegemonía de Freirina y Aysén como lugares simbólicos de expresión de la disrupción? Precisamente, a nosotros nos parece, que la acción colectiva de los dominados en su más alta expresión marca un quiebre de la normalidad, que soporíficamente se expresan en ese caldo a fuego lento, al que finalmente nos tenía o nos tiene atrapado como aquella rana que muere sin enterarse de su muerte, en el caldo hirviente de la olla . Esta, la olla presente, hierve en un agua capitalista que ha desarrollado no solo una temperatura in crescendo de la explotación, sino que además ha puesto por encima nueves realidades gaseosas de sentidos comunes legitimadores. Freirina y Aysen expresan esa interrupción dijimos… ¿pero porque se comunican culturalmente en una sintonía fina de reciprocidad y complicidad con el resto de los pueblos de Chile? Sin lugar a dudas porque se interrumpe la normalidad…y la producción de medios de producción espiritual, parafraseando a Marx, se resquebraja porque está obligado a representar y presentar la anormalidad de la protesta y del grito de protesta, que es también autogobierno. La Asambleade Magallanes y también la de Aysen, soliviantan las estructuras políticas del Estado y por un periodo se otorgan su propia legitimidad y con ella responden a la violencia que se les opone. Las calles se cortan, el humo de las barricadas se disemina por toda la ciudad y las autoridades quedan temporalmente suspendidas en el limbo de la más profunda ingobernabilidad. Es lo que ocurre hoy y ayer en Freirina.
Antes de aquello, esos pueblos han estado sentado presenciando ese espectáculo de las 9 de la anoche, cuando en una carrera de notas informativas para capturar el rating, los cuatro canales de la ciudad primada arremeten con todo su poder de fuego hacia cada televisor y plasma encendido. No hay contemplaciones y la artillería y mecanismos de  manufactura de emociones, se desarrollan profunda y ampliamente. Se atrapa con sensiblería y emociones a ras de piso. Se han construido pautas noticiosas que son sospechosamente uniformes al canal del enfrente. Durante una hora o más , los pueblos umbilicalmente unidos por la señal televisiva, son capturados por una especie de misa de noche, una misa diaria en donde el sacerdote es ubicuo: arremete desde todos los lugares de las imágenes que se eslabonan para construir cada mensaje, que finalmente va modelando la parábola final, con la cual se remata la “nota”. Nota, que es a todas luces, la mercancía que se transa en el mercado más sofisticado del capitalismo: la noticia como espectáculo pero también como agente de dominación epistémica”. Se instala en el medio del living, entre once y comida y entre sueño postergado y ansia de descanso, que será interrumpido de madrugada, cuando irrumpa y se nos despierte con el matinal: El capitalismo habrá creado un instrumento y mercancía con valor de uso de versión epistémica, pero también con valor de cambio transable en el mercado, regulado por el people meter.
La parábola mediática llevará alojada en su seno la agresión violenta hacia la condición de interioridad libertaria de los sujetos, explotados. Ni aun en su conciencia estarán desligados de las condicionantes del capitalismo: el ataque será sistemático y deberá provocar el silenciamiento, la caricaturización de los argumentos contestarios. A renglón seguido, se insistirá en la domesticación, se mistificara y se adoraran las deidades del neoliberalismo, imágenes del mall aplaudido cuando abre sus grandes puertas, semejaran a las de aquellos grandes templos milenarios. Y estará también el castigo para los disidentes. Así se hará recurrente, la criminalización y las imágenes de mapuches encapuchados serán atravesadas por monsergas de la paz que debiera imperar en ciudades civilizadas, se adoptará la estupidez como fórmula de entretención y los reality demandarán una atención voyerista sobre cuerpos estilizados que juegan a la cotidianeidad insulsa, llena de conflictos, pero no de los sociales, sino de los psicologizantes, que son los que realmente importan, porque en definitiva, se trata de decir que la paz social depende de la buena voluntad de los seres humanos y su éxito depende de sus capacidades competitivas: así se emprenderá y se llegara al éxito, siempre que no seas eliminado y en ese caso solo será tu responsabilidad. En esa escalada de adormecimiento, la protesta de un pueblo como Freirina solo podrá aparecer porque antes se estuvo ad portas de la ingobernabilidad y la ciudad primada se ve amenazada en su reproducción de capital. Aun así, las imágenes editadas, repetidas en planos sesgados, se frivolizarán una y otra vez y al final, con el transcurrir de los días y con el deambular de la rutina de la noticia, esta se verá condenada, irremediablemente, a la perdida de novedad y rápidamente será abandonada para mostrar otra más impactante, en donde las sensaciones que ella produce sean conducentes al ansiado rating. Cada mercancía nota-noticia- estará trabajada en su condición epistémica de construir realidad, pero también de construir cansancio, para invalidar la presencia de cualquier recuerdo de indocilidad y resistencia.
La agresión ambiental del capitalismo en Freirina y en el norte de Chile.
Viene de suyo que efectuada la operación epistémica sobre el control de la subjetividad, el paso siguiente y concomitante, haya sido arremeter sobre los recursos naturales. Para ello era necesario esgrimir nacionalmente argumentos respecto de la limitación invalidante de nuestro subdesarrollo, para a apurar a condiciones de desarrollo ambiental comparables. Por ello se construye una institucionalidad, que vista desde hoy también contribuía como la que más, al desarrollo de agresión epistémica solapada. La CONAMA era la institución que en el 92 de la concertación nos colocaba  a la altura de los países desarrollados, pero solo con la visión de la viabilidad de nuestros ingresos per cápita de 5 mil dólares. Por tanto, a poco andar la institucionalidad no se apoyaba en ningún contra peso real que indujera la participación de la población y cualquier control solo quedaba librado a la ma o menos deletérea animo ético de los oscuros funcionarios ambientales, que segun sus fechas de vencimiento, estaban predispuestos y maleables para operar en función del futuro, no de la población y sus recursos naturales , sino del suyo propio y de sus estabilidad en el transformismo que le asegurara su incorporación en la empres privada que alguna vez y en algún momento había observado la obsequiosidad y diligencia de su comportamiento para facilitar las condiciones de expedición de las evaluaciones ambientales.
Debemos señalar, que en América latina, el neoliberalismo ultra -radical, ya ha hecho una opción con respecto a la naturaleza: tomar todo aquello hasta donde sea posible, hasta aquel punto de reacción de cada sociedad. Y antes de este punto de reacción, utilizar todo el peso del sentido común legitimador de la utopía capitalista en desarrollo, hasta probablemente un nuevo punto de inflexión paradigmático que neutralizará el salvajismo de su depredación, y que nutrirá los sentidos culturales y humanistas del hombre del siglo XXI.
Mientras tanto, Latinoamérica, no debiera esperar otra cosa que depredación solapada o institucional, en una suerte de gran chantaje proveniente del capital financiero. El cual no solo desordena los ambientes naturales, sino que también da sentido y reordena territorialmente los asentamientos humanos, designándoles roles y funciones, digno de una exacerbada «planificación social totalitaria». Puesta así las cosas, en un ejercicio de deliberada polarización, el cuadro descrito anteriormente, no debería ser muy extraño como probable escenario latinoamericano en el cual se jueguen las discusiones medio ambientales del futuro próximo.
Y avanza el capitalismo por el orbe socavando la tierra y al trabajador tal como lo dijera Marx en el siglo XIX: tierra y trabajador, hoy diríamos medio ambientes y alienación, para utilizar ese término tan caro al creador del manifiesto comunista. Asi las operaciones del capital serán: sacralizar, justificar, naturalizar, legitimar
Teodor Adorno señaló también hace mucho tiempo, que las sociedades occidentales, entre las cuales sin duda debemos contarnos como sucedáneo mezclado, que el fascismo nos había heredado ciertas condiciones claves para el control social: el olvido, el adormecimiento de la conciencia crítica, la ambigüedad, la indiferencia y por sobre todo una altísima capacidad de entregarnos como clientela institucionalizada del Estado y de la institucionalidad partidaria o privada. No es que nosotros latinoamericanos no hayamos contribuido a la cooptación como fenómeno político de masas, con las cuales los remedos de democracia latinas conquistan el voto mediante clientelas y servidumbres amarradas a un caudillo, sino que las marcas del fascismo, revelan de manera paradigmática las condiciones de estabilización moderna para una especial trama de relaciones, formateadas en el disciplinamiento. Asi la democracia, tantas veces, tambien usada como imagen redentora, estar en problemas de ser una imaginación viable, no digamos de una realización posible.
Por ello es que la mención identificatoria entre desarrollo y crecimiento, tan presente en el pensamiento conservador, desarrollista e incluso marxista, se convierte a poco andar en una agresión epistémica que posibilita y legitima la depredación: los bosques quemados del sur, los bosques derribados y no utilizados de la selva valdiviana en la década del 40, las explotación de arrastre en Cautín, etc. están identificando ese peculiar estilo de desarrollo de los capitalistas mercaderes, salvajes y dependientes que provienen de la crianza de la trama oligárquica nacional. Allí anida por supuesto la creencia mágica en la infinitud de los recursos naturales del planeta. Y de allí se deriva aquella vieja crítica de la no consideración de la naturaleza en la composición orgánica del capital y que por ello toda la civilización industrial está sustentada en pies de barro. Además de establecerse sobre la base del centralismo más absoluto, el gigantismo y la homogeneización uniforme. Por eso diría Schumacher lo pequeño es hermoso: y por cierto aquella frase famosa “… la vida humana sin la industria es posible, pero sin la agricultura no lo es….”
7. El camino…negación de la negación agresiva. Los caminos posibles.
a. Negar el poder cultural del sistema capitalista es desmontarlo para develarlo, negar la propiedad privada para acceder libremente a la naturaleza, negar las clases sociales para acceder a la igualdad, negar al estado para resistir el poder burocrático, negar la alienación para ser libres en el goce y disfrute del espacio de vida que todos los seres humanos tenemos pro poco tiempo sobre la faz de de este planeta, sobre su delgada película en donde anida la vida conocida, la biosfera.
b. Nuevo estilo de pensamiento: y puestos en estas perspectiva…llega el momento lucido de la humanidad en que debe recuperar todas sus utopías, desde que aquellas que fueron ninguneadas por la lucha política, desde Proudhon, Owen y Fourier hasta las criticas lacerantes del industrialismo de Lewis Mumford e Iván Ilich, hasta nuestras domésticos planteamientos de economía escala humana de Manfred Max Neuf, Elizalde. Ilich nos alertaba e invitaba hace algunos años a construir una sociedad convivial articulando armónicamente la triada del ser humanos, Las herramientas y la sociedad. El señalaba las herramientas no son neutras y tienen efectos políticos en la sociedad: Mumford señalaba que es el industrialismo el que crea al capitalismo y no al revés. Asi la sociedad no debería perder el control de las herramientas, convivial porque se está de acuerdo con la vida. La sociedad, nos dice Fernando Mires en Dialéctica de la Naturaleza, citando a Ilich seria aquella sociedad en que el ser humano controla la tecnología mediante procesos políticos democráticos.
c. Saberes múltiples: En ese estilo de pensamiento superador de anteriores ideas de ciencias matrices, económicas o naturales, debe señalarse que este solo podrá provenir de una coexistencia de saberes múltiples, combinados en la práctica y en la teoría y nunca saberes subordinados unos a otros. Por ello no se puede construir algo asi como el ecologismo en reemplazo de paradigmas utópicos desechados o fracasados.
d. La II critica a la economía política: la que realiza la ecología, acusa a la economía de haber ocultado o mistificado la presencia y significado de la presencia de la naturaleza en la composición orgánica del capital y si ello es cierto, dice Mires en la obra ya citadas…”tenemos que pensar que estamos en vísperas de la formulación de una nueva teoría del valor.

Alejandro Diaz

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