HISTORIA SOCIAL… LAS CUESTIONES PENDIENTES.

 



 

                                                                                                          Alejandro Díaz

 

«…Para decirlo todo en una palabra, las causas, en historia más que en cualquiera otra disciplina, no se postulan jamás. Se buscan.´´

 

Marc Bloch
Apología para la Historia o  El oficio de historiador

 

                                              

Estas fueron las últimas frases del último libro de Marc Bloch. En 1944 las balas del pelotón de fusilamiento de Klaus Barbie lo asesinaron. Hacía un par de años se había integrado a la resistencia francesa como francotirador. Bloch fue uno de los fundadores de la Escuela de los Annales.

 

Marc Bloch comienza su libro  Apología para la historia señalando que un niño allegado a él le pregunta para qué sirve la historia… la pregunta, es importante, señala Bloch por cuanto coloca de inmediato el problema de la legitimidad de historia. Y con ello, como dice en una introducción Jacques  Le Goff, la historia es un fenómeno  sometido a  condiciones históricas. Y por ello, cuando hablamos de legitimidad de la historia, a continuación debemos insistir en la fragilidad de ella (Le Goff, 13, 2006).

 

Pero a su vez, la historia distrae, dice Bloch. Es decir, junto al deseo de conocimiento existe el simple gusto por ella. La historia es también goce estético. Dije Le Goff «al lado del  necesario rigor ligado a la erudición y a la investigación de los mecanismos históricos, existe la voluptuosidad de aprender cosas singulares. Así la historia es una ciencia, entre cuyas características puede estar su flaqueza pero también su virtud, que consiste en ser poética porque no se la puede reducir  a abstracciones, a leyes, a estructuras…”

 

De más está decir, que este niño allegado a Bloch es  su hijo Etienne a fines de la década del 30 en Francia… Entonces la pregunta con sentido de cotidianidad e intimidad es ¿para qué sirve la historia Papa?... y podemos imaginar la mirada del historiador y también la mirada del padre en los ojos de su hijo… para qué sirve la historia Papa …es un poco también la confrontación permanente amorosa y conflictiva de las generaciones que crean y recrean relaciones sociales en una abigarrada madeja de deseos, poderes, discursos y saberes  …la respuesta no la menciona Bloch…otros han ensayado afirmaciones variadas a esa interrogante…la mas convincente, me parece a mi,  es aquella que señala que la Historia sirve para vivir mejor. Porque se vive mejor cuando se vive con sentido. Y pareciera que explicar el pasado a partir del presente y el presente a partir del pasado, indagando en un continuo de tiempo las claves del cambio social y  de la continuidad de las relaciones sociales, ha  construido y sigue construyendo sentidos a hombres y mujeres en la historia general de la humanidad

 

La Historia en la Fronteras de las Ciencias Sociales.

 

Admitir el concepto de frontera es admitir obviamente una metáfora. Pero es una metáfora  de aquellas que traen consecuencias .Frontera es estar en el limite de lo desconocido, es la tierra incógnita de Chile de Pedro de Valdivia y de la cual salio arrancando Almagro algunos años antes. Frontera es un espacio intersticial, es un pliegue de la geografía, donde comienza lo otro…generalmente el bárbaro desconocido…es la frontera del Biobío, de los Moros en España, la del Oeste Norteamericano. Entonces llegar a la frontera es tomar una decisión histórica…es dar por superado lo conocido, abandonarlo por obsoleto o por inadaptación del ser a esas condiciones sociales de existencia. Estar en la frontera es optar por el abandono de  lo cotidiano, de aquello que me da seguridad. Estar en la frontera es Cortez quemando las naves en la costa de México. Metáfora arriesgada y convocante… ¿Estamos en esa disposición orillera, fronteriza para  buscar nuevas topografías en las ciencias sociales?

 

White, que algo sabe de metáforas, nos dice que por medio de ellas  los fenómenos pueden ser caracterizados en términos de su semejanza con y diferencia de, otros, al modo de la analogía o el símil…Y obviamente la frontera contiene fuerza expresiva como metáfora. Entonces, discutir en la frontera es arriesgado para el poder, porque en la frontera todos tenemos tendencia a ser iguales y dependemos de nuestras propias fuerzas…Pedro de Valdivia dio su ultimo suspiro en la frontera, Oñez de Loyola también se fue al cielo, en el mismo amplio lugar que se llamo la frontera del Biobio. Los dos calibraron mal sus fuerzas.

 

Entonces, de esta reflexión, surge la primera cuestión pendiente para la historia social en Chile…y es precisamente que la  historia de las historias de las así llamadas ciencias sociales en Chile no se ha puesto verdaderamente en situación de frontera para reflexionar por su origen y su devenir. No existe un movimiento de historizar las disciplinas sociales en la particular territorialidad de una configuración social como la chilena…o es escasa o es parcial. Por ejemplo  ¿porque el positivismo decimonónico se reproduce incesamente en las aulas de la Universidad Chilena? Problema crucial a nuestro juicio, si la historia que se enseña es la del nacionalismo portaliano del siglo XIX, sobre todo en momentos previos de un momento mágico simbólico como es el bicentenario y sus celebraciones. Así Barros Arana y su historia de Chile como la del Valle Central, puede fácilmente engarzar con historias del siglo XXI de los Amos y Patricios como base de la Chilenidad.

 

Una segunda cuestión se refiere  a la necesidad de restituir los sujetos históricos que hacen historia .Y allí existe la disputa principal pero larvada. Próceres o pueblos. Y si son los pueblos ¿cuales y como se constituyen? Es indudable que la emergencia de la micro historia y la historia de la vida privada ha develado terrenos que fueron incógnitos hasta hace poco. Pero la virulencia en el ataque a la explicación de los grandes megarelatos inhibe,  a mi juicio, de manera peligrosa la posibilidad de construir una historia general, integradora de los discursos subalternos. Cuando ello sucede, es probable que la tesis de Amos y Patricios como dueños del valle central y constituyente únicos y centrales del país, consigan pasaporte de  blanqueamiento para el siglo XXI. A mi juicio, es posible mirar el mapa de Chile desde abajo para mirar a Santiago como la ciudad oligárquica, encomendera y hacendal que constituyó su dominio colonial cercenando, no solo ciudadanía, sino todas y cada una de las resistencias, de manera violenta contra mestizos del Biobío y mestizos mapuches en el siglo XIX, entre otros. En mi opinión, restituir regeneración democrática y ciudadana de los artesanos del XIX, contribuye pero no establece la pluralidad de territorios realmente existentes en el Chile popular. Se nos quedan fuera múltiples áreas culturales como territorios populares originarios, constituyentes de nuestra existencia social. Hoy día, el  capitulo pendiente, es la emergencia de una multitud de historias locales que consigan desarmar el  discurso  positivo nacionalista de los herederos de Barros Arana y cia. En ese proceso, se desplegarán múltiples sujetos, plenos de historicidad y  quienes emerjan junto con ellos, son los profesores de historia de pueblos y localidades que pasarían de ser ecos de la historia oficial ajena, a ser coparticipes de historias locales, que muestren las identidades que se tejen en el contrapunto con la historia general del mundo. Ni el historiador ni el profesor como mera correa transportadora de los influjos del poder. Los dos como agentes históricos, con una crítica fundada, autónoma y pluralista.

 

Una tercera cuestión pendiente, la fragmentación no puede continuar. Nos llevará a un callejón sin salida. Es urgente reconstituir los lazos de lo local y lo global para construir sentidos.No se puede explicar nada, sin la referencia global al planeta. Por ejemplo que extraño resulta seguir hablando de la Colonia en Chile sin la referencia al emergente capitalismo en el siglo XVI. Se puede hablar de la colonia y sus procesos sin los influjos globalizadores de la  Compañía de Jesús.¨? ¿El padre Luis de Valdivia es un sujeto atípico al crear el concepto de guerra defensiva como parte de un proceso globalizador de la iglesia española?

 

Una cuarta y última cuestión,  pendiente de la historia social. Al leer  la historia, la vieja y la nueva en Chile ¿quedamos conformes con su densidad explicativa o nos surge  la sensación de haber asistido a una, a veces buena descripción del hecho histórico como material congelado, pero que se desvanece a la hora de establecer  hipótesis explicativas? Por ejemplo uno y otro historiador nos han señalado reiteradamente que el Biobío fue tierra de vagabundos mestizos y mal entretenidos desde Góngora hasta los actuales. Sin embargo ¿porque  la densidad de su cultura campesina, reverbera hasta hoy? Y la cultura Chilota es solo un residuo cultural folclórico o expresa la presencia de un tipo de campesino, formado en la religiosidad popular e indígena, integrado e inclusivo del vasto y polifacético campesinado de América Latina?

 

Para enfrentar estos desafíos creo que es necesario construir un nuevo programa historiográfico o una nueva historiografía. Y este un desafío no solo de la historia sino de las transdisciplina de las teorías sociales. La historia es demasiado importante para ser responsabilidad de una sola disciplina.
Alejandro Diaz

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