La cuestion mapuche
y el padre Luis de Valdivia en la guerra defensiva…a
 proposito de hoy
 
¿ guerra o parlamento?
 
Alejandro Diaz
(apartado de capitulo de tesis doctoral
Los mestizos del Biobio Maulino, el don de los primeros labradores, CECLA, UChile).
 
 

Desde el desastre de Curalaba, nuevos procesos de gobernabilidad se harán necesarios. Uno de ellos lo encabezan los jesuitas que acceden por primera vez a este territorio. Lo hacen con una nueva política de relación con los mapuches . La llaman guerra defensiva. Se diferencia de la ofensiva por tratar de posibilitar la negociación y el establecimiento de parlamentos. El accionar lo dirige un padre de vastas influencias en el mundo de la iglesia romana. Es el padre Luis de Valdivia el que logra acceder hasta el propio papa para influenciarlo con esta nueva política. Y lo logra. El 13 de octubre de 1610, el Papa Paulo V emitió la Bula Pastoris aeterni que señalaba:

 

“(…) a todos y a cada uno de los fieles cristianos que moran en los Reinos y Provincias del Perú y principalmente de Chile, en las Indias Occidentales que concurrieren a una procesión que ordenen o dirijan los Ordinarios (eclesiásticos) de los respectivos lugares, o sus vicarios o Provisores, por su mandado, y, a falta de ellos, por lo que ejercen la cura de almas, en la primera o segunda semana después que estas nuestras Letras llegaren a su conocimiento, o visitaren por una sola vez la iglesia o iglesias que los mismos señalaren y en ellas pidieren a Dios por la conversión de los infieles de la dicha Provincia y Reino de Chile, y ayunaren el miércoles, viernes y sábado de cualquiera de las dos semanas por los mismo señalados, y se confesaran y comulgaran a hicieran alguna limosna a su arbitrio, al tenor de los presentes, les otorgamos y concedemos plenísima Indulgencia y remisión de todos sus pecados, en la misma forma en que es costumbre concederlas en el año de Jubileo a los que, dentro y fuera de Roma, visitan determinadas iglesias (…)”[1]

 

A no dudarlo el Padre Valdivia había preparado largamente su estrategia de guerra defensiva y esta Bula Papal solo era una expresión de una planificación, quizás la primera de una política pública de largo aliento para el Reino de Chile. El Papa atribuía la máxima importancia al término de la guerra de Arauco y conforme con ello, planteaba una serie de concesiones para aquellos que apoyaran la guerra defensiva:

 

“Primeramente; a cualquiera que hiciere oración a Nuestro Señor por la conversión de los indios de Chile todavía infieles, reducción a la paz de los rebeldes y quietud de todos ellos, una y otra , sin fuerza ni efusión de sangre, por cada vez que esto hiciere, indulgencia y remisión de la tercera parte de sus pecados; pudiendo aplicarla para las almas del purgatorio: y en las fiestas de Cristo Nuestro Señor de su Santísima Madre, de los Ángeles y de los Apóstoles al que oyere misa por esa intención indulgencia plenaria, empero habiéndose confesado y comulgado (…) cualquiera persona que ejercitare obra de caridad, misericordia o justicia con los indios de paz (…) que ayudare a la conversión de los indios rebelados(…) convirtiere algún indio infiel(…) cualquiera indios que acudiera a oír doctrina cristiana(…)asistiere a su cofradía(…)gane indulgencia plenaria(…)”[2]

 

Es decir, bajo las más distintas formas, la Iglesia con el Papado, establecía la atención de esta sociedad para redimir sus pecados en proporción a la redención de los indios. A su vez, el Rey había “rogado” al Arzobispo de Santiago colocar a cargo de la Diócesis de Concepción al Padre Luis de Valdivia, como efectivamente lo hizo.

Se establecía, a nuestro juicio, una estructura política de apoyo a una política de largo alcance, que no siempre se ha calibrado como la primera estrategia de gobernabilidad orientada a establecer una política activa de negociación, que finalmente en el largo plazo, influirá para que el Estado Español establezca y suscriba un Tratado de Paz a partir de las Paces de Quilín y que hoy figura contemporáneamente como el único firmado por el soberano español con un pueblo indígena de las Indias Occidentales. Este hecho tendrá consecuencias de largo plazo, por cuanto “Durante todo este larguísimo periodo histórico la Corona primero y la Republica después,  considerará que del Bio Bio al Sur el territorio le pertenecía a los indígenas, que ellos eran los legítimos propietarios”[3] La “guerra defensiva”, no solo colocaba un conjunto de criterios distintos, que creaban una oposición de encomenderos y militares, que al fin y al cabo vivían de las condiciones económicas que la propia guerra creaba, sino que también establecía un nuevo predominio de liderazgo teórico en la Iglesia. En la práctica, la Iglesia regía el Estado de la gobernabilidad de Concepción y el aparato militar quedaría desde ese momento relativizado por el poder eclesial.

         Algunos años antes, cuando el Padre de Valdivia había sido enviado para diagnosticar la situación, García Ramón, a la sazón Gobernador de estos confines, señalaba que había anunciado en toda la tierra de guerra que el soberano había ofrecido el perdón a todos los rebeldes para se acogieran a la paz y depusieran las armas y que si no lo hacían se “les haría la guerra a fuego i a sangre” y como muy luego advirtiera el nulo efecto de la notificación establece que “(…) pasasen a cuchillo todo cuanto en ella se tomasen sin reservar mujer ni creatura, lo cual se puso en ejecución generalmente y se pasaron a cuchillo más de cuatrocientas almas” y como existían resistencias de obispos y de órdenes religiosas, ha morigerado tal proceder para solo restringir las medidas solo en los hombres “que de esos ninguno escapa que no sea pasado a cuchillo[4]. Corrían los años posteriores a la insurrección de 1598 y en el ambiente se advertía la irrelevancia de tales medidas punitivas para contener la rebelión de los indios de guerra.

 

Pero por otro lado, la espiral reproductora de la violencia se alimentaba por los efectos económicos que el comercio de esclavos y piezas rendía en las alicaídas arcas de los funcionarios y gobernadores y por sobre todo en la trama de relaciones clientelares que los tercios y soldados habían establecido a partir de este comercio. No había un camino para interrumpir el ciclo de la violencia, que desde el lado mapuche se sustentaba en una respuesta orgánica cultural de las distintas parcialidades y no solo como resistencia a una agresión en lo que se llamara una dinámica social intercomunitaria[5] . Además “(…) los encomenderos y hacendados eran, en su gran mayoría partidarios de la esclavitud de los prisioneros, y del servicio obligatorio de los indios ya pacificados y de los yanaconas o indios de servicio: servicio obligatorio, esclavitud y trato inhumano- y frecuentemente brutal – eran entonces perfectamente idénticos”.[6] O como señala el padre Alonso Ovalle en carta al Rey “(…) porque los naturales de aquel reyno nacen con las armas en la mano empleándose desde sus tierras años en la guerra hasta derramarse sangre y rendir la vida en el servicio de su majestad[7] En ese contexto, el Virreinato del Perú comisiona al Padre Luis de Valdivia para desarrollar informes que den cuenta de la situación y del modo de proceder del gobernador y de cómo transcurre la guerra en Chile. La situación preocupa a la monarquía y ello se traduce en los tiempos políticos de Lima. En uno de los tantos conciliábulos que desarrollan los españoles y reches mapuches para dar la Paz, uno de los ulmenes, le señala al padre “(…) padre obrad y no paréis; cumplid lo que decís, que lo veamos; no es tiempo de creer lo que se oye sino lo que se ve, después de tantos años como servimos”[8]
La compañía de Jesús está establecida a firme en tierra de los indios rebelados y si bien habían llegado hace poco al país, los soldados de Jesús marcharon rápidamente al escenario del conflicto El provincial Juan Baptista Ferrufino en 1641 le señala al Rey la situación de compromiso de la compañía, describiendo sus capacidades:

 

“(…) tiene un Colegio y tres casas de residencia en las fronteras de la guerra de este reyno contra los yndios rebelados y en los dichos colegios y casas están repartidos cuarenta sacerdotes y once religiosos estudiantes de facultades servidores hermanos coadjutores y todos los dichos religiosos están ocupados en los oficios y ministerios que la compañía (…) necesitamos de doctrina y sacramento(…)y así mucho necesito este colegio de otros seis hermanos legos para acompañar a los sacerdotes y cuidar de muchos oficios domésticos en los cuales con harta indecencia por no haber religiosos, sirven negros e yndios(…)”[9]

 La compañía hablaba y establecía su propia política en acuerdo directo con el Rey y para ello establecía mecanismos de vinculación directa, para producir políticas que orientaran de acuerdo a sus criterios de guerra y paz. Desde un primer momento, ésta orden religiosa comenzará a cumplir una funcionalidad no solo espiritual, sino que también política y los propios mapuches son veloces en captar el rol político y secular que vienen a cumplir estos “patiru”. Son mediadores que establecerán una primera “política pública” que responde a un análisis y por tanto a una “planificación estatal” de ese estado imperial, que aunque ya en problemas, es parte de esa nueva institucionalidad del mercantilismo proto capitalista germinal europeo. En la periferia de ese mercantilismo capitalista en formación, pero también velozmente integrado, se desarrollarán varios fenómenos sui generis de una colonialidad o de un ejercicio colonial del poder, que guarda similitudes con los posteriores colonialismos asiáticos o africanos. Se desarrollan fuerzas políticas, que con texturas o molduras religiosas o militares, establecen “partidos” políticos para impulsar los mecanismos de impulso de esa colonialidad.

En ese contexto, emerge la figura del padre Luis de Valdivia. Su capital cultural y social, diríamos hoy día, era poderoso y al conocimiento del terreno de la guerra añadía su red internacional de relaciones sociales y políticas. Con ellas, llega al mismo papa y al rey y con éstos aliados establece esta primera política pública del Estado Español, para ser impulsada por la desconcertada Lima y para ser actuada en la periférica tierra de guerra de la colonia de Chile. Habrá aparecido la guerra defensiva, que muy lejos de ser una política fracasada como habitualmente se lee por ahí, establecerá un antes y un después, para concebir el enfrentamiento de los actores en disputa y por sobre todo, para reconocerse ambos en sus características de oponentes en igualdad guerrera, aun cuando la onda colonial de largo alcance, sea más o menos incontrarrestable a favor del imperio español.

La guerra defensiva es abortada tempranamente y sucumbe años más tarde a la fuerza de los hacendados y de los participantes de la guerra y del comercio de piezas esclavas del territorio mapuche. Al final no se convirtió ni un alma al catolicismo, como lo reclamarían años después los propios jesuitas. Pero si, la Compañía de Jesús obtuvo el establecimiento de sus materialidades económicas (temporabilidades por ellos llamadas) por largo tiempo, construyendo un poder cuasi estatal para regular las relaciones entre españoles e indígenas. No hubo conversiones de verdad en torno a la cruz de Cristo, pero si hubo muchos rehues que incorporaron parroquias y capillas como artefactos de la relación construida con la colonialidad.

A mediados del siglo XVIII, 160 años más tarde de la “guerra defensiva”, la paz se ha dado muchas veces y se ha roto otras tantas. De parlamento en parlamento, se ha establecido un mecanismo de ejercicio de la gobernabilidad para desarrollar un esquema de convivencia o coexistencia mediada entre la elite gubernamental española y la elite de los ulmenatos mapuches. A los dos les ha ido bien y el ciclo de producción de riqueza marca cifras positivas. Con la excepción de la epidemia de viruelas, la exportación de cordobanes y sebo y cueros y posteriormente de trigo al Perú, ha ido desplegando un pequeño grupo exportador, que a finales del XVIII, será conocido como los comerciantes de Concepción. En el lado mapuche ha imperado el desarrollo de una lógica guerrera productiva ejercida en amplio espectro, con incorporación de las pampas como territorio de expansión económica de las malocas y la incorporación de la frontera como zona de exportación de ponchos e intercambio de ganados por vituallas varias, en un activo comercio, del cual participarán activamente soldados y religiosos. A uno y otro lado, la paz con colonialidad, se ha convertido en un buen negocio. Los últimos parlamentos son indicativos de los temas que dominan la “agenda”: las relaciones de intercambio comercial.

        Al final de siglo, nadie se preocupa de conversión de los indios y si de establecer las mejores regulaciones en los términos de intercambio comercial y muy pocos del bajo pueblo mestizo labrador del Biobío, convertido en cosecheros de trigo, el cual ha elaborado sus propias concepciones y metodologías para su ascenso a los cielos o descenso a los infiernos. En ambos lados, como veremos más en detalle, ha perdido el poder de la cruz oficial y ha triunfado el poder de la cruz mestiza. Con canelos y Nguenechen construidos y cruz de mayo con jolgorios, flautas y guitarras…y mucho vino de Concepción. El poder de la cruz oficial no ha desarrollado una mejor cristiandad en el lado mapuche.[10].



[1] Bula Pastoris aeterni vice, 13 de octubre de 1610, En: HERNAEZ FRANCISCO JAVIER, 1879, Colección de Bulas, Breves y otros documentos relativos a la Iglesia de América y Filipinas, Bruselas, [S. E.], Vol. 2, P. 363, Cit. En: MUÑOZ OLAVE REINALDO, 1973, Historia de la Diócesis de Concepción, Santiago, Ed. Fundación Alemana para el Desarrollo, Instituto de Historia, Universidad Católica de Chile, P. 309.
[2] Íd.
[3] Ver al respecto BENGOA JOSÉ, 2007, El tratado de Quilín. Documentos adicionales a la Historia de los Antiguos Mapuches del Sur, Santiago, Ed. Catalonia, P. 130.
[4] MUÑOZ OLAVE REINALDO, Op. Cit., P. 288.
[5] BOCCARA GUILLAUME, Op. Cit, P. 142.
[6] MUÑOZ OLAVE REINALDO, Op. Cit., P. 288.
[7] OVALLE ALONSO, 1616, Carta al Rey 15 de agosto de 1616, En: ARCHIVO FONDO DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, Fondo de Gobierno, Tomo 78, Biblioteca Seminario Pontificio Mayor, Santiago, Arzobispado de Santiago, P. 29.
[8] MUÑOZ OLAVE REINALDO, Op. Cit., P. 290.
[9] FERRUFINO JUAN BAUTISTA, 20 diciembre de 1641, Carta al Rei, En: BIBLIOTECA SEMINARIO PONTIFICIO MAYOR, Fondo de Gobierno, Tomo III, Santiago, Arzobispado de Santiago, P. 45.
[10] En este mismo Tomo I, describimos nuestras hipótesis para explicar que sucede en el lado de los españoles del bajo pueblo, los mestizos labradores: los otros españoles del Biobío.
Alejandro Diaz

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