¿SOCIEDAD SOLIDARIA   O    SOCIEDAD IGUALITARIA?
Alejandro DIAZ


LA LUCHA POR LA CIUDADANIA COMUNITARISTA.
1.      En América Latina es escasa la ciudadanía. La ciudad nunca ha sido productora de libertades ni igualdades comparables a aquellas obtenidas por la burguesía en los burgos post medievales. Por ello, agrego a  ciudadanía, un apéndice comunitarista, porque creo que ello si es patrimonio ancestral de los sectores populares  e indígenas.
2.      La ciudadanía comunitarista, es entonces un estado de libertad y emancipación, al cual deberíamos aspirar como sistema de relaciones sociales para nuestras sociedades. En ello estamos, en una larga marcha de lucha y resistencia desde hace cientos de años. Así, entonces, es que la aspiración a una sociedad igualitaria sea el resultado natural de una intensa movilización de energías revolucionarias, que procesalmente desmitifican todas aquellas cortinas de humo con que la dominación pretende prolongar el momento final de sus sistemas de alienación, con las cuales  el capitalismo ha  configurado y mantiene su orden.
3.      Uno de los derechos de esta ciudadanía comunitarista, es la reapropiación del producto general del trabajo y riqueza social que una sociedad genera. La apropiación privada en términos de una relación de producción capitalista, es parte de un largo conflicto que no se resuelve.
4.      Desde una perspectiva popular, los servicios sociales que corporizan el reparto general de los procesos productivos, es inequitativo y no se corresponde a las relaciones de igualdad de trabajo y beneficios. Por ello, el desmitificar el acceso a los servicios sociales es una tarea de crítica profunda a los intentos reformistas de maquillar la relación capital y Trabajo.
5.      Por ello, el bienestar que los sectores populares proponen es radicalmente distinto a los ejercicios modelisticos que el capitalismo vía el Banco Mundial-FMI sostiene, de tanto en tanto. El acceso al bienestar popular como una reivindicación por un determinado nivel y calidad de vida, supone además y sustantivamente redefinir y recomponer de manera revolucionaria las prácticas políticas de la democracia, en tanto ejercicio de la libertad, la igualdad, la justicia. No debe haber sucedáneos, y por tanto, se equivocan aquellos que pretender resolver con recetas cepalianas-banco mundialistas de ayer, las necesidades revolucionarias de hoy. Revolución por cuanto, lo que se impone, es la transformación radical de cómo los sectores populares se reapropian de lo que legítimamente le  pertenece.
LA EDUCACION EN UNA SOCIEDAD IGUALITARIA
6.      Y sin lugar lo que legítimamente les debiera pertenecer de suyo son aquellas ideaciones con las cuales una sociedad se reproduce en condiciones de igualdad y dignidad. Así lo habían hecho las sociedades ancestrales: reproducir por medio de la educación, sus sistemas de valores, cosmogonías, técnica y civilización, en definitiva.
7.      Con  la modernidad, la educación se separa de la comunidad y es intermediada por las instituciones del sistema capitalista. Y en ese proceso, es que un derecho comunitario a participar de la cultura de la comunidad se transforma en un bien restringido, al cual solo tendrán acceso, los participantes de clases privilegiadas y dominante.
8.      En ese largo periodo histórico, es que podemos situar la segregación como parte sustantiva de una sociedad dividida en clases. Y lo que esa sociedad determine para cumplir el mandato reproductor de su cultura, ya no será más la cultura de una sociedad comunitaria toda, sino de una clase en particular que  prescribirá  contenidos, formas y sobre todo, determinará a los destinatarios.
9.      En un inicio, con la educación especializándose en un lugar de la ciudades burguesas, solo podrá estar disponible para los privilegiados de la clase dominante y proveyéndose de los objetivos direccionados por la misma. Este es el encuadre histórico necesario. Así, la segregación escolar educativa, no es un fenómeno indeseado del  sistema social capitalista, sino que al contrario, formará parte de su aparato reproductor central y esencial. Allí se aloja, buena parte de la condición generadora de la sociedad excluyente, o de clases.
10.  Bourdieu nos advierte…La ceguera frente a las desigualdades condena y autoriza a explicar todas las desigualdades particularmente en materia de éxito educativo, como desigualdades naturales, desigualdades de talentos[1]. Ello nos ahorra más comentarios. Aquello que se demostró en la década del sesenta del siglo pasado…¿Porque entonces, tratar de demostrar que por la vía educativa se resolverán las desigualdades sociales?…Porque pareciera ser una buena alternativa ideológica para ocultar el problema de fondo: el ejercicio desigual de reparto de la riqueza social. Máxime si en el campo de la educación, las desigualdades se reproducen subrepticiamente, en el natural y desigual distribución del capital cultural:
Las clases privilegiadas encuentran en la ideología, que podríamos llamar carismática (pues valoriza la “gracia” y el “talento”) una legitimación de sus privilegios culturales que son así trasmutados de herencia social en talento individual o merito personal. Así enmascarado el racismo de clase” puede permanecer sin evidenciarse jamás. Esta alquimia triunfa mucho mejor cuando, lejos de oponer otra imagen del éxito educativo, las clases populares retoman por su cuenta el esencialismo de la clase alta y viven su desventaja como un destino personal…”[2]
LA EDUCACION COMO EJERCICIO CRÍTICO.
11.  Por ello la educación no puede ser solo una práctica bancaria de depósito de contenidos. Toda educación está trabajando en un medio de desigualdad y solo podrá ejercer como educación liberadora cuando  efectivamente contribuya a descubrir las causas segregadora de la sociedad. Solo de esa manera la educación obtendrá la movilización de los componentes de conciencia, para generar la movilización sinergetica que permita desmitificar aquella aparente igualdad de la escuela en donde los talentos se expresarían democráticamente. Solo la resistencia frente a las oscuridades de los mitos, puede producir la rotura de los espejos engañosos, con los cuales la desigualdad de clase obliga a los otros a mirarse.
12.  Por ello, la educación en el proyecto universitario de extensión puede ser enormemente dañino, asistencialista o por el contrario liberador. Si es reproductor y condescendiente con las estructuras dadas, de fortalecimiento de los sentidos comunes legitimadores con los cuales la estructura de clases reproduce sus jerarquías o fortalecedor de políticas sociales que mitifican el acceso a sus bienes, mediante instituciones


[1] Pierre Bourdieu, Los Herederos, los estudiantes y la cultura, Siglo Veintiuno Editores, Buenos Aires, 2004, p. 103.
[2] Ibíd., óp. cit., p.106.
Alejandro Diaz

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