ESTUDIOS CULTURALES…PARA  ENTENDER   NUESTROS MESTIZAJES… (Acerca de cómo nacimos mestizos en los bordes anchos del Biobío)
                                                                       Alejandro  Díaz
Acerca de cómo  construir nuevas historias…
¿Es posible la creación de un nuevo método para entender la historia, si  el objeto histórico que se configura es distinto a lo ya conocido? Y si  ese objeto configurado abandona su simplicidad histórica unidimensional y se convierte en un todo concreto complejo, intermediado por  ámbitos cruzados de  determinaciones múltiples y complejas,  ¿es posible construir una explicación totalizante y por ello y a la vez singular y expresiva de las particularidades de su dimensión histórica irreproducible? Señala Grüner (Grüner: 2007, 131) que Lefebvre y Sartre, plantearon la posibilidad de establecer una complejidad horizontal que remite al grupo  humano, con sus técnicas productivas especificas, su relación con esas técnicas, y la estructura social correspondiente, que a su vez condiciona el comportamiento del grupo, el cual  a su vez, también depende de los otros grupos nacionales e internacionales. Y que también habría una complejidad vertical que es histórica y se plantearía como la coexistencia desigual y combinada en el mundo especifico del estudio de formaciones provenientes  de distintas épocas y duraciones, de sus transformaciones actuales, aunque manteniendo inercias del pasado. Y ese plano, sigue diciendo Grüner, ambas complejidades conforman una totalidad compleja y abierta, con acciones y reacciones entre ellas. Y ese método según Sartre, reelaborando a Lefebvre, tendría tres momentos lógicos:
a)      Una fase de descripción fenomenológica sobre la base de experiencias y teorías ( o una serie articulada de hipótesis)
b)      Un momento analítico regresivo, que retorna sobre la historia del grupo para definir , fechar y periodizar las etapas y transformaciones de esa historia
c)      Un momento progresivo sintético, que sigue siendo histórico genético, pero que vuelve del pasado al presente en un intento por redefinir este último de manera más determinada y compleja que en la fase inicial, formulando además hipótesis tendenciales para el desarrollo futuro.
Y así se completa el movimiento progresivo-regresivo como método histórico de totalidad compleja, decimos nosotros. Y el relato de esa totalidad histórica compleja será de una completud provisoria, que siempre obligará a iniciar incesamente el movimiento regresivo progresivo, obligando a quien lo haga a desarrollar la vuelta a la originalidad previa, para dar cuenta de toda la concreta complejidad de su presente, dirá Grüner. Sera el famoso proceso de Sartre Totalización- destotalizacion- retotalizacion.
Para nuestro tema, los mestizos del Biobío son una singularidad compleja. Ahora esa singularidad, no solo tiene que emerger como realidad histórica, sino que a la vez se tiene que “transformar en ruinas la imagen que de ellos tenemos” parafraseando a Walter Benjamín (Benjamín: Tesis sobre la filosofía de la historia, 5) O al decir de Grüner “la historia no es lineal ni teleológica, sino que esta determinada retroactivamente por las necesidades de una praxis del  presente, que retroactua” sobre lo práctico inerte de las praxis “congeladas” del pasado. El presente, de esa manera, condensa y desplaza (“condensación” y “desplazamiento”, como se sabe, son las dos operaciones básicas del inconsciente según Freud) diferentes “tiempos” históricos que conviven conflictivamente, bajo la dominación de uno de ellos, como en la celebre teoría marxista del desarrollo desigual y combinado” (Grüner: 2008, 137)
Así, entonces, es necesario desarrollar una serie consecutiva batería de operaciones hermenéuticas. Una de ellas, es restituir la necesidad de reconstruir una particularidad concreta histórica, que se expresa en las periferias que se constituyen en la cuestión meridional chilena”. Tal operación se desarrolla a través de un presente en lucha cultural, para oponerse a la episteme centro santiaguino, que hasta el momento se ha constituido en totalidad dominante. Ella establece el dominio sobre el episteme que terminan por constituir una ideología civilizatoria moderna y progresista, en búsqueda permanente de dominio y centro. Actúa simultáneamente sobre la naturaleza de la nación auto concebida y de los grupos predestinados a ser dominados por su incompletud civilizatoria, en los cánones de la ciudad primada. En estos  últimos confines de la tierra, también se configura una auto representación de la totalidad “constituida sobre la base de la exclusión de la totalidad de esa misma periferia”. Así, en cada territorio la lógica de la relación social fundamental, desarrolla relaciones sociales que reproducen permanentemente, en una relación dialéctica, la cuestión centro- periferia.
Por ellos y citando a Grüner, nos hacemos parte de su aserto: “es también tarea del conocimiento critico, entonces, restituir y re-construir el conflicto entre la parte y el todo de esa dialéctica de opresión/fagocitación/expulsión” (Grüner: 141) Y así llegamos entonces a levantar una tesis en cierto modo revisionista: es necesario construir un nuevo relato que destruya el lugar epistémico de la dominación teológico racional del centro primado de Santiago y “su” historia, que no es la historia. Y ello pasa por recuperar a lo menos tres procesos históricos fundamentales:
a)      La necesidad de mirar lo político en la periferia de Santiago y en sus territorios subalternizados desde el siglo XVII y XVIII.
b)      La necesidad de dotarlos de racionalidad critica a partir de la recuperación de la sabiduría de la mezcla de campos culturales de larga duración mapuche y los campos del bajo pueblo solariego del Mediterráneo y sus descendencias mestizas de Amerindia.
c)      La necesidad de construir un lugar de respuesta contestaria epistemológica radical, sustentado en los dos componentes argumentales.
Con estos argumentos, nos parece pertinente desarrollar una  urdimbre de argumentos, que tramados en esta perspectiva, desemboquen en la realidad que queremos mostrar: una porción considerable de nuestras identidades nos ha sido escamoteada, al ocultarse la mezcla mayoritaria de nuestros mestizajes, al ignorar la conjunción de pensamientos que estabilizaron las construcciones psicogenéticas y sociogenéticas, de las configuraciones sociales que se estabilizaron en los largos siglos XVII y XVIII y que de muchas maneras, nos acompañan hasta hoy como culturas campesinas y populares de variadas estirpes regionales, pero todas nutridas  por  los campos configurativos sociales originarios de los territorios del Biobío maulino, el mapuche ancestral y el de Chiloé insular.
El Mestizaje… Eppur si muove
Gruzinski señaló que el mestizaje es uno de aquellos objetos conceptuales, ante los cuales el historiador se siente desarmado. Y es que el término remite a un  complejo abanico de interpretaciones que son tan viejas como la humanidad: la mezcla. Plinio, desde los clásicos, según nos relata Bernand  (Bernand: 2002), estableció que el mestizaje se asociaba a la mezcla biológica que no daba frutos, que ejemplificaba con la mula como mezcla estéril. Así, desde estas descripciones de la historia clásica, el occidente medievalista europeo construyó y adoptó connotaciones para teñir al mestizaje, como una mezcla impura. Con estas significaciones se comienzan a procesar semejanzas y diferencias en aquellas nuevas tierras de las Indias Occidentales. La misma Bernand, señala, que los mestizos fueron despreciados por indios y españoles.
Bernand plantea su desacuerdo con aquellas posturas que señalan que el mestizaje sea interpretado como sinónimo de aculturación y que al contrario a ella le parece que para que el termino sea operacional,  es necesario partir de la persona misma del mestizo, como hibrido de dos “razas” o “naciones”, que se conciben como entidades intrínsecamente distintas, y sustentador de una visión de mundo y de una práctica susceptibles de ser interpretadas desde dos puntos de vista, necesariamente antagónicos, puesto que derivan de una situación de dominación. En ese sentido, el enfoque antropológico que ella plantea, debe reunir  tres condiciones sine qua non: definición del contexto histórico, definición del contexto geográfico y también definición del marco temporal de la generación. Con estos tres elementos se decide a plantear la búsqueda de las claves para entender el mestizo.
Y ahí se encuentra, a nuestro juicio, un tema de la máxima importancia. Igual que otros, los mestizos fueron (son) discriminados y segregados. En particular a partir de fines del siglo XVI. Antes de ese periodo, el mestizaje sirve para establecer relaciones políticas de negociación en el espacio azteca y quechua-inca, con los casos conspicuos de Garcilaso de la Vega, como expresión de la alianza mestiza entre conquistador y conquistado. Es el caso de alianza por arriba. Por abajo, Gonzalo Guerrero que está en el lado opuesto, decide optar por el otro indígena. El “yo me quedo” de Guerrero será también un proceso recurrente en el análisis del mestizaje como asimilación del “blanco” occidentalizado por la “cultura amerindia”.[1]
Por otra parte, desde una perspectiva distinta, este aspecto mezclado del mestizaje, será recuperado por Solange Alberro, quien establecerá que las representaciones sobrenaturales indígenas serán reemplazadas por las representaciones sobrenaturales europeas y que en ese proceso, aparecerá la condición de asimilación del español por lo indígena. En de “Gachupines a criollos” plantea un ramal explicativo del mestizaje que enriquece los análisis posteriores (Alberro: 1998).
En el siglo XVI, el periodo de tolerancia negociada al mestizaje termina y se implanta el ciclo de larga duración segregadora de la monarquía española para tratar al otro distinto. Desde ahí en adelante, los sujetos mestizos serán y no serán  sujetos de derecho: serán, porque se les menciona en los autos y bandos, pero no serán, por cuanto se les nombra para impedir su participación, a excepción de integrarse en el ultimo peldaño de la escala social colonial (Salazar: 2000)
En la colonia, una vez establecida la necesidad de controlar el mestizaje pues aparecía como un peligro que amenazaba la estabilidad, se colocó en acción un sistema clasificatorio mediante castas, en donde la corona y sus asesores trataban de regularizar el tratamiento de “nubes de mestizos” que aparecían por los lugares de conquista española. Además, asociaban a los mestizos al rompimiento flagrante del sacramento del matrimonio establecido por el concilio de Trento, como producto  de amancebamientos indignos. Y ello rompía la pureza de sangre, que era razón de Estado. Con ella se habían expulsado a los moros y estaba en procesamiento la expulsión de los judíos Una solución intermedia, creemos, surge con el cuadro de castas y sus denominaciones que ha sido acusado de establecer una suerte de comprensión paternal y graciosa de los hijos mestizos por sus padres españoles, en una gradiente de colores que incorporaba a negros, zambos y mulatos. Eso funcionó hasta que “no se entendió la mezcla”. El mestizaje se había hecho inentendible. Lo que esta claro es que esas denominaciones trataron de ser establecidas para regularizar las relaciones sociales coloniales en aquellos escasos conglomerados, que pudieron exhibir vida urbana y que por tanto la mayor interacción social se tornaba compleja por irrupción de la alteridad de orígenes oscuros. Era visible.
La cuestión importante es que el mestizaje fue un tema central para la colonia y sus relaciones sociales. Dos autores clásicos han colocado insistencia en presentar el mestizaje como mezcla biológica. Magnus Morner, en la década del 60, presenta en La mezcla de Razas en AmericaLatina un panorama de las políticas raciales de la Iglesia y del Estado desde 1850. Para este autor, el mestizaje es miscegenación y es la fusión  biológica y mezcla de razas y señala que raza es cada una de las grandes divisiones de la humanidad, cuyos miembros comparten ciertos rasgos bien definidos. Es decir son las poblaciones, en las cuales concurren ciertos genes que determinan color de ojos, color de piel, etc. Pero en donde el genotipo hereditario es el importante. Respecto de la identidad, el mestizo será absorbido por el padre y por la madre cuando son pocos y cuando el número es mayor, tenderán a constituir un grupo aparte.
Juan Bautista Olaechea es tributario de Morner y señala en la Gesta del Mestizaje, que estos mestizos no encontraron mayores dificultades para integrarse en el primer tiempo y que según avanzaba la dilución de las castas, estas fueron reemplazadas por clases sociales… El mestizo también es biológico, pero proviene de un “rio generacional” con dos caudales que convergen en uno solo monocolor. Las generaciones sucesivas complejizaran ese color convirtiéndolo en “cuadro de Van Gogh. Plantea que los mestizos podían provenir de cuatro grupos: el hijo de madre indígena absorbido por el medio indígena; el hijo de madre indígena desarraigado que se incorporaba en tareas menores con españoles; el hijo de madre india con español, siendo aceptado por este; y el matrimonio canónico o no, en cuyo reconocimiento el mestizo era español. Aquí hay un desplazamiento de lo biológico hacia lo social y cultural. El mestizo no se definiría por su carga genética”, sino que por su socialización, decimos nosotros.
Lipchutz por su parte realiza una contribución nacional y latinoamericana al plantear que el problema que se está discutiendo en el mestizaje no es racial, sino social. En breve, es discriminación social, en donde la mezcla es usada como excusa para justificar la relación señorial que se implanta en America por la hueste española. La prole son los mestizos. La  aparición de ellos…hace surgir problemas de orden social. Estos problemas los denominamos hoy con el término discriminación racial. Señala Lipchutz, que la voz raza “no se refiere, de modo alguno, a diferencias físicas entra los diversos grupos pertenecientes a la misma especie humana u homo sapiens en la terminología de nuestro tiempo. Raza es al principio, una voz que sirve para discriminar” los grupos humanos según su condición social: los unos son “hijodalgos”y los otros son villanos; por eso mismo los unos son mas y los otros son menos” El conquistador conquista para explotar y eso hace., Y los indígenas son conquistados como fuerza de trabajo y por supuesto como súbditos y vasallos. Pero nos dice algo más. Que la sociedad colonial es una sociedad de clases como la sociedad de Aragón y Castilla. El español encuentra señorialismos también en America, No a todos los indios el español los tratará de modo igual. Y ello, entonces, provoca un tratamiento diferenciado según los linajes y parcialidades que el español encuentra en su conquista. Pero en primerísimo lugar operará la discriminación racial entre  blanco e indio. Dice, que quien viene a interrumpir este orden diádico es el mestizo. Dos o tres decenios después de consumada la conquista corresponderá al mestizo de los mas diversos matices, llenar las funciones sociales intermedias entre señor y peón. El mestizo es artesano, dependiente en los oficios de la urbe. Es así que a la escala de los colores raciales desde blanco a indio, corresponderá muy pronto toda una escala de funciones. Es lo que ha llamado ley del Espectro de los Colores Raciales que rige en toda organización económica y social de la Colonia. Y comienza la discriminación racial a contar del último cuarto del siglo XVI. A pesar del derecho indiano, la realidad social de la colonia será más fuerte. Y por ello se arma la campaña contra el mestizo. Y con esto Lipchutz deja planteado al mestizaje como un problema de clases sociales que se constituyen en la colonia, determinando la historia social de America latina. El espectro de colores está al servicio del colonialismo, diremos nosotros y con él, es que adquiere su fuerza y centralidad. Es lo que plantea en el Congreso de Antropología en México en la década del sesenta.
En este tiempo, esta en pleno apogeo las consecuencias culturales de la revolución mexicana y por tanto los efectos de su política cultural de indigenismo que había sido impulsada por Manuel Gamio y José Vasconcelos. Uno y otro, propondrán un mestizaje como impulso generador de la revolución en donde el indio se hace parte de una política desarrollista, Vasconcelos, visitando Brasil, ira mas lejos y hablará de una raza cósmica como expresión de un mestizaje que emerge como una nueva raza. A esa propuesta que desarrollará  y colocará en escena al indio y el indigenismo, revelará que el problema del indio que planteara Mariategui, estaba muy lejos de ser resuelto y que estaban muy lejos de haber sido asimilados, como lo habían deseado las oligarquías del siglo XIX, que apostaban por la civilización europea y la integración del indio o su desaparición forzada. Será Cornejo Polar quien dirá que en America latina, refiriéndose a la literatura, hay  que procesar la heterogeneidad y que ésta deberá adensarse para ser pensada históricamente en cada momento. Con ello, creemos, va mas allá de los conceptos de transculturación de Rama y que éste toma de Fernando Ortiz. Sin lugar a dudas estas referencias del campo literario, nos ayudan a entender nuestro concepto de mestizaje como expresión de esta heterogeneidad, que  por lo demás, será preocupación de Antonio Candido, en Brasil.
Pero sin lugar a dudas, las consecuencias vulgarizadoras de un indigenismo sin los indígenas, de la mano de una “Revolución Institucional” del PRI mexicano, no deja de tener efectos perversos. Y de tanto asociar mestizaje a la propuesta nacional desarrollista, el mestizaje termina siendo una palabra asociada a una ideología homogeneizadora. A este conjunto amalgamado de pre nociones, estereotipos se opone la antropología de las décadas del 70 y 80 y que en palabras de Bonfil, establecerá un antes y después para entender la real magnitud  de lo acontecido con la conquista y explotación de Amerindia primero y de America después. Dirá Bonfil, que es necesario  establecer la necesidad  de que la antropología desarrolle las vinculaciones de las etnias y comunidades con los marcos globales en los cuales se desenvuelve el capitalismo. Y con ello, se cruza en el camino de las prácticas intimistas de las “sociedades frías” o de  las comunidades “autenticas”. Señala que estas sociedades se imbricaron desde un inicio en las relaciones sociales de los impactos del capitalismo mundial y que esa perspectiva no debe abandonarse a la hora de establecer el análisis de las sociedades indígenas. Se estableció la “sujeción vicarial” como mecanismo de explotación de las comunidades indígenas. Y por tanto, desde sus inicios plantea el etnodesarrollo como propuesta política para enfrentar la liberación del colonialismo en los pueblos y sociedades indígenas. Señala que es imprescindible desarrollar una  teoría del control cultural, que según las condiciones, desarrolle una cultura de la innovación, de la apropiación y una de resistencia. Así será posible distinguir culturas apropiadas, enajenadas y autónomas en donde el elemento diferenciador lo proveerá el grado de control que se tenga sobre la cultura. Desde la autonomía, es posible construir la cultura de la pluralidad, un espacio donde se admitan y se valoren las diferencias. En situaciones de dominación colonial, es decir, cuando la relación entre grupos con culturas diferentes es una relación asimétrica, de dominación  subordinación, será posible distinguir, en la cultura del grupo subalterno, la presencia de elementos culturales que corresponden a cada uno de los ámbitos o categorías de cultura.
En el libro México  Profundo, una Civilización Negada, señala que la civilización mesoamericana  contiene y contenía las estrategias para romper con las contradicciones del modo de vida occidental al desarrollar un modo de vida en equilibrio ambiental y social. Señala que la alternativa de México está orientada al reconocimiento, valoración y estimulación del patrimonio cultural que la historia hereda a los mexicanos. De ésta manera,  plantea que el mestizo debe hacerse indio para dejar de estar dividido. En definitiva, es el conjunto multifacético, integrado y culturalmente superior del México profundo, demanda sustituir el México imaginario por un México sustantivo.
Pero Bonfil Batalla también incorpora una rica complejización y cuestionamiento al indigenismo que se ha denominado como “Indigenismo sin indígenas”, por provenir de la política estatal del PRI y de la Revolución Mexicana. De alguna manera ésta propuesta cuestiona radicalmente el mestizaje direccionado propuesto por el indigenismo estatal. Señala que la categoría de indio es una categoría supraétnica que no denota contenido específico de los grupos que abarca, sino una particular relación entre ellos y otros sectores del sistema global del cual  los indios forman parte. La categoría de indio denota condición de colonizado y hace referencia necesaria a la relación colonial
 Digamos que esta ultima parte de la definición la podemos usar íntegramente para la categoría de mestizo en el Biobío Maulino. Diciendo que el mestizo del Biobío o “Biobense”, denota la condición de colonizado y hace referencia necesaria a la relación colonial. ¿Desde que fecha? ¿Es probable que el desprecio colonial al mestizo surgiera mucho antes que el desprecio al indio? Porque al mapuche no se le desprecia, se le teme. Es mas, si extremamos este argumento, todas las clases subalternas se definen por su relación colonial, es decir por su relación con la estructura estatal monárquica en la colonia y estructura estatal republicana, populista, desarrollista y neoliberal. La identidad para nombrar, surge así de una relación política que se fundamenta en la discriminación social…de clases. Entendida, claro está, a la manera Thompsoniana. (articulo completo, próximamente en Carpeta El mestizaje en Chile…la otra historia)


[1] Recordemos  que Gonzalo Guerrero es aquel español que es hecho prisionero en las primeras excursiones de los españoles en tierras mayas y que después es asimilado como miembro de uno de esos pueblos. Al ser convocado por  los expedicionarios de Cortez para retornar al lado español, Guerrero responde: yo me quedo y añade… mire mis hijos si son tan bonicos…
Alejandro Diaz

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