ojo con bolivia

Me parece que este articulo marca rumbos para nuestras discusiones…estemos atentos las inteligencias de este pais…que son pocas

Por Raúl Sohr

OJO CON EL MUNDO

El paradigma boliviano

Las pugnas bolivianas deben interesar a toda América Latina. Está en juego un proyecto de reformas que se estrella con estructuras sociales excluyentes, parapetadas tras una Constitución que entraba los cambios.

«Quieren desgastar al indio», proclamó el Presidente Evo Morales en respuesta a las movilizaciones opositoras efectuadas en su contra. Es una frase muy decidora. Sin duda, sus adversarios, que son variados, buscan neutralizarlo. Ante eso, la reivindicación de su condición indígena también es significativa. El Mandatario cuenta con un amplio apoyo entre sus pares, los aymaras altiplánicos. Más aún, parte del rechazo de bolivianos no indígenas proviene de lo que consideran una excesiva reivindicación de la condición indígena.

El Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) cometió un error de cálculo al promover una Asamblea Constituyente, electa en julio de 2006, que sólo podía aprobar las reformas constitucionales con dos tercios de los votos. Dicho sea de paso, ése fue el quórum impuesto en el Chile dictatorial, y que sigue vigente, para impedir cambios de la Constitución de 1980. El MAS, pese a tener una mayoría en la asamblea, no pudo sacar adelante las enmiendas. Así, han quedado empantanadas las esperanzas de imponer un nuevo modelo económico que apuntaba, ante todo, a la inclusión de los indígenas, que constituyen más de 60% de la población. Mejorar sus condiciones económicas y sociales equivale a atacar una pobreza que afecta a 64% de los habitantes del país. Uno de los rasgos amargos de la situación es que contribuye con más de 10% del Producto Interno Bruto: esto es, a través de las remesas de 2,3 millones de bolivianos que residen en el exterior y despachan más de mil millones de dólares anuales a sus familiares.

La paradoja para los bolivianos es que la actual confrontación política ocurre en un momento en que el país vive una bonanza económica sin precedentes. Los ingresos del petróleo, el gas, la minería, la agricultura y en especial por la soya, que tiene precios récord, han dejado excedentes en las arcas fiscales. La manzana de la discordia es por el impuesto directo a los hidrocarburos (IDH). Las seis regiones de la llamada medialuna (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba) protagonizaron el pasado miércoles lo que llamaron un paro cívico. Las tres reivindicaciones de los medialuneros son la unidad departamental, léase una alianza frente al altiplano, la autonomía y una buena participación en los recursos provenientes del IDH. A lo último se ha sumado la lucha de Sucre por la capitalidad. La antigua sede del Gobierno quiere recuperar su estatus y no sólo albergar a la Corte Suprema. Los violentos enfrentamientos de esta semana superaron las previsiones más pesimistas.

Pese a la gravedad de las fricciones, Morales mantiene un alto nivel de popularidad frente a una oposición dispersa. Pero también está a la vista que el formidable capital político, plasmado con 53% de los votos en su elección diciembre de 2005, comienza a diluirse ante el relativo inmovilismo. Ante esta situación, el Gobierno resolvió romper el bloqueo opositor aprobando «en grueso» las reformas constitucionales con el apoyo de sus asambleístas. La oposición reclama que eso carece de toda validez, ante lo cual el Presidente anunció que el pueblo boliviano tendrá la última palabra en un referéndum cuya fecha aún no ha sido anunciada. Sus opositores replicaron que impulsarán, a su vez, un referéndum revocatorio de modo de sacar al Mandatario del sillón presidencial.

Las pugnas bolivianas deben interesar a toda América Latina. Allí está en juego un proyecto de reformas que se estrella con estructuras sociales excluyentes, parapetadas detrás de una Constitución que entraba los cambios. Ésta es una situación que ocurre en varios países de la región. Cómo los bolivianos resuelvan sus diferencias gravitará en el futuro democrático del hemisferio.

Alejandro Diaz

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